Patrimonio 


Artistas atormentados (V): Franz Xaver Messerschmidt

El último artista del que vamos a hablar en esta serie no es tan conocido como los que hemos visto hasta ahora (Cellini, Caravaggio, Borromini…), pero se puede decir, sin lugar a dudas, que es una de las figuras más inquietantes y a la vez fascinantes del arte occidental. Se trata del escultor alemán Franz Xaver Messerschmidt (1736-1783). Aunque no es un escultor al uso, su obra evolucionó de acuerdo con el rumbo general del arte europeo, desde el estilo barroco hasta el neoclasicismo más puro. Será al final de su vida cuando su obra sea verdaderamente singular.

“Un hipocondríaco”, h. 1775-1780.

Nació al sur de Alemania y se formó en Munich y en Viena, en cuya corte imperial trabajó en 1760. Cinco años más tarde estuvo viajando por varias ciudades de Europa como Roma, París y Londres. En 1769 volvió a Viena, donde consiguió un puesto de profesor en la Academia. No obstante, pronto cayó enfermo y su carrera académica se interrumpió, hasta tal punto que el primer ministro vienés se negó a otorgarle la cátedra de escultura, alegando que “jamás podría aconsejar a Su Majestad que nombrara como maestro de jóvenes académicos a un hombre del que tal vez se mofasen en todo momento por haber tenido la mente perturbada alguna vez, que aún no está sana del todo […], que todavía tiene extrañas ideas en la cabeza y que, por tanto, no puede estar nunca completamente tranquilo”. Ofendido por el trato recibido, Messerschmidt se marchó a Bratislava, lugar al que iba precedido por su fama como escultor imperial de Viena.

Instalado en la capital eslovaca es cuando comenzó a tallar su serie de bustos de carácter. Allí, Messerschmidt fue visitado por Friedrich Nicolai, insigne escritor de la Ilustración alemana que pronto trabó relación con el escultor. Nicolai dejó constancia documental del modo de vida de Messerschmidt en Bratislava mientras trabajaba en sus bustos: el escultor vivía sólo para su arte, siendo un ignorante en todos los demás aspectos de la vida. Le describe como un hombre apasionado y solitario que no gustaba de las posesiones materiales. Gracias a Nicolai, también ha quedado perfectamente retratada la perturbada mente del escultor, el cual se sentía constantemente asediado por espíritus. A continuación, parafraseamos un extracto del estudio de R. y M. Wittkower, donde este aspecto queda explicado a la perfección.

“Su peor atormentador era el espíritu de la proporción. Messerschmidt ideó una teoría complicadísima sobre las proporciones humanas […]. El espíritu de la proporción, envidioso de los descubrimientos asombrosos de Messerschmidt, infligía dolores en varias partes de su cuerpo y el escultor, conocedor de las relaciones misteriosas entre ciertas partes del cuerpo y varias partes de la cara, tenía que pellizcarse aquí y allá para romper el influjo que el espíritu tenía sobre él. Satisfecho de este sistema de dominar al espíritu celoso, resolvió realizar estudios acerca de las proporciones de las muecas para beneficio de la posteridad. Según él, había sesenta y cuatro variedades de muecas”.

“Busto de carácter: nariz aguileña”, 1770.

Todas estas ideas las expresa en sus llamados “bustos de carácter”, de los cuales el propio artista no estaba muy dispuesto a hablar porque los consideraba una creación muy íntima, en estrecha relación con el espíritu de las proporciones que tanto lo atormentaba. Dichos bustos comenzó a realizarlos a comienzos de la década de 1770 hasta la fecha de su muerte, momento en el que se encontraron en su taller 69 bustos, de los que hoy en día se conservan 49. La mayoría de estas obras están realizadas en plomo, aunque también hay algunos en piedra y menos en madera. A través de estas obras, varios psicólogos y neurólogos intentaron trazar la personalidad de Messerschmidt, afirmando en la mayoría de los casos que se trata de “una psicosis en la que dominan tendencias paranoicas y que encaja en el cuadro general de la esquizofrenia”.

Sin embargo, no todos los investigadores están de acuerdo con este diagnóstico. Si bien en los últimos años de su vida Messerschmidt realizó casi 70 bustos de carácter, compaginó esta actividad íntima con los encargos oficiales que continuaba recibiendo, en los cuales no se ve ningún indicio de su supuesta locura. Además, el hecho de que se sintiese atormentado por espíritus no era tan extraño, ya que la atracción por los conocimientos esotéricos puede rastrearse desde antiguo.

Por tanto, no puede concluirse definitivamente si Messerschmidt estaba loco o no, pero lo que sí puede afirmarse tras la contemplación de sus últimas obras es que nos hallamos ante un escultor sumamente singular con un imaginario propio que injustamente ha pasado, y sigue pasando, desapercibido.

“Hombre que bosteza”, h. 1771-1781.

Vía| WITTKOWER, Rudolf y Margot, Nacidos bajo el signo de Saturno, Cátedra, Madrid, 1982.

Más información| El País

Imagen| Un hipocondríaco, Busto de carácter: Nariz aguileña, Hombre que bosteza

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