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Arthur Conan Doyle: el escritor que hacía espiritismo

En 1921, Arthur Conan Doyle (22 de mayo 1859-7 de julio de 1930) emprende con su familia una larga travesía en barco que ha de llevarles a Australia. Allí, el ya célebre Caballero del Imperio Británico se dispone a dar una serie de charlas, para lo que ha sido invitado. «The lectures would be numerous, controversies severe, the weather at its hottest, and my own age over sixty», dice en su testimonio escrito a modo de diario, ‘The Wanderings of a Spiritualist’. Había pasado días inolvidables junto a las tropas australianas en el fragor de la Gran Guerra, y se sentía muy cercano de corazón a ellos: si sus palabras podían dar consuelo a tantos corazones rotos y almas consternadas ¿a quién mejor dirigirlas sino a aquellos que lucharon tan espléndidamente y sufrieron tantas pérdidas en aquella Causa Común? Ya llevaba Sir Arthur algunos años dando charlas frecuentes sobre espiritismo, y defendiendo sus argumentos en (o contra) la prensa (“¿Se ha vuelto loco Sherlock Holmes?”, llegó a rezar algún titular).

Foto tomada de la página de facebook de Arthur Conan Doyle (24-agosto-2013)El sufrimiento y los millones de muertos de la I Guerra Mundial, los avances en las ciencias, la electricidad y el cambio de siglo habían producido un resurgimiento de lo paranormal (ya en el siglo XVIII fue muy popular el mesmerismo, o la curación del prójimo por el “magnetismo animal”), y en Sir Arthur Conan Doyle encontramos uno de sus más acérrimos defensores. Muchos consideran la muerte de su hijo Alleyne Kingsley durante la Gran Contienda como el desencadenante de esta fuerte creencia en Sir Arthur. Sin embargo, ya en 1886 había manifestado su interés en el espiritismo, a raíz de la lectura de un libro de John Worth Edmonds (1816-1874), uno de los primeros y más influyentes espiritistas americanos, que aseguraba haberse comunicado con su mujer tras la muerte de ésta. Y en 1893, Conan Doyle se inscribió en la British Society for Psychical Research, una sociedad creada en Cambridge el año anterior con la finalidad de investigar científicamente las propuestas del espiritismo y otros fenómenos paranormales.

En sus ‘Wanderings…’, Sir Arthur recuerda cómo una noche, paseando con su mujer por los parajes de Merthyr, en Gales, ambos escucharon el susurro de las voces de los muertos, “voces llenas de auténtica vida que desesperadamente trataban de penetrar la obtusa barrera de nuestros sentidos”…

Firmemente convencido de la existencia de la telepatía, Doyle da su primera charla “oficial” al respecto en 1917. En la cima de su fama gracias a las historias de Sherlock Holmes, Conan Doyle decide abandonar la literatura de ficción y dedicarse de lleno al estudio de los fenómenos paranormales. En el apasionado y generoso carácter escocés de Sir Arthur hay una imperiosa necesidad de comunicar este conocimiento. ‘I had already done the litle I might…‘ Doyle estaba convencido de que la inteligencia podía existir fuera del cuerpo, y que los muertos podían comunicarse con los vivos. Médico como era, era crítico con la ciencia: «Siempre he mantenido que la gente insiste demasiado en la necesidad de pruebas directas ¿qué pruebas directas tenemos de los grandes hechos de la Ciencia?»

Sir Arthur llegó a ser gran amigo del gran Houdini, y estaba convencido de que éste tenía de verdad “superpoderes”. Sin embargo, Houdini era, al contrario, un gran detractor del espiritismo. Y, tras una sesión en la que la propia Lady Doyle (la segunda esposa de Sir Arthur) se ofreció como médium para hablar con la fallecida madre del escapista, Houdini lo delató como un fraude, con lo que rompieron definitivamente su amistad.

El domingo 13 de julio de 1930 se celebra en el Albert Hall de Londres una gran despedida (‘La silla vacía de Conan Doyle’, escribía el Daily Herald). Era una sesión organizada por Frank Hawken, secretario de la Asociación Espiritista de Marylebone. La Señora Conan Doyle, que asistiría con otros familiares, dijo que lo consideraba la última manifestación pública a la que asistiría con su marido. En el escenario se colocaría una silla vacía para simbolizar la presencia de Sir Arthur, y ella se sentaría a su izquierda, como venía haciendo durante tantos años. Al final de la ceremonia, Sir Arthur ha comparecido entre ellos, se notifica…

Sir Arthur siguió apareciendo durante algunos años en sesiones celebradas por todo el mundo. Su familia, sin embargo, sólo autentificó la manifestación en una de las reuniones privadas de Mrs. Osborne Leonard, en 1937, donde Doyle avisó de “los cambios extraordinarios” que estaban a punto de producirse en Inglaterra.

 

Más información|Doyle, Arthur Conan, Sir; “The Wanderings of a Spiritualist (London, 1921), Barnes, Julian; “Arthur & George” (2005)

Imagen| Arthur Conan Doyle

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