Historia 


Arterías fluviales como vías de comunicación en la Hispania Romana

El estado desarrollado por Roma era extenso y complejo, lo cual conllevaba el establecimiento de un complejo entramado de vías de comunicación que sirviesen de redes comerciales y de abastecimiento. En este sentido, tuvieron un papel fundamental los ríos, que actuaron de apoyo para el comercio, haciéndolo más ágil, barato, de menor duración, más seguro, rápido y cómodo. Los ríos también tuvieron un papel determinante en el desarrollo de la administración provincial.

En primer lugar, el Ebro era y es una vía natural de comunicación entre el interior de la Meseta Norte y la costa levantina septentrional. La depresión del Ebro fue el recorrido favorito para las calzadas romanas, los principales caminos estuvieron relacionados con las vías navegables, agilizando los transportes y como puente entre zonas de producción alejadas de las vías principales. Existieron varias vías terrestres que atravesaban el Ebro: una de ellas atravesaba la Península desde Barcino a las costas gallegas, otra era la Vía Augusta, desde Gades a Baetulo y otra de Pompaelus a Calagurris y Caesaragusta. Por tanto, el Ebro fue un factor importante de organización territorial y económica. Desde el punto de vista económico, sabemos que se producían importaciones de vino, aceite, cerámica y salazones de Itálica y se exportarían productos locales. Las fuentes literarias indican el gran caudal del Ebro y la riqueza comercial, la existencia de puentes, presas o instalaciones portuarias en Dertosa o Caesaragusta.

Recreación del puerto romano de Tarraco

Recreación del puerto romano de Tarraco

Para los ríos de la costa nororiental, las fuentes clásicas informan sobre los siguientes cursos fluviales de la Península Ibérica en la Antigüedad, principalmente para la costa catalana: el río Muga, el río Fluviá, el río Besos identificado como el Baetulo, el río Llobregat o Rubricatum y el río Francolí, que sería el Tulcis. Desde la perspectiva económica, en esta área existió una fuerte relación entre asentamientos y cursos fluviales, los cuales favorecían la ocupación del territorio, eran fuentes de agua, vías de comunicación y transporte, para el control del territorio y la penetración económica y política al interior, así como para el establecimiento de centros agrícolas romanos. Esta zona estaba fuertemente romanizada y fue foco, a su vez, de romanización, siendo los cursos fluviales focos de atracción del poblamiento.

En cuanto a los ríos de la región levantina, Estrabón menciona el Júcar (Sucron), Pomponio Mela el Sorobi, Turia y Sucro y Avieno se refiere al Tyris, Sicanus y Alebus. Sabemos que eran ríos estacionales y torrenciales, incapacitados para la navegación. Pero sí eran útiles como fondeaderos para la navegación costera, principalmente en Roquer, Oropesa, Nules o Burriana, o para el desarrollo de una importante actividad productiva en torno a los alfares o salazones. En Levante, existió una gran vinculación entre hornos cerámicos y corrientes de agua. Para el comercio, se produciría una combinación entre los medios terrestres y fluviales para las penetraciones orientales en Murcia en los siglos V-III a. C. En cuanto al poblamiento, destaca la vinculación entre ciudades y cursos fluviales, sobre todo en Valencia. Allí los principales núcleos urbanos se sitúan junto al cauce del río o la expansión de las villae por los cursos y valles de los ríos levantinos.

Para la costa mediterránea andaluza, Cayo Plinio menciona el Barbesula y Maenuba, Avieno el río Vélez. Los ríos son de cuencas pequeñas o medias, cortos y de fuerte pendiente, lo que limita la navegación. Tienen un carácter torrencial y estacional. Actúan como fondeaderos para barcos de cabotaje en Baria y Abdera. Los ríos que permiten una navegación estable, como el Vélez, Guadalhorce y Almanzora, establecen una conexión entre el litoral y las tierras interiores. Destaca la producción de ánforas y salazones en Sexi y Abdera, las industrias de construcción naval en Málaga o Almería o las instalaciones alfareras en el interior relacionadas con cursos acuáticos. En cuanto al poblamiento, relación entre núcleos urbanos y ríos, agentes de comunicación. Gran importancia de los cursos fluviales de esta área como abastecedores de agua a instalaciones fundiarias.

Para los ríos del Estrecho de Gibraltar, Estrabón menciona el Baelo y Avieno los ríos Baesilus y Cilbus. Son ríos navegables en sus tramos inferiores pegados a la costa. Su utilidad económica se basa en la relación con los puertos, saladeros, astilleros y para la producción de ánforas. Chic relaciona los ríos con las vías de comunicación para exportaciones agrícolas. Y como hemos visto anteriormente, elemento de atracción para los núcleos urbanos romanos, de apoyo a la extracción de agua, a las industrias locales, vía de penetración al interior, fondeadero, con las instalaciones fundiarias y explotaciones en las villae.

Puente romano de Córdoba sobre el Guadalquivir

Puente romano de Córdoba sobre el Guadalquivir

Estrabón describe la zona de la bahía de Cádiz, indica el papel de estos cursos fluviales, los vincula con asentamientos humanos, como vías navegables de comunicación, construcción naval y en relación con los hornos cerámicos y las salazones. Entre los principales ríos, el Guadalete es más navegable que el Iro. Por su parte, el eje Guadalquivir-Genil es la más compleja arteria de circulación acuática de la Hispania Romana. Para el estado romano será vital el comercio por el Guadalquivir, que permitirá movilizar los productos de la Bética. Las intervenciones administrativas sobre los ríos, excepcionales en Hispania, serán más frecuentes en esta zona con el objetivo de mejorar la navegación y su gestión. El río sirve como canalizador económico y como fértil valle, siendo el eje de la Baetica, y elemento definidor del espacio bético en la Antigüedad. Contaba con portus, puntos de embarque y desembarque que canalizaban las actividades comerciales del río y como controles fiscales del tráfico comercial.

Los ríos de la vertiente atlántica destacan por su escasa pendiente, longitud, elevado caudal y son navegables. Entre ellos, el Tinto y el Odiel son nombrados por Estrabón e identificados con el Iber. Plinio los identifica con los ríos Luxia y Urium. El río Anas o los ríos Mondego-Vouga son citados por Estrabon, Mela y Plinio. El río Sado es nombrado por Ptolomeo y Estrabon y los ríos Tajo y Duero. Estrabon destaca el carácter aurífero de los ríos lusitanos. Sirvieron como vías de interacción entre las regiones costeras atlánticas y el litoral, sus desembocaduras para el fondeo de barcos, como apoyo a actividades productivas de tipo extractivo. Son vías de penetración por las que Roma se aseguró el control y la pacificación del territorio y puente territorial entre Italia y el norte de la Galia. El río Anas enlaza ciudades administrativas importantes, como Emerita Augusta y Pax Augusta, abastecidas por el río. Y tuvo gran importancia comercial para la minería y ganadería, trigo, cueros, miel, sal, pescado y hornos anfóricos romanos. El río Sado fue muy importante para la penetración militar romana. También sobresale la producción anfórica y las salazones. El río Mondego tuvo como papel principal el de apoyo en su desembocadura a las rutas atlánticas de las naves comerciales del Imperio. Del río Duero destaca su función militar de penetración al interior y de abastecimiento a los campamentos romanos. También sobresale la producción cerámica. La principal función de los ríos del Atlántico es la difusión de la romanización. Los ríos funcionan como ejes articuladores del poblamiento y definidores del territorio, uniendo y separando regiones como frontera natural. Sobre todo, el Tajo y el Guadiana, así como una gran importancia en la difusión del cristianismo en época Bajo Imperial.

Por último, los ríos de la cornisa cantábrica establecen un cambio en la interacción de Roma y sus regiones. Habrá un mayor peso de los elementos alóctonos, serán un vehículo para la penetración romana y para la comunicación entre nativos. Funcionarán como apoyo a los barcos de cabotaje, como fondeaderos, puntos de anclada, de aguada, descansaderos y puertos. Destacan el Miño (navegable, gran vía de comunicación y puerto marítimo), el Marcia, el Laeros, Ulla, los ríos Sars y Tamaris y Navia y Sauga, los ríos Florius,  Nelo y Nerva. Un conjunto de ríos cortos y con mucha pendiente. Estos ríos, como base y plataforma, permitieron el control del Atlántico Norte y de territorios europeos recién asimilados.

A modo de conclusión, podemos afirmar que los ríos peninsulares en época romana fueron vías de interacción entre la costa y el mar, actuaron como fondeaderos, puertos y puntos de aguada, como focos de penetración en la franja litoral, para la organización del territorio, emplazamiento de núcleos urbanos y desarrollo de la administración romana. Fueron claves para la actividad comercial y ejes definitorios del poblamiento, para el desarrollo de la minería y para el establecimiento y desarrollo de las villae.

Vía|PARODI ÁLVAREZ, M.J., Ríos y lagunas de Hispania como vías de comunicación. La navegación interior en la Hispania romana, Écija.

Imagen|Puerto Tarraco, Puente Romano

En QAH|Las vías de comunicación en la Hispania Romana: fuentes

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