Patrimonio 


El Arte al servicio de la literatura: Las muy ricas horas del Duque de Berry

La miniatura medieval es sin duda uno de los legados más preciosos que nos dejó el Gótico. Los scriptorum, lugares para escribir dentro de los monasterios, llenaban sus espacios de encargos por parte de las familias adineradas que querían adquirir un manuscrito. Muchos de estos llegaban a los estudiantes que precisaban de estos libros para sus estudios, pero más allá de lo práctico que pueda resultar un libro siempre llegará la ostentación. En esa ostentación por parte de las familias reales y no tan reales pero sí ricas, nacen los manuscritos más preciosos que pudieron llegar a realizarse. Seguro que muchos ya estaréis pensando en Las Cantigas de Santa María, encargo del rey Alfonso X el Sabio, ya que es sin duda el incunable más conocido de nuestro país, pero no el único, ya que Francia y España fueron países muy prolíficos de estos objetos de lujo. También podemos encontrar el El Salterio de la Reina Ingeburge, el Salterio de Blanca de Castilla o la Biblia de San Luis Rey de Francia que éste regaló a Alfonso X y se conserva en Toledo. Pero hay una obra que sobrepasa con creces el lujo de todos los anteriores: Las muy ricas horas del Duque de Berry.

Los libros de horas eran un tipo de manuscrito muy habitual en la Edad Media que contenía rezos, salmos y oraciones divididas según las horas litúrgicas cristianas aunque con el paso del tiempo también se convirtieron en calendarios tanto religiosos como seculares. Estaban destinados a aquellas personas de familia noble que querían incorporar a su vida cotidiana actividades propias de los monasterios. En este contexto, el Duque de Berry (Francia, 1340-1416) encargó en 1413 a los mejores miniaturistas de la época, los hermanos Pol, Herman y Jean Limbourg (Nimega, Países Bajos), la joya más preciada de su biblioteca, que no sería otra que su libro de horas. Los hermanos Limbourg trabajaron en ella hasta 1416 cuando desaparecen, seguramente a causa de la peste, y toma el relevo el francés Jean Colombe quien finalizó la obra en 1482 por encargo del duque Carlos I de Saboya, puesto que el Duque de Berry, Jean de Francia, también murió a causa de la peste el mismo año. Contiene 130 miniaturas y más del 3000 iniciales doradas entre las que destacan las obras dedicadas a los calendarios, que reflejan los entretenimiento de las clases aristocráticas, las fatigas de los campesinos, la belleza del paisaje rural con la presencia de los castillos medievales, los ropajes de los nobles frente a la de los campesinos, etc. Por ejemplo, en la representación del mes de enero que es la que aparece en la imagen y la primera de las miniaturas del libro de horas, aparece el Duque de Berry ofreciendo un gran banquete y regalos a sus allegados y amigos entre los que aparecen los tres hermanos Limbourg. El Duque aparece sentado en el medio de la mesa preparada para el banquete mientras le hace un regalo al prelado que tiene la capa de color púrpura como símbolo de su rango. Muy cerca del chambelán, con un bonete plegado, aparece Pol Limbourg.

Pero sin duda alguna la imagen más curiosa es la del Homo Signorum u Hombre astral o zodiacal, una representación frecuente en los almanaques del S. XV, pero muy raro en un libro de horas por su temática profana y que sí podemos encontrar en manuscritos médicos ya que indicaba, por ejemplo, la conveniencia o no de realizar una sangría según las fases de la luna. También se pensaba que los astros y los signos zodiacales influían en el bienestar de las personas lo que hizo que muchas personas fueran aficionadas a estos temas y la adivinación dentro de la corte de Carlos V. Las dos figuras representadas espalda contra espalda, llaman la atención por su carácter andrógeno, aunque parece ser que la que está de frente representa a la mujer y la que está de espaldas al hombre. Sobre la figura los signos zodiacales pintados en los órganos donde influyen y en la almendra que la rodea, otra vez los signos representados con las horas y los planetas que permitían medir los “humores” de la persona ya que se creía que esos humores (colérico, sanguíneo, flemático y melancólico) influían en el estado de salud y a partir de las mediciones y del planeta que predominase se construían amuletos y “medicinas” para ayudar a la persona enferma o no tan enferma pero que requería de alguna ayuda. Como vemos a pesar del cambio impuesto por la fe cristiana, el pueblo siguió propagando la superstición y la astrología que iba de la mano con la medicina de la época.

Otras de las miniaturas nunca estuvieron previstas, como el tema del Paraíso, Adán y Eva, ya que no era un tema que se incluyera en los libros de horas. Constituye una hoja creada y añadida a posteriori y que refleja hasta que punto pretendía el Duque de Berry que su obra fuese única. La totalidad de la imagen la constituyen los momentos más importantes del relato: la aceptación del fruto por parte de Eva, el ofrecimiento a Adán, la aparción de Dios y su expulsión del Paraíso. La expulsión la lleva a cabo un ángel que está pintado de color rojo intenso que llama mucho la atención y que contrasta de un modo muy fuerte visualmente con el manto azul de Dios. Otro elemento que causa gran impresión es la fuente que se encuentra en el centro, del mismo estilo que la puerta por la que sealen Eva y Adán del Paraíso, y que divide a la mitad las cuatro imágenes. Se trata de una fuente de claro estilo flamígero que se podía ver en las catedrales e iglesias del Flandes de la época y que claramente influyeron a los hermanos Limbourg. Fuera del planteamiento inicial también estuvo la miniatura del Infierno, tema que sin embargo era bastante frecuente y popular en la Francia del S. XV. Sin duda es una representación en la que destaca la imaginación de sus autores si bien el uso de las llamas y el fuego en la iconografía del Infierno ya se llevaba usando durante varios siglos. En el centro de la imagen aparece un Leviatán demoníaco que descansa sobre una parrilla en llamas que son alimentadas por las almas de los condenados. A los lados los demonios avivan el fuego con fuelles mientras que otros torturan otras almas entre las que aparece representada la de un clérigo, crítica muy habitual de la época. El Leviatán a su vez expulsa alma por su boca, algo que seguramente esté inspirado en el libro de Job “Sus estornudos son llamaradas, sus ojos son somo los párpados de la aurora; de su boca salen las llamas, se escapan centellas de fuego; sale de sus narices humo, como de olla al fuego hirviente; su aliento enciende los carbones, saltan llamas de su boca” (Job 41, 9-13). Así, los condenados se elevan por el centro de la figura rodeados de humo que los enmarca y destaca a los ojos del lector. Las montañas que aparecen detrás del monstruo sirven como calderas que contienen más almas y el cielo aparece oscurecido a causa de las llamas y el humo que no dejan paso a la luz.

Vía| VV.AA. Las muy ricas horas del Duque de Berry [archivo PDF]. Barcelona, M. Molinero. Recuperado de http://docs.moleiro.com/Muy_Ricas_Horas_Berry.pdf

Más información| ESTEBAN LORENTE, JUAN F. Tratado de iconografía. Madrid, ISTMO. Recuperado de https://books.google.es/books?id=nCNezra3dnUC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

Imagen| Mes de marzoMes de eneroHombre anatómico o astral, Paraíso terrenal,El infierno.

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