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Art Déco, moda y publicidad: las portadas para Vogue de Eduardo García Benito

Cuando hablamos de Art Déco no nos referimos a un estilo artístico propiamente dicho, sino más bien al gusto de una época. Un gusto que hizo que en las décadas de 1920 y 1930 todas las artes, desde el cine hasta la pintura pasando por la moda y el diseño industrial, se influenciaran mutuamente creando uno de los movimientos más elegantes y sugerentes de la centuria pasada.

Ilustración art déco de Erté.

Ilustración art déco de Erté.

A finales del siglo XIX, cuando Toulouse-Lautrec elevó el cartelismo a la categoría de arte, el diseño gráfico y la ilustración se convirtieron en el medio predilecto de una creciente publicidad.  Es a partir de ahora cuando el diseño gráfico se convierte en un medio de experimentación para las nuevas tendencias artísticas, de entre las cuales el art déco tendrá un papel especialmente relevante.

Dentro de este auge del diseño gráfico como instrumento de comunicación publicitaria, tendrá especial importancia el desarrollo de la revista de moda. La aparición de la primera revista de moda en Estados Unidos, la Harper’s Bazaar en 1867, se convirtió en el inicio de una serie de revistas que tendrían su mayor impulso al comenzar el siglo XX, con nombres tan conocidos ya por nosotros como Vogue o Vanity Fair. La revista se convertirá en el mejor instrumento de unión de arte y moda, pues fueron muchos los artistas de gran calidad que se encargaron de ilustrar sus portadas, entre ellos el caso que nos ocupa, Eduardo García Benito.

Portada de la revista Vogue de julio de 1926, Eduardo García Benito.

Portada de la revista Vogue de julio de 1926, Eduardo García Benito.

Las ilustraciones de moda vivieron en los años 20 un enorme auge en el ámbito parisino gracias al aumento de la publicidad. Los álbumes con diseños de vestuario del célebre diseñador francés Paul Poiret alcanzaron tal éxito que muy pronto otros artistas adscritos a la estética del art déco se decidieron por la ilustración de moda. A los nombres de las importantes revistas de moda del momento (la Gazette du Bon Ton, Luxe de París, Art Goût Beaute, Jardin des Modes, Vogue), se unen nombres de ilustradores que llevaron al art déco a su punto de mayor exquisitez con sus ilustraciones de moda: Cassandre, Erté , Boutet, Lepape, Iribe, Marty, Brisaud y, en el caso español, artistas como Eduardo García Benito, Rafael de Penagos y José Loygorri. Las portadas que éste último realizó para la revista española Blanco y Negro son, sin duda, comparables a la mejor de la obra de García Benito.

Nos encontramos en un momento en que el arte y la moda van de la mano. Así, el art déco pronto se ligó a nombres de diseñadores tan prestigiosos como Coco Chanel, Poiret, Vionnet o Lanvin. La intrusión de la moda en el mundo artístico de  las primeras décadas del siglo XX llegó a tal punto que incluso se puede hablar de una moda “art déco”.

Pero si hay alguien que refleje a la perfección esa fusión entre moda y art déco es el español Eduardo García Benito. El artista que nos ocupa nace en Valladolid el 18 de marzo de 1891, y es en dicha ciudad donde a la edad de 16 años se inicia como artista en la Escuela de Bellas Artes y Oficios, formándose en la copia de modelos de escayola y del natural y trabajando como grabador litógrafo.  En 1910 se traslada a Madrid para continuar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, estancia durante la cual se formó en la reproducción de cuadros de El Greco y Goya en el Museo del Prado . En 1912 viaja a París pensionado por el Ayuntamiento de Valladolid para continuar sus estudios, llegando a ser nombrado miembro de la “Societé National des Beaux-Arts”.

Izquierda: Portada de Vogue de abril de 1927, Eduardo García Benito. Derecha: Busto de mujer, Constantin Brancusi.

Izquierda: Portada de la revista Vogue de abril de 1927, Eduardo García Benito. Derecha: Busto de mujer, Constantin Brancusi.

La  estancia en París será fundamental para su evolución estilística. Allí entabla amistad con algunos de los artistas españoles que por aquellos entonces dominaban la vanguardia europea, especialmente adheridos al movimiento cubista: Pablo Picasso, Juan Gris, Pablo Gargallo y Julio González. Posteriormente, entablaría una fuerte amistad con Amadeo Modigliani.

A partir de 1918 comienza a exponer su obra con frecuencia en los Salones Oficiales de París, y a partir de 1920 inicia su prolífica carrera como ilustrador de importantes revistas como en las parisinas la Gazette du Bon Ton y Femina, o en las neoyorkinas Vanity Fair y Vogue.   Desde 1923 alterna su carrera entre París  y Nueva York,  y su importante faceta como ilustrador de publicaciones perdurará hasta aproximadamente 1950.

Portada de Vogue de julio de 1926, Eduardo García Benito.

Portada de Vogue de julio de 1926, Eduardo García Benito.

El art déco de García Benito se caracteriza, sobre todo, por una fuerte estilización. Si bien en un primer momento dicha estilización se ve inspirada lejanamente por los contornos curvilíneos del inglés Beardsley, no es este estilo de art déco el que veremos en las portadas para Vogue. Nos vamos a encontrar, en las ilustraciones para dicha revista, un art déco puntiagudo influido por movimientos como el cubismo, el futurismo o el neoplasticismo holandés.

Veremos como en la obra de García Benito para Vogue proliferan unos rostros femeninos alargados con los rasgos faciales levemente definidos, entre los que destacan unos ojos almendrados. La influencia para tales rostros es claramente reconocible: Modigliani y Brancusi. Igualmente, podemos rastrear influencias de la obra de otros artistas que, como bien hemos mencionado más arriba, Benito conocía de primera mano, como es el caso de Pablo Gargallo. Sin embargo, a partir de 1930 pasará de esos rostros en primer plano a siluetas de cuerpo entero, aunque igual de estilizadas.  Toda esta estética que vemos en sus portadas para Vogue será aplicable, asimismo, a las que también haga para la revista Vanity Fair.

Portada de Vanity Fair de marzo de 1927, Eduardo García Benito.

Portada de Vanity Fair de marzo de 1927, Eduardo García Benito.

Para finalizar nuestro artículo nos serviremos de las palabras del propio Eduardo García Benito, extraída de sus escritos para El Norte de Castilla entre los años 50 y 60:

“Durante veinticinco años, he contribuido a esas revistas, y he tenido que vivir, viajando en los grandes trasatlánticos, entre París y Nueva York: Mis dibujos durante ese tiempo, han aparecido regularmente en los escaparates de los grandes almacenes de novedades, ese maniquí andrógino, de la mujer de entre las dos guerras, cuya silueta yo había creado, y que me hacían creer, al pasearse por la Quinta Avenida o los Grandes Bulevares y ver esos escaparates, que me estaba paseando entre mis obras en mi estudio”.

 

 

Vía| DE SOBREGRAU, R. C., “Art Deco. Una panorámica de los años veinte contemplados desde París”, Álbum Letras-Artes, Nº 15, 1985; ORTEGA-COCA, T., “Eduardo García Benito y el Art Déco”, Valladolid: Diputación de Valladolid, 1999; WALDRON, S., GONZÁLEZ-POSADA M., J., “Eduardo García Benito: Los años de Nueva York (1921-1940). Ilustraciones para Vogue y Vanity Fair”, Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 2009; CABALLERO BASTARDO, A., “García Benito en las colecciones públicas vallisoletanas”, Valladolid, 2010.

Imagen| Ilustración de Erté, Portada Vogue julio 1926, Portada Vogue abril 1927, Busto de Brancusi, Portada Vogue julio 1926,  Portada Vanity Fair marzo 1927

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