Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Arquitecturas utópicas (y V): una utopía cumplida, el Centro Pompidou

Con esta entrega sobre una utopía cumplida finaliza la serie de Arquitecturas Utópicas, en la que muchas, muchísimas otras se han quedado en el tintero. Las anteriores pueden consultarse aquí. Y por último…

… el momento en el que París viajó a otro siglo.

1960-70. París, la ciudad-escenario, sede del Louvre, capital de la cultura mundial hasta hacía bien poco, decidida a recuperar el esplendor perdido a manos de los nuevos focos de actividad artística concentrados ahora en Londres o Nueva York.

París, un decorado hecho ciudad, anclado en el s.XIX. Ese París de ejes infinitos y bulevares exquisitos, de chimeneas y mansardas, de la Rue de Rivoli, heredero del lavado de cara que el barón Haussmann urdió, y en el que tanto daba que su arquitectura albergase vivienda insalubre o la mismísima Ópera, porque lo importante era la fachada, la máscara, el exterior homogéneo, elegante y distinguido. Ese París.

Pues ese París fue el que se aventuró a retomar su posición protagonista como centro del Arte a nivel global. Y vaya, cómo lo hizo. Poco después del famoso Mayo del 68 había caído Charles de Gaulle, y el nuevo presidente de la República, George Pompidou, asumió que la renovación era obligada. Y la apuesta se hizo con todas las de la ley. Poniéndose en serio.

El Centro Pompidou, en su contexto

El Centro Pompidou, en su contexto

Se convocó un concurso internacional de Arquitectura y se destinó para el proyecto un solar amplio, un gran vacío olvidado dentro de un distrito de muy alta densidad de manzanas de vivienda, un barrio un tanto deprimido en aquel momento y que ya el maestro Le Corbusier había tenido en sus planes (otra utopía urbanística la del arquitecto franco-suizo, por otra parte, pero esa es otra historia). Un distrito, sin embargo, del centro de la capital, con el carácter que aquello implicaba en el París del momento, tanto en lo relativo a su imagen como a las sensaciones o el ambiente que allí se podía respirar.

Se pretendía un nuevo centro generador de Arte y Cultura, no sólo un simple museo. El programa de usos que debía alojar se fue ampliando cada vez más, sumando Centro de Arte Contemporáneo, una gran biblioteca municipal y un sinfín de sedes de diferentes organismos culturales, dando lugar a un complicado proyecto difícil de resolver, y más aún en el emplazamiento previsto.

El Pompidou desde la Rue Beaubourg

El Pompidou desde la Rue Beaubourg

Por otro lado, la década de los 60 fue la del grupo Archigram, uno de los mayores exponentes de arquitectura utópica e irrealizable, de megaestructuras industriales y ciudades móviles en las que la arquitectura y la tecnología se entremezclaban hasta convertirse en una sola.

Bien. Pues en este París novecentista y teatral, la propuesta ganadora entre las 681 presentadas fue quizás la más futurista y menos parisina de todas: un artefacto high-tech, un provocador edificio-máquina totalmente fuera de contexto, ideado por dos arquitectos jóvenes, un tal Richard Rogers y un tal Renzo Piano, que con su arriesgada apuesta abrieron la veda de la arquitectura científica y tecnológica y pusieron su nombre en el panorama arquitectónico mundial. Un órdago futurista en el París-escenario. Una no-fachada caótica e industrial en el París de las fachadas señoriales. Un salto contundente en el tiempo y en la mentalidad de toda una capital. Casi nada.

Y así resultó, que a partir 1977 la capital francesa pudo disfrutar, y sobre todo criticar, su Centro Cultural para el mundo, su “Fábrica” de Arte, su “Catedral de la Tubería” que un inglés y un italiano plantaron en pleno barrio 100% parisino. Una superestructura en la cual las instalaciones, tubos, elementos portantes y de circulación, lejos de ocultarse, se muestran al exterior y se destacan con colores vivos, conformando una envolvente tecnológica que permite al interior una planta libre, diáfana y versátil. Un contenedor flexible de arte y cultura que, con las limitaciones obvias de la construcción real, supuso el germen del cambio que había intentado propulsar Archigram, introduciendo las nuevas ideas emergentes en las que la tecnología tomaba cada vez más protagonismo en la manera de diseñar, ver y vivir la Arquitectura.

Interiores diáfanos con la misma estética industrial

Interiores diáfanos con la misma estética industrial

Una propuesta valiente que tenía todas las probabilidades de haberse quedado en un cajón, pero que finalmente supuso una revolución en la mente de muchos franceses y, fundamentalmente, de toda una generación de arquitectos.

Via| AiM, JotDown

Más información| Wikipedia

Imagen| Vista1, Vista2, Interior

En QAH| Arquitecturas utópicas (I), (II), (III), (IV)

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