Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Arquitecturas utópicas (II): ¿Hay algo más utópico que volar?

Imagen de la Villa Volante de Georgy Krutikov (1928)

Imagen de la Villa Volante de Georgy Krutikov

Es más, ¿hay algo más utópico que vivir en un edificio flotante… ¡en 1928!?

En esta serie sobre proyectos “demasiado optimistas” para su tiempo (y para el nuestro también, todo hay que decirlo) ya pudimos descubrir un ejemplo de Villa Espacial sobre París que, al menos, descansaba sobre grandes soportes que apoyaban en el terreno. Por supuesto, la imaginación no tiene límites e incluso unas décadas antes alguien ya había ido más allá. A comienzos de siglo, y al amparo de las ideas del constructivismo ruso, el joven Georgy Krutikov, de la más destacada Escuela de Arquitectura de Moscú, planteó una propuesta radical.

Recién estrenado el siglo XX, bullían las ideas renovadoras que fructificaron en diversas vanguardias artísticas. En Arquitectura, las diferentes corrientes europeas apostaban por un rechazo de los valores del pasado y una búsqueda de una nueva identidad, más acorde con el momento, recién salidos de la primera Gran Guerra y de la victoria en 1917 de la Revolución Rusa. En general, se fue imponiendo una nueva percepción del espacio y de las ciudades, y fue recurrente la separación progresiva de los edificios con respecto al suelo debido, entre otros motivos, a la consolidación de la idea de reservar la cota del suelo para usos comunes y a la posible disgregación en dos niveles de los recorridos peatonales y rodados.

En Rusia tuvo lugar también una importante labor de investigación, con grandes artistas y pensadores. A las ideas que compartían con el resto de vanguardias europeas se unieron las propias del recién instaurado socialismo y un gran interés por la tecnología y la estética industrial, fruto del deseo de mostrarse nuevamente como un país avanzado tras una época de atraso de la cual renegaban.

Uno de los bloques de viviendas ideados por el arquitecto ruso

Uno de los bloques de viviendas ideados por el arquitecto ruso

Es en este contexto en el que surgen todo tipo de propuestas, entre las que podemos destacar el rascacielos horizontal de El Lissitzky o la arriesgada “Villa Volante” de Krutikov, que nació de la búsqueda de posibles soluciones para la creación de las nuevas ciudades y comunas rusas. Krutikov quiso minimizar el impacto de los edificios en el terreno, hasta el extremo de hacer flotar barrios residenciales enteros sobre los campos de cultivo, las fábricas y los espacios de esparcimiento, para los que se reservaría toda la cota del suelo. Estos núcleos se mantendrían inmóviles, suspendidos como nubes en el aire gracias a la energía nuclear, pero conectados con la superficie mediante pequeñas cápsulas individuales equipadas con mobiliario retráctil que, a su vez, podrían funcionar ocasionalmente como viviendas móviles.

Bloque de viviendas Villa Volante (1928)

Bloque de viviendas Villa Volante (1928)

Este alarde tan imaginativo chocó, como no podía ser menos, con las posibilidades reales de llevarse a cabo. Aún así, estableció unas bases que más adelante pudieron retomar y reinterpretar otras jóvenes mentes utópicas, regalándonos así nuevas arquitecturas en los límites de lo irrealizable.

 

Vía| Modern Architecture and Flight

Más información| The Guardian, The Charnel House

Imagen| Imagen 1, Imagen 2, Imagen 3

En QAH| Arquitecturas utópicas (I)

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