Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Armando Morales, el pintor que cautivó a Gabriel García Márquez

Armando Morales. Escena taurina inspirada en una baraja de cartas española.

Armando Morales. Escena taurina inspirada en una baraja de cartas española.

Gabriel García Márquez fue un apasionado del arte en todas sus formas. La extraordinaria sensibilidad que desarrolló en su narrativa, hizo que también fuera un magnífico espectador frente a otras expresiones plásticas, como la pintura. De los muchos pintores a los que admiró, fue el nicaragüense Armando Morales quien ocupó un lugar predilecto en su vida. La relación entre el escritor y el artista empezó a ser singular incluso antes de conocerse personalmente, cuando comenzaron a intercambiar correspondencia. Hacía años que García Márquez se había topado por primera vez con una obra de Morales. La fuerza y rotundidad que emanaba de la escena, protagonizada por un torero español en plena faena, dejó fascinado al colombiano, quién más tarde confesó:

“Era una corrida de toros, cuyos protagonistas no parecían pintados en el lienzo sino tallados en plomo. Y sin embargo, el cuadro tenía el dramatismo de esplendor y de muerte de la fiesta brava. ‘Caray’, me dije. ‘Este hombre no le tiene miedo a nada’.”

Armando Morales había nacido en la ciudad nicaragüense de Granada en 1927, cuando la armada de Estados Unidos ocupaba el país. Poco tiempo después su familia se había mudado a Managua, donde comenzó a desarrollar su pintura de manera autodidacta. Siendo adolescente, cursó estudios en la Escuela de Artes Plásticas de la ciudad, dirigida entonces por el pintor Rodrigo Peñalba. En 1954, y sin haber salido nunca de Nicaragua, se atrevió a enviar una obra suya a la Segunda Bienal de Arte Hispanoamericano de La Habana, consiguiendo su primer premio. La inestabilidad política del país y las sucesivas dictaduras de los Somoza, acompañaron la juventud del artista, quién abandonó Nicaragua años más tarde. El pintor quería entonces viajar por todo el mundo y conocer personalmente la obra de aquellos artistas a los que tanto admiraba. A pesar de ello, y a las influencias foráneas que adquirió, su personalidad y estilo pictórico siempre se mantuvieron fieles a sus raíces centroamericanas.

Armando Morales. Lago Nicaragua

Armando Morales. Lago Nicaragua

Los temas que describe Morales en sus pinturas son producto de su memoria e imaginación. El propio artista confesaba mantenerse ajeno a los medios de comunicación, cuya información, decía, contaminaba su almacén de imágenes”. Por ello, el pintor prefería sumergirse en los recuerdos de su infancia y en los paisajes que había contemplado a lo largo de sus viajes. Era en ellos donde nacían sus grandes ideas, iluminadas siempre por la luna de su Granada natal. Aunque en los inicios de su carrera su trabajo estuvo fuertemente influenciado por el expresionismo abstracto norteamericano, fue en la figuración donde Morales encontró su auténtica vía de expresión. Cultivó el desnudo femenino, pero muy lejos de la búsqueda del mero deleite estético o erótico. Sus orondas figuras se disponen en silenciosos y diagonales espacios, los cuales aparecen siempre salpicados por aquellos elementos propios de su lenguaje, como el Lago Nicaragua o el cielo nocturno de Managua.

Para García Márquez, el artista nicaragüense había nacido y crecido dentro de sus propios cuadros, de ahí que poseyera un estilo tan único y personal:

“Pues Armando Morales es capaz de pintar cualquier cosa, cualquier instante, cualquier sentimiento, sin someterlo a la servidumbre de ninguna moda. Es realista de una realidad que sólo él conoce, y que lo mismo puede ser del siglo XVI que del siglo XXI: el tema determina el modo”.

Armando Morales. Retrato de Gabriel García Márquez

Armando Morales. Retrato de Gabriel García Márquez

Mucho guardaban en común aquel hombre que no tenía miedo a nada y nuestro querido Gabo. Ambos concibieron sus obras a partir de las vivencias y aprendizajes de su infancia y juventud. Sus raíces determinaron el tipo de artista que serían: donde lo imaginario y lo extraordinario se emulsiona con lo cotidiano latinoamericano. Así mismo, poseían una visión semejante respecto a la vida, donde toda experiencia podía ser aprendizaje y el lamento apenas tenía cabida. Fue esta idea la que realmente los unió para siempre, la cual quedó recogida en la posdata de la primera carta que Morales envió al escritor, justo antes de conocerse:

“Vivamos mucho. No andemos muriéndonos tanto”.

Vía| Carátula 

Más información| El País

Imágenes| Toro, lago, retrato

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