Historia 


Armada: pasos previos

Alvaro de Bazan

Alvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz.

El detonante definitivo en tira y afloja que mantenía la España de Felipe II y la Inglaterra de Isabel I para que la guerra estallara y la invasión de Gran Bretaña se llevara a cabo, fue el raid de Francis Drake en Galicia y América que inicia el  14 de septiembre de 1585: Canarias, Cabo Verde, Santo Domingo, Cartagena de Indias y San Agustín, en la Florida. El total en daños sumaba 300000 ducados en España y 300 millones en las Américas.

El 24 de octubre de 1585, Felipe II mandó cartas al Papa y al gran duque de la Toscana comunicando que aceptaba sus invitaciones a invadir Inglaterra. Pero ponía dos condiciones, una que se celebrara en 1587 y la segunda que no pondría más de la mitad del montante total de la empresa que calculaba superaría los tres millones de ducados, y a ser posible un tercio del mismo.

El rey pidió a Don Juan de Zuñiga que hiciera un análisis de la situación estratégica de la Monarquía. En él, identificaba los cuatro enemigos de la misma: turcos, franceses, holandeses e ingleses. Los primeros estaban centrados en una guerra contra Persia y los segundos en disputas civiles. Respecto a los holandeses, estos se circunscribían al territorio de los Países Bajos. Así, los ingleses eran los más peligrosos, no sólo porque su amenaza había surgido hacía poco, si no porque se extendía al conjunto del globo.

Asumir una guerra defensiva exigiría unos altísimos gastos al intentar abarcar todas las posesiones, por tanto, abogaba por un desembarco anfibio sobre Inglaterra, como operación defensiva más eficaz, de manera que se cortara la cabeza de la serpiente directamente.

Felipe II decidió utilizar el ejército de Flandes en la invasión y escribió el 29 de diciembre de 1585 al duque de Parma para que propusiera una estrategia apropiada para la campaña.
En la Península, el rey y sus ministros recopilaron todos los datos disponibles sobre las distintas invasiones que Bretaña había sufrido a lo largo de su historia.

Sir Francis Drake. Sus raids señalaron la desprotección de los territorios de la monarquía ante el nuevo enemigo inglés.

Sir Francis Drake. Sus raids señalaron la desprotección de los territorios de la monarquía ante el nuevo enemigo inglés.

En enero de 1586, el marqués de Santa Cruz fue requerido a realizar los preparativos y a aconsejar su propia manera de llevar a cabo la invasión. En marzo, propuso un ataque directo desde la isla sin participación del ejército de Flandes, por una fuerza compuesta por 510 barcos, 55000 soldados y 1600 jinetes.

Mientras tanto, se embargaron y armaron barcos en los puertos de Cantabria buscando formar dos flotas defensivas en la zona, una de mercantes de gran tamaño y otra de embarcaciones menores y pinazas.

En junio de ese año llegó la respuesta de Parma en un memorando de 28 páginas en el que se lamentaba del poco secreto en las intenciones reales pero que creía en su éxito si se cumplían tres premisas: la primera que el rey asumiera la responsabilidad exclusiva de la operación (que la invasión fuera exclusivamente un asunto español), que se evitara que los franceses interfirieran y que hubiera suficientes fuerzas en la retaguardia holandesa para defender los Países Bajos reconquistados. Proponía destacar un ejército de 30000 hombres y 500 jinetes para cruzar el Canal en un ataque sorpresa a bordo de una flotilla de gabarras marinas.

En junio de ese año, Bernardino de Escalante revisó las diferentes estrategias y presentó su propio plan de invasión que fue adoptado por Felipe II y, el 26 de julio de 1586 envió a Bruselas y a Lisboa un plan general en el que una flota saldría de Portugal en el verano de 1587 y desembarcaría en Waterford (Irlanda) atrayendo a la Armada británica. Meses más tarde la Armada arrumbaría al Canal y se reuniría con las fuerzas de Parma, embarcadas en una flota de circunstancia, para desembarcar a los veteranos de Flandes en la costa de Kent, junto a la artillería de asedio y las unidades trasportadas desde España. Desde allí, avanzarían hasta Londres y lo tomarían, capturando a la reina virgen y a sus ministros.

Farnesio, al recibir el nuevo plan, plasmó sus dudas sobre la necesidad de una flota que partiera de España. Sin embargo, cuando Felipe autorizó el asalto desde Flandes si la situación se presentaba idónea en junio de 1587, Parma declaró que ya no era válido al haber perdido el componente de sorpresa que era imprescindible para llevarla a cabo. A la vista de la nueva situación, carecía de buques de escolta y la concentración de tropas y navíos alertaría a los espías ingleses de las intenciones hispanas.

Mapa del plan de invasión desarrollado por Escalante.

Mapa del plan de invasión desarrollado por Escalante.

A la vista de todo ello, el 4 de septiembre de ese año, dio órdenes a Parma y a Álvaro de Bazán completamente distintas al plan general que había adoptado en julio del año anterior. En sus nuevas directrices, la flota zarparía directamente hacía el Canal y, cuando llegara a la altura del Cabo Margate, se le uniría la fuerza de Parma, para arrumbar hacia Kent y, de allí, por tierra hacia Londres. Se prohibía expresamente que Parma intentara su aventura en solitario y esperara las fuerzas del marqués de Santa Cruz.

La respuesta optimista de Parma, hizo que el rey abriera un poco el cepo que había establecido sobre Farnesio y le permitió, si la situación era propicia, que intentara la travesía, contando con que no tardaría mucho en enviar la flota desde Lisboa. Al volver ésta de las Azores en muy malas condiciones tras sufrir la fuerza de las tormentas, pospuso la invasión para el año siguiente, pero en el ínterin, asustado  ante la perspectiva de que Parma iniciara su aventura en solitario, presionó a Bazán para que partiera con 48 barcos y luego con sólo 35 a finales en diciembre.

Diplomáticamente, aisló a Isabel I de sus posibles apoyos galos y holandeses, mientras ésta hacia lo propio jugando sus cartas ante la Sublime Puerta y los territorios del duque de Guisa (líder de la Liga Católica francesa y principal baza de Felipe II en Francia). A resultas de lo cual, Guisa tuvo que defender su feudo de una invasión alemana costeada por la reina virgen y fue incapaz de ocupar el puerto de Boulogne, que resultaría de fatal trascendencia para el futuro de la Armada.

La felicísiima Armada en su formación defensiva de media luna.

La felicísima Armada en su formación defensiva de media luna.

Al año siguiente, la flota partió de Lisboa con las premisas que el rey había establecido en sus últimas directrices. Quedaban flecos sin resolver, esenciales para el éxito de la misión (como la necesidad de unas buenas comunicaciones entre Parma y el nuevo líder de la flota, el marqués de Medina Sidonia, puesto que el marqués de Santa Cruz había fallecido recientemente).

El embarque de la fuerza del duque de Parma necesitaría de un tiempo mínimo para llevarse a cabo y la coordinación con la Armada resultaba esencial.
Pero… esa es otra historia.

En colaboración con QAH| Historia Rei Militaris.
Vía| Parker, Geoffrey: La gran estrategia de Felipe II. Alianza editorial, Madrid 1998.
Más información| Claramunt Soto, Alex: Farnesio. La ocasión perdida de los Tercios. HRM Ediciones, Zaragoza 2016.
Imágenes|Alvaro de Bazán, Francis Drake, Mapa de Bernardino de Escalante, la gran Armada.

En QAH| ¿Qué provocó la creación de la Armada Invencible?El hombre y el mar en tiempos de Felipe II.

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