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Aproximación al film noir galo

El estreno durante el mes de noviembre de la película Conexión Marsella del director francés Cédric Jiménez ha despertado en la crítica cinematográfica el recuerdo de la tradición del cine negro francés.

El origen del cine negro es difícil de definir pero son claros sus referentes. La influencia europea es evidente: el expresionismo alemán está muy presente en la obra maestra de Fritz Lang: M, el vampiro de Düsseldorf (1931) pero también en algunas películas de directores alemanes emigrados a EEUU por culpa del nazismo Robert Siodmak o Michael Curtiz o el austriaco Josef von Sternberg. El realismo poético del cine francés de los años 30 con películas como El muelle de las brumas (1938) o Amanece de Marcel Carné o La bestia humana (1938) de Jean Renoir definieron algunos de los arquetipos del cine negro: la desesperación, la soledad, la fatalidad, los ambientes sórdidos y la iluminación en claroscuro.

Georges Simenon escritor belga en lengua francesa creó a partir de 1931 el Comisario Maigret personaje fundamental en el desarrollo de la novela negra y protagonista a partir de 1932 de varias películas.Maigret

En la posguerra la literatura se vio afectada por un estado anímico depresivo e introspectivo influenciado por el existencialismo, una corriente filosófica acuñada por Jean Paul Sartre y de gran influencia en el cine. Esta coyuntura fue tambien la fuente de inspiración para las novelas sobre detectives de autores americanos consagrados durante las décadas 40 y 50 como Dashiell Hammett (El Halcón Maltés), James M. Cain (Perdición y El cartero siempre llama dos veces) y Raymond Chandler (El sueño eterno) cuyos guiones aportaron algunos de los hitos más famosos de este género.

Estos autores fueron el detonante para el nacimiento en 1947 de la colección Serie Noir de la editorial francesa Gallimard. Esta colección se ha transformado en toda una institución a nivel europeo y es el germen del boom de la novela negra nórdica por ejemplo.

En 1951 André Bazin fundador de la revista Les Cahiers du Cinema, incorpora a una serie de críticos cinematográficos que se pasaron posteriormente a la dirección (François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Chabrol, Jean Pierre Melville…). Todos ellos se identificaban por rechazo al clasicismo en que se había instalado el cine francés y la reivindicación del cine americano de algunos directores como John Ford o Alfred Hitchcock. Entre sus preferencias se encontraban autores y películas fundamentales del cine negro.

François Truffaut eligió dos relatos de William Irish (autor de La ventana indiscreta) para dos de sus películas más famosas: La novia vestía de negro (1967) y La sirena del Mississipi (1969) demostrando su conocimiento de los mecanismos de la novela negra americana.

Claude Chabrol manteniéndose dentro las claves tradicionales del género, incide en un retrato crítico de la degradación y delincuencia de la burguesía de provincia con títulos tan significativos como La mujer infiel (1968), Accidente sin huella (1969), El carnicero (1969) o Al anochecer (1971).

Jean Pierre Melville renovó los códigos del género consiguiendo una estilización del lenguaje y de la narrativa muy imitada por otros directores. Ghost Dog, el camino del samurái (1999) de Jim Jarmush es un soberbio remake de El silencio de un hombre (1967). Otros ejemplos de su gran talento son El ejército de las sombras (1969) y El círculo rojo (1970).

El éxito de las novelas de Jose Giovanni en la Serie Noir de Gallimard le llevo directamente al cine, primero como guionista y después como director e inclusive como actor. La producción durante las décadas 60 y 70 de Giovanni es de tal magnitud que está considerado como uno de los principales impulsores del film noir galo. El clan de los sicilianos (1969) es un claro ejemplo de su aportación al género. Actuaban en la película tres actores emblemáticos del cine francés y habituales en el género: Alain Delon, Jean Gabin y Lino Ventura.

Henri-Georges Clouzot debutó como guionista y se consolidó en el género como director de películas como El asesino vive en 21 (1942), El cuervo (1943) o Las diabólicas (1956).

Después de la nouvelle vague otros directores de renombre cultivaron el cine negro cada uno con aportaciones importantes: Yves Boisset, Costa-Gravas, Claude Sautet o Bertrand Tavernier.

Los hermanos Larrieu contribuyeron en 2013 con El amor es un crimen perfecto, una disección de un asesino en serie interpretado por un magnifico Mathieu Amalric. Este año hemos podido ver sobre un guion de James Gray Lazos de sangre de Guillaume Canet autor de la prestigiosa No se lo digas a nadie (2006). Todos los años los realizadores franceses siguen haciendo aportaciones apreciables al cine negro.

Vía|El Cine – Salvat
Video|Conexion Marsella, El muelle de las brumas, El silencio de un hombre, Lazos de sangre
Imagen|Serie noir, Inspector Maigret

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