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Aprender con la crisis: el sistema monetario internacional

Hace un mes el presidente Sarkozy se levantó de la cama con espíritu didáctico y declaró en el bolo político de turno que la causa de esta crisis se remonta a finales de los setenta “con la instauración de una globalización sin otra regla que la de garantizar la libertad de comercio”. Como podéis ver, su espíritu docente no llegó muy lejos ¿Qué nos querías decir Sarko? Hablaba de lo que llamamos sistema u orden monetario internacional, del fin del anterior orden, llamado sistema de Bretton Woods y del nuevo “orden” que surgió de aquello. ¿Qué es eso del sistema monetario internacional? Es un conjunto de normas que regulan básicamente dos cosas: el comercio y los flujos financieros entre países, lo que veíamos que se reflejaba en la balanza de pagos, y en concreto la relación de cambio entre las monedas, ¿es necesario? Para entenderlo mejor veamos algunos ejemplos históricos.

Como decimos, surge de la necesidad de garantizar el comercio. Antiguamente este se realizaba mediante trueque, que es muy ineficaz dado que no permite una transacción entre dos personas si ambas no poseen el bien que desea la contraparte. Por esta razón surge el dinero, un bien que es aceptado como medio de intercambio por una comunidad. Dinero puede ser cerdos, dientes de ballena, conchas, cacao, etc. De nuevo aparece el problema del trueque en el contexto internacional, ya que los dientes de ballena pueden ser muy apreciados por una comunidad pero inútiles en otra, y así llegamos al concepto de divisa que es un medio de pago aceptado en una zona mucho más amplia que una comunidad.

Históricamente el oro ha cumplido el papel de divisa mientras a nivel local se fijaba su cambio con otras monedas de plata, cobre, bronce, etc. Por ejemplo, el emperador romano Julio Cesar estableció el cambio oro/plata en la relación 1/12. Posteriormente surgió el papel moneda, que tenía características muy distintas al que utilizamos ahora. Estaba respaldado por moneda local de oro o plata y era emitido por cualquier banco. En el fondo, era un papel que decía que podías ir a recoger tu oro al banco en cualquier momento. La “costumbre” de los bancos y de los estados de emitir papel moneda y letras de cambio respaldadas por supuestas extraordinarias reservas de oro, presentes o futuras, que finalmente eran bastante exiguas, provocó los primeros pánicos bancarios. Cuando llegó la supervisión algunos bancos llegaron a enseñar a los inspectores un baúl lleno de clavos y cubierto por encima por algunas monedas de oro, pero esa es otra historia.

En los siglos XVIII y XIX, muchos países tenían un patrón bimetálico, basado en oro y plata. Os podéis imaginar la inseguridad y lo complicado que resultaba, distintas monedas referenciadas al oro o la plata pero cuya relación de cambio por los metales podía ser modificada por el estado, y papel moneda respaldado por bancos privados o bancos centrales. Hacia el año 1.870 la economía se había internacionalizado y de forma paulatina las principales potencias convergen hacia el primer sistema monetario moderno, el patrón oro. El definir una divisa de forma fija marcando exactamente su valor en oro implica que, aunque en unos países se hablase de dólares, en otros de libras, etc, en realidad, todos ellos están utilizando el oro como moneda de cambio. De este modo, tener un dólar equivale en realidad a tener un veinteavo de onza de oro, y tener una libra esterlina equivale a tener un cuarto de onza de oro. Cualquiera podría acudir al banco con un billete de dólar y reclamar que le diesen sus correspondientes 1,42 gramos de oro. Además, con el oro de intermediario, se puede expresar una paridad fija entre la libra y el dólar, lo cual era muy interesante de cara al comercio.

Para entender cómo funcionaba el patrón oro, primero debemos comprender que el valor de las monedas en los mercados internacionales está sometido como cualquier bien a la “ley” de la oferta y la demanda. Cuando compro muchas cosas en el exterior y pago con mi moneda eso hará que haya muchas monedas en el mercado, he aumentado la oferta y la moneda tenderá a disminuir su valor respecto al resto.

Entre 1.870 y 1.914 el patrón oro dio estabilidad al comercio mediante un sistema de tipos de cambio fijos que garantizaba los ajustes de las balanzas de pagos de forma automática. Se basaba en el compromiso serio y creíble de los estados de mantener un tipo de cambio fijo con el oro y, por lo tanto, con el resto de monedas que también estaban fijadas al oro. Con este sistema, cuando Francia tenía un déficit comercial con el Reino Unido, de forma que aumentaba la oferta de francos en los mercados cambiarios internacionales y, por lo tanto, el franco tendía a devaluarse, los inversores tendían a cambiar francos por oro, eso producía una pérdida en las reservas de oro del banco central, pero los bancos centrales estaban obligados a mantener una proporción entre el dinero en circulación y las reservas de oro, por lo que debían contraer la oferta monetaria. Esa disminución de la oferta de dinero ocasionaba una disminución de los precios internos y esta disminución de los precios permitía exportar más bienes, restaurando el equilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

La primera Guerra Mundial hizo salir a los países del patrón oro y algunos intentos por retomarlo fueron traumáticos, siendo una de las causas de la Gran Depresión, y por otro lado la inestabilidad resultante, entregándose los países a guerras comerciales mediante devaluaciones monetarias, fue una de las causas de la segunda guerra mundial. Al finalizar esta guerra se vuelve a intentar establecer un orden, para lo cual se celebró una conferencia internacional en Estados Unidos en un lugar denominado Bretton Woods.

John Maynard Keynes durante la conferencia en 1.944

Durante esta conferencia internacional el gran economista John Maynard Keynes realizó una propuesta que consistía en la creación de una moneda internacional llamada BANCOR, vinculada a las divisas fuertes (dólar, libra esterlina, marco, franco, yen) y canjeable por moneda local. Lo más interesante de la propuesta es que requería tanto de los países deficitarios como de los países superavitarios un esfuerzo por alcanzar el equilibrio, en efecto, la Cámara de Compensación Internacional encargada de la emisión de esa moneda cobraría un impuesto a los países con superávit que serviría para ayudar a los países con déficit. Esto haría que esos países aumentaran las importaciones favoreciendo el consumo a nivel local y el comercio internacional, una propuesta de sentido común, los intercambios comerciales son un juego de suma cero, y para que exista un país con superávit debe existir un país con déficit y lo lógico para reducir un déficit es reducir las importaciones, lo que se realizará reduciendo los salarios o devaluando la moneda, en definitiva, reduciendo la demanda global.

Esas ideas progresistas serían desechadas y se volvió a un patrón cambio oro dólar: el dólar era convertible por oro y los demás fijaban su valor respecto al dólar. Era un patrón bastante inadecuado, la oferta de la moneda internacional, el dólar, se crearía incurriendo el país emisor en déficits, por lo que hubo varias crisis de liquidez entre 1.968 y 1.970, es decir, una deficiente oferta de moneda que podría ocasionar deflación. A pesar de eso se conjugaron una serie de factores que dieron lugar a una etapa de crecimiento sostenido y redistribución de la riqueza, que incidió de forma muy significativa en el conjunto de la población. Por otro lado, si los déficits de Estados Unidos resultaban excesivos se perdería la confianza en que se mantuviese el valor del dólar respecto al oro y en efecto eso fue lo que terminó ocurriendo como consecuencia de la guerra de Vietnam y la disminución de su producción petrolífera, que le obligó a aumentar sus importaciones. En 1.971 se elimina la convertibilidad de oro por dólar, en 1.973 se abandonan los tipos de cambio fijos y se deja que las monedas floten según los designios del mercado.

El orden resultante no ha sido producto de un acuerdo, es en realidad un desorden establecido por defecto. Entre los males que se le achacan está la volatilidad excesiva de los tipos de cambio, unos giros brutales de los flujos de capitales, desequilibrios persistentes en la balanza de pagos, acumulación innecesaria de montañas de divisas, ajustes asimétricos entre países superavitarios y deficitarios, ajuste asimétrico de Estados Unidos con el resto del mundo y flujos de capitales invertidos: de los países pobres hacia los países ricos, lo cual constituye una anomalía histórica dentro del sistema productivo capitalista.

Efectivamente, casi todos los países intervienen el tipo de cambio para evitar la excesiva variación del valor de la moneda, que sería perjudicial para el comercio, lo que suele producir ciclos de endeudamiento que terminan abruptamente con una crisis cambiaria. Así fue en Israel (1.983), Europa (1.992), México (1.995), Sudeste asiático (1.997)

En 1.997 la moneda de Indonesia perdió el 80% de su valor respecto al dólar. Millones de personas perdieron su empleo y cayeron en la pobreza.

Rusia (1.998), Brasil (1.999), Argentina (2.001), por poner algunos ejemplos. Quizás Sarkozy tenga algo de razón y la instauración de una globalización sin otra regla que la de garantizar la libertad de comercio no haya sido la solución más adecuada para el conjunto de la población.

En QAH| Aprender con la crisis: Deuda y balanza de pagos

Está la belleza y están los humillados. Sean

cuales sean las dificultades que la empresa pueda presentar, jamás debería

desear ser infiel ni a los segundos ni a la primera.

Sea verdad o no, se nos dice continuamente que

las posibilidades son ilimitadas y que cuanto tenemos que hacer es elegir las

que nos vayan mejor; y lo que es más importante, se nos castiga por no

conseguir encontrarlas, como si lo que se nos había dicho sobre su

accesibilidad fuera cierto.

El capitalismo moderno volvió borrosas muchas

distinciones, incluyendo la que existía entre la miseria legítima y la

ilegítima, y las remitió al mercado de valores del poder para que encontrasen

su propia cotización.
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