Economía y Empresa, Finanzas, Jurídico 


Aprender con la crisis: dinero, bancos centrales y banca de inversión (I)

Hace unos meses un estudio de la OCU, advertía del incremento del precio de los alimentos.

Una noticia se puede interpretar de formas distintas según cómo se cuente. El estudio de la OCU se presento de la siguiente forma “Los alimentos suben un 48% desde la entrada del euro”, lo que indica una clara intención de relacionar la subida de precio con la moneda única.

La idea es sencilla, el euro empezó a circular en 2.002, los alimentos han subido un 48% desde esa fecha y todavía permanece en la memoria colectiva los excesos del redondeo del cambio de pesetas a euro; y en un contexto en el que la moneda única se encuentra bajo sospecha por la crisis de deuda, sin duda está idea refuerza otras pre-existentes.

El problema del razonamiento anterior es que para relacionar un incremento de precios con una moneda deberíamos saber cuanto se han incrementado en otras divisas. En un contexto donde nos están advirtiendo que existe una crisis alimentaria en Somalia (donde no utilizan el euro), y donde nos dicen que el precio internacional de los alimentos está colocando a muchos pobres en una situación tremendamente complicada, resulta sorprendente como la gente que debería informarnos reproduce estos estudios sin el menor cuestionamiento de los mismos.

Afortunadamente disponemos de una agencia de la ONU, llamada FAO, que publica mensualmente un índice sobre el precio de los alimentos.

Si observamos que desde 2.002 a 2.012 el índice pasa de 90 a 213, podemos concluir que a nivel internacional los precios de los alimentos se han incrementado un 136% en estos 10 años. Posiblemente un informe del tipo “Los precios de los alimentos suben 88% menos en la zona euro que en el resto del mundo” no hubiese captado excesiva atención mediática. Pero, os preguntaréis ¿Qué tiene que ver está larga introducción con el dinero, los bancos centrales y la banca de inversión? Primero deberemos hacer un pequeño recorrido histórico.

Hemos hablado anteriormente del dinero como un medio de pago aceptado por una comunidad y que facilitaba enormemente las transacciones, pero ¿Qué relación tiene con los precios? En el siglo XVI el navarro Martín de Azpilicueta explica la gran inflación que sufrió Europa unas décadas después del descubrimiento de América por la súbita afluencia de metales preciosos. Según el “Doctor navarrus”, el valor del dinero dependía de la oferta del mismo y no de su contenido y denominación. Es decir, el valor del dinero era una función del total de mercancías que servían como medios de pago y se encontraban en circulación en ese momento

El descubrimiento de Martín podría expresarse con el siguiente ejemplo: supongamos que tengo 2 cervezas y hay 3 personas y todas quieren tomarse una cerveza. Una tiene 3 euros, otra 2 y otra 1 ¿Cuánto valdrá la cerveza? 1,10 euros, por ejemplo, para que los dos que tienen más dinero se la tomen. En otro caso también tengo 2 cervezas pero tengo el doble de dinero, una persona 6 euros, otra 4 euros y otra 2 euros  ¿Cuánto valdrá la cerveza? 2,20 euros ¿Injusto? Hey, solo hay dos cervezas ¿que queréis que haga? ¿Repartir la cerveza? Eso es comunismo y tiene muy mala fama.

Esto posteriormente se expresaría así: M (dinero) = k x P (precios), expresión que sería criticada por economistas heterodoxos como John Maynard Keynes pero desde el punto de vista de que no necesariamente un incremento (o decremento) de M debería dar lugar a un incremento (o decremento) de P. Existe un enorme acervo empírico que corrobora la relación entre M y P pero Keynes indicaba que no siempre sería así.

Pero ¿Cómo se establece M, la cantidad de dinero? Es absolutamente definitorio de la realidad de las sociedades humanas que poco antes de que Martín Azpilicueta estableciera esta relación entre los medios de pago y los precios, se firmaba en Medina del Campo la primera letra de cambio que se conserva (aunque se sabe que se firmaron otras antes). Es decir, en ese mismo momento se estaba cambiando lo que Martín consideraba medios de pago. En lugar de monedas de oro o plata se firmaba un papel que decía que al tenedor del mismo se le entregaría tal cantidad de monedas en una fecha fija. Además el tenedor del papel podía venderlo a otra persona si no podía o no le convenía esperar hasta la fecha acordada.

Imaginad como facilita esto las transacciones, como permite que los bienes se intercambien. Ya no necesito un saco de oro o plata, ahora compro y contraigo una obligación sobre mi beneficio futuro: cuando venda los productos adquiridos a crédito en mi ciudad de origen podré abonar la letra de cambio. La cuestión está en que si no materializo esa venta prevista, estoy creando un problema tanto a mi como a los acreedores. Así pues, vemos que en el preciso momento en que se está formulando una ley que relaciona los medios de pago y los precios se está cambiando el significado de lo que consideramos medios de pago.

Antes incluso de la época de Martín de Azpilicueta, en el siglo XIV, en las ciudades-estado italianas comienza a utilizarse el papel moneda como medio de pago. Originalmente era una nota que reconocía el derecho de su portador a ir al banco a retirar una cierta cantidad de monedas de oro y plata. Al principio, cuando esto era una novedad, la gente mostraba una gran propensión a ir al banco a por las monedas de oro y plata. Con el paso de los siglos cada vez fue más habitual que este papel moneda fuese aceptado en transacciones sucesivas. Así, la gente, en vez de ir al banco a por el oro, se quedaba el papel y lo utilizaba en otra transacción.

En estas condiciones, la cantidad de medios de pago, dinero o M podemos decir que vienen dados por está ecuación:

M = [(1-g)/(g+r)] x G

Donde G es la cantidad de monedas metálicas, g es la propensión del público a ir a por su oro al banco y r es la propensión de los bancos a mantener cierta cantidad de reservas de oro. Porque con el paso del tiempo los bancos habían aprendido que dado que la gente no volvía a por su oro al banco no era necesario emitir únicamente la cantidad de papel moneda que podían respaldar con metal.

El resultado de este largo proceso histórico fue que tanto g como r fueron tendiendo progresivamente a cero. En matemáticas un cociente de dos expresiones que tienden a cero se conoce como una indeterminación, en estas condiciones M estaría determinada por la demanda de dinero del público y los precios estarían completamente indeterminados.

Los bancos centrales, unas instituciones que se habían ido creando para socorrer a los bancos en dificultades durante las fases de recesión de la economía, serían los encargados de resolver este problema.

Como hemos ido viendo durante la crisis, en la que se han convertido en protagonistas, prestan al sistema financiero una cantidad de dinero determinada (que con las políticas monetarias no-convencionales desarrolladas durante la crisis se ha convertido en ilimitada) a un tipo de interés determinado. Al mismo tiempo, fijan un coeficiente de reservas obligatorio, que es el dinero que han de mantener los bancos sobre los depósitos que reciben del público. Es decir, que los bancos pueden prestar mucho más dinero que el que reciben del público en forma de depósitos.

Con este sistema de reserva fraccionaria, M está determinado por la Base Monetaria que es esta oferta que realizan los bancos centrales al resto del sistema financiero, y por el multiplicador monetario, que depende de la propensión de la gente a pedir prestado y que en el limite puede ser como mucho 1/c, siendo c el coeficiente de reservas obligatorio. En el caso de la eurozona, M puede ser como mucho 50, aunque actualmente está en torno a 7,5 ya que hay una gran propensión tanto del público como de los bancos a mantener liquidez. Al mismo tiempo pueden tratar de influir en la propensión del público a mantener liquidez mediante la variación del tipo de interés oficial del dinero.

Estas no son ni mucho menos todas sus herramientas. Por ejemplo, ellos exigen unas garantías para prestar al sistema financiero, que se denominan colaterales. Variando la política de aceptación de colaterales pueden orientar la propensión del sistema financiero hacía cierto tipo de instrumentos. Si aceptan deuda pública o títulos hipotecarios como colateral, los bancos tratarán de mantener en sus balances una cierta cantidad de hipotecas y de títulos de deuda pública.

Los bancos centrales realizan su política monetaria por tanteo, es decir, al final la cantidad total de medios de pago dependerá tanto del banco central, como del sistema financiero, como del público. El banco central tratará de acertar con el tipo de interés adecuado, la base monetaria adecuada y la política de colaterales adecuada para mantener estabilidad de precios, estabilidad del sistema financiero, así como el resto de objetivos que tengan encomendados.

En los años 70, tras el colapso del sistema de Bretton Woods de tipos de cambio fijos entre las monedas, el primer paso es la convertibilidad libre y sin límite entre divisas. Un paso lógico posterior que se produce en los años 80 es la desregulación del sistema financiero para adaptarse a esta nueva situación, pudiendo por ejemplo, captar o ceder créditos en el extranjero.

Todo este proceso ha conducido a una serie de cambios, que podríamos comparar con los lentos cambios en el significado de medios de pago sufridos entre los siglos XIV y XIX y que condujeron primero a la creación de los bancos centrales y después a dejar en sus manos la política monetaria.

En este proceso en muchos casos han sido pioneros los bancos de inversión, como los célebres Lehman Brothers y Goldman Sachs. Una lista muy pequeña de ejemplos sería:

–          La titularización de los prestamos

–          El crecimiento de mercados de derivados variados

A comienzos de 2.007 el ex presidente del Banco Central Europeo advertía de que los mercados financieros eran potencialmente inestables y añadía: “Es tal la actual creatividad en cuanto a instrumentos financieros nuevos y muy complejos…que no sabemos con certeza dónde están los riesgos

Unas declaraciones inquietantes. Cuando se realiza una política por tanteo convendría saber donde están los riesgos, no vayamos a aumentarlos, ya que, como nos ha demostrado la presente crisis, la estabilidad de precios no conduce necesariamente a la estabilidad financiera.

Saber donde están los riesgos excede con mucho mi capacidad, pero en la segunda parte de este artículo trataremos al menos de ver la relación entre alimentos y otras materias primas y el dinero, los bancos centrales y la banca de inversión.

En QAH| Aprender con la crisis: el sistema monetario internacional

Imagen| 1p-negocios

Está la belleza y están los humillados. Sean

cuales sean las dificultades que la empresa pueda presentar, jamás debería

desear ser infiel ni a los segundos ni a la primera.

Sea verdad o no, se nos dice continuamente que

las posibilidades son ilimitadas y que cuanto tenemos que hacer es elegir las

que nos vayan mejor; y lo que es más importante, se nos castiga por no

conseguir encontrarlas, como si lo que se nos había dicho sobre su

accesibilidad fuera cierto.

El capitalismo moderno volvió borrosas muchas

distinciones, incluyendo la que existía entre la miseria legítima y la

ilegítima, y las remitió al mercado de valores del poder para que encontrasen

su propia cotización.
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