Coaching Profesional 


Aprender a esperar

 

Siempre he tenido la sensación de que las cosas que se consiguen por sorpresa o de manera repentina, no se valoran ni se disfrutan de la misma forma que si se alcanzasen tras una larga espera. No sé muy bien si se trata de una realidad o, como decía, una simple sensación mía. Supongo que se puede disfrutar de lo que llegue, aún recibiéndolo de cualquier manera. Lo que sí es cierto es que lo que viene después de mucho tiempo esperando, se recibe, se saborea y se aprecia más sabia y cuantiosamente.

Aprender a esperar

Aprender a esperar

Otra cuestión no menos cierta, es que la espera siempre es dura. Casi nunca suele ser un periodo de nuestra vida tranquilo y sosegado. La espera siempre está acompañada de ansiedad, nervios, tensión, pero con esto no quiero decir que todo en ella sea negativo, también está repleta de  deseos, ilusiones y esperanza.

Existen muchos tipos de espera. Está quien espera cada día a que llegue un autobús, también tenemos al que espera la llegada de un hijo, hay los que esperan eternamente al amor de su vida y añadiremos al que espera la realización de un sueño.

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que esperar la llegada de algo, pero ¿cómo afrontamos cada uno esa espera?

Supongamos que estamos esperando la llamada que nos ofrecerá algo que ansiamos, como un buen puesto de trabajo, o que necesitamos, como una intervención quirúrgica. Pues bien, puedes esperar con el teléfono móvil en la mano constantemente por miedo a que si lo guardas suene y no te enteres, lo puedes hacer comprobando que tienes batería y cobertura cada cinco minutos, puedes hacer un paréntesis en tu vida y no avanzar hasta que no suene el teléfono o puedes esperar esa llamada realizando tu vida como normalmente lo haces, aunque sin olvidar lo que puede estar por llegar.

De una u otra manera ese periodo de espera, con un poco de angustia y muchas ganas de que llegue, nunca debe controlar ni nuestra vida, ni mucho menos a nosotros mismos. Es importante aprender a saber esperar con calma, pero con suficiente energía para poder seguir haciendo otras cosas. La espera nunca debe paralizarnos, es más, debemos convertirla en un tiempo útil y próspero, puesto que nadie nunca nos va a poder asegurar que esa llamada se realizará o que ese amor, ese sueño o ese hijo llegará.

En los tiempos que vivimos, aprender a esperar es una buena opción, aunque sólo tú decides cómo hacerlo, únicamente tú eliges cómo será esa espera.

 

Imagen│ Aprender a esperar

En QAH│ Creencias potenciadoras. Creencias limitadoras.

RELACIONADOS