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Aprender a centrar nuestra atención: la respiración (I)

Inspirar, espirar…, sencillo, ¿verdad? Pero, ¿cuántas veces al día somos conscientes de que estamos respirando?…, me temo que menos de las que deberíamos para poder controlar nuestros pensamientos y emociones. Muchas veces nos encontramos surfeando en nuestras emociones y pensamientos sin pararnos a escuchar nuestra agitación. Claro que respiramos y lo sabemos, ¡por eso estamos vivos! La respiración juega un papel primordial para nuestro organismo, ya sea a nivel fisiológico (físico-orgánico) como a nivel emocional y cognitivo.

El primer paso para ser conscientes de la conexión entre atención-respiración es tomar conciencia de que nuestra forma de respirar está estrechamente relacionada con nuestros pensamientos y emociones. De tal modo, cuando estamos intranquilos y preocupados, por ejemplo, nuestra respiración está siendo más irregular, agitada por ende, se produce una activación excesiva de nuestras conexiones nerviosas y neuronales.

Así mismo, si centramos la atención en la respiración y comenzamos a controlar el aire que entra y sale de nuestro cuerpo, podremos tomar el timón de nuestras emociones, pensamientos e incluso disfrutar de la situación que tenemos delante y tomar decisiones más adaptativas. Aprender a respirar conscientes nos ayuda a centrar nuestra atención. En consonancia, la habilidad de llevar a cabo una atención consciente y dirigida a la actividad que se está realizando, permite que resulte más sencillo el desarrollo de habilidades para el aprendizaje, autocontrol, autoconsciencia y las conexiones sociales. De este modo, podemos enumerar el desarrollo de las siguientes habilidades al centrarnos en nuestra respiración:

 

  • Fomenta la atención consciente: proporciona un entrenamiento en atención básico y asequible a través de la respiración, pues ¡todos respiramos! Comenzar identificando nuestra respiración en cada situación ya es un ejercicio de atención consciente que nos conduce a poder controlarla.
  • Gestión emocional: ayuda a autocontrolar nuestras emociones. Al centrarnos en el cómo respiramos, las emociones pasan a un segundo plano y se apaciguan (sobre todo las negativas). Las conexiones con las áreas cerebrales emocionales (amígdala) se normalizan.
  • Gestión de pensamientos: al focalizar la mente en ese “estar pendiente” de cómo respiramos y enviar órdenes de relajación, los pensamientos, como las emociones, pasan a un segundo plano. De este modo y, teniendo el oxígeno y dióxido de carbono controlados en el organismo y cerebro, podemos pensar con más claridad (mejora la función ejecutiva)
  • Autocompasión: ser amables con nosotros mismos. Querernos, saber qué necesito, cómo puedo ayudar.
  • Compasión: ayuda a empatizar. Si sabemos cómo se siente una persona con una situación parecida a la nuestra y agitada, nerviosa,…podemos saber qué sienten, necesitan y cómo ayudarles.

Si tratamos de fomentar y/o mejorar la atención en los niños/as, debemos tener en cuenta que durante el desarrollo cerebral la atención tiene un papel fundamental para el buen funcionamiento de las funciones ejecutivas (área prefrontral del cerebro). Ésta área no se termina de desarrollar hasta aproximadamente los veinte-veinticinco años…así que, ¡respira y actúa, crea ambientes enriquecedores y no de reacciones automáticas! Enseña a respirar y evita los distractores y la sobre-estimulación.

Por último, remarcar que la respiración es la primera de las herramientas que podemos utilizar para centrar nuestra atención. En los próximos artículos veremos otras: los sentidos, el cuerpo, mantener una mente abierta.

¡No lo olvidéis!: si queremos aprender a surfear una de las cosas básicas es pararnos y observar alrededor, centrar nuestra atención en el momento presente y…respirar para coger olas después.

Vía| Snel, E., & André, C. (2016). Tranquilos y atentos como una rana. Barcelona: Kairós.

GASCON, M. (2017). Creciendo con Mindfulness. Madrid: Editorial EDAF.

Imagen| Respiración.

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