Historia 


Antonio Nariño, más que un precursor (1765 – 1823)

Sin duda, Antonio Nariño es uno de los hijos más ilustres del territorio colombiano.  Aunque a nivel internacional su figura puede haberse visto desdibujada por la gloria que ensalzó a Simón Bolívar como el libertador de cinco naciones, lo cierto es que nada de lo logrado por el venezolano a través de la vía militar hubiese sido posible sin las gestas y acciones de Nariño, a quien la Historia ha bautizado con el mote de “El precursor”, construyendo su imagen como la del hombre que abrió el camino para la Independencia de la Nueva Granada. Pero Antonio Nariño fue más que un precursor. A continuación haremos un breve recorrido por la vida de este hombre, cuya atareada y azarosa existencia lleva plasmada el signo trágico que caracterizó la historia de los primeros años del siglo XIX en Nueva Granada.

Retrato de Antonio Nariño y Álvarez. Óleo de José María Espinoza.

Retrato de Antonio Nariño y Álvarez. Óleo de José María Espinoza.

Antonio Nariño nació el 9 de abril de 1765 en la pequeña y lejana Santafé de Bogotá. Hijo del español Vicente Nariño y la santafereña Catalina Álvarez del Casal, Nariño se crió en el seno de su prestante y acaudalada familia, una de las más importantes de Santafé. Para ese entonces, la ciudad no sobrepasaba los veinte mil habitantes y varios círculos intelectuales comenzaban a gestarse, dando muestra de que el espíritu de la Ilustración había llegado hasta un punto frío y distante sobre la cordillera de Los Andes. Desde temprana edad, Nariño se involucró en la política de su ciudad, llegando a ser alcalde de primer voto en 1789 y tesorero de diezmos de 1791 a 1793. Asimismo, alternaba sus labores de funcionario administrativo con negocios de familia, pues exportaba quina de Fusagasugá (un pueblo cercano a Santafé) a Europa y también, con las tertulias que organizaba en su casa bajo el nombre de “El arcano sublime de la filantropía”.

Sin embargo, los primeros problemas para Nariño llegarían en 1794. En aquel año el criollo santafereño traduciría y publicaría clandestinamente la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, el manifiesto francés que se divulgó a partir de la Revolución ocurrida en dicho país desde 1789. Las autoridades del Virreinato, vigilantes y temerosas de que lo ocurrido en Francia pudiera replicarse en España o alguno de sus dominios de ultramar, no tardaron en abrirle juicio a Nariño. La situación del criollo se agravó por dos factores: En 1781 había tenido lugar la Revuelta de los Comuneros, un levantamiento popular originado en el nororiente del virreinato que se manifestó en contra de múltiples reformas, conocidas hoy como las Reformas Borbónicas, y pese a que el movimiento fue aplastado, había dejado en evidencia la fragilidad del orden virreinal en la Nueva Granada; el segundo factor por el cual la situación de Nariño se agravó, obedeció a la publicación de unos pasquines sediciosos en los muros de Santafé ese mismo año (1794) y por el cual fueron enjuiciados varios universitarios del Colegio Mayor del Rosario, una de las universidades de Santafé. Así, con la traducción hecha por Nariño, las autoridades  sospecharon que sería él quién también estaría detrás de los pasquines aparecidos en Santafé.

Plaza mayor de Santafé de Bogotá. Óleo de Francisco Castillo.

Plaza mayor de Santafé de Bogotá. Óleo de Francisco Castillo.

Hallado culpable de traición, Nariño fue condenado a pagar una condena en prisión en una de las posesiones españolas en el norte de África. Salió de Santafé de Bogotá con rumbo a Cartagena de Indias a finales de 1794, pero al llegar a Cádiz logró fugarse. Por más de dos años y medio, Nariño recorrió Europa y en 1797 regresó al virreinato de Nueva Granada sin ser detectado por las autoridades. Al llegar a Santafé Nariño encontró a su familia totalmente descompuesta: Su esposa, Magdalena Ortega y Mesa, con quien había contraído matrimonio en marzo de 1785, era señalada por la rígida sociedad santafereña y además, había perdido la mayoría de sus bienes, que le habían sido incautados por las autoridades virreinales. Ante tal situación, Magdalena tuvo que acudir a la ayuda de algunas familias prestantes de Santafé que, arriesgándose a ser relacionados con la familia Nariño, le proporcionaban auxilios económicos durante algunos períodos. Viendo la situación que padecían su esposa y sus hijos, Nariño decidió entregarse a las autoridades virreinales acordando que a cambio de la información que él ofrecería sobre posibles levantamientos en el virreinato, se le dejara en libertad y pudiera regresar al lado de su familia. No obstante, el virrey Pedro Mendinueta traicionó su disposición y encerró a Nariño en una de las cárceles de Santafé.

Firma del Acta del 20 de Julio, que reemplaza a la Real Audiencia de Santafé por una Junta de Notables criollos.

Firma del Acta del 20 de Julio, que reemplaza a las autoridades virreinales por una Junta de Notables criollos.

Solo hasta 1803 volvió a ver la luz por intercesión del médico gaditano José Celestino Mutis. El líder de la Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada elevó una petición ante el virrey, haciendo notar que Nariño se encontraba al borde de la muerte, y que el calabozo en el que se le tenía recluido no contribuía al mejoramiento de su salud. Ante tal situación, el virrey dispuso que Nariño fuera trasladado a una hacienda a las afueras de Santafé, donde se le permitiría vivir con su familia en constante vigilancia. Así, de 1803 y hasta 1809, Nariño pudo reencontrarse con su familia y vivir en la hacienda La Milagrosa, al sur de Santafé. Pero en 1809 Nariño volvió a prisión en Cartagena, esta vez por una “disposición preventiva” del virrey Antonio Amar y Borbón, al cual le habían llegado rumores de que se preparaba una revolución en Santafé. Pero la reclusión de Nariño no le garantizó al virrey la estabilidad del orden colonial en Nueva Granada. El 20 de julio de 1810 estalló la revuelta y un mes después se encontró haciendo el mismo camino que Nariño hizo por disposición suya: Amar y Borbón, que había sido reemplazado por una junta americana de gobierno en Santafé, fue devuelto junto con su esposa a España en agosto de 1810. Por otra parte, una junta similar a la de Santafé, tomó también el mando en Cartagena, por lo que a finales de 1810 Nariño fue liberado y pudo regresar a la capital y reencontrarse con su familia.

Jura a la Bandera de Cundinamarca en la Iglesia de San Agustín, Santafé de Bogotá. 1813. Óleo de Francisco Antonio Cano.

Jura a la Bandera de Cundinamarca en la Iglesia de San Agustín, Santafé de Bogotá. 1813. Óleo de Francisco Antonio Cano.

En los años siguientes Nariño fundaría el periódico “La Bagatela”, desde donde atacaría el gobierno del primer presidente de Cundinamarca (así se denominó el nuevo Estado que se componía principalmente de la antigua provincia virreinal de Santafé), Jorge Tadeo Lozano. Así, cuando este dimitió por presión popular en septiembre de 1811, Nariño logró hacerse con el poder de Cundinamarca al ser investido presidente. El 14 de julio de 1813 Nariño declaró por el Estado de Cundinamarca la independencia absoluta de España. A finales del mismo año se embarcó en otro proyecto: La liberación del sur de la Nueva Granada. Es así como reunió un ejército que pretendía liberar del dominio español el sur del país, que aún se encontraba en manos españolas. Sin embargo, en 1814 y habiendo tomado Popayán, Nariño fue traicionado y en una emboscada en la que su vida corrió peligro, hubo de entregarse a las autoridades de Pasto, ciudad controlada por los realistas (españoles y americanos fieles al Rey de España). De allí fue enviado a Quito y posteriormente a Cádiz, donde pagó seis años de prisión y solo fue liberado hasta el estallido de la Revolución de 1820 en España, cuando ya la mayoría de la Nueva Granada había sido liberada por Bolívar. Al poco tiempo Nariño regresó al antiguo virreinato, entonces ya bautizado como Colombia e intentó participar activamente en la vida política de la naciente república.  Atacado por sus detractores y sumamente agobiado por los años de prisión, Nariño se retiró en 1823 a Villa de Leyva, un pueblo al norte de Santafé, donde murió el 13 de diciembre. Así culminaba su vida el neogranadino que promulgó la igualdad de todos los seres humanos y que luchó por hacer su ideal una realidad.

Vía| Santos Molano, Enrique. Antonio Nariño. Filósofo revolucionario. Bogotá: Editorial Planeta, 1999. Bicentenario de Cundinamarca. Nariño: El triunfo de las ideas. Bogotá: Revista Semana, Gobernación de Cundinamarca, 2013.
Más información| Garrido, Margarita. Reclamos y representaciones: Variaciones sobre la política en el Nuevo Reino de Granada, 1770 – 1815. Bogotá: Banco de la República, 1993.
Imagen|Retrato de Nariño;  Plaza mayor de Santafé ; Firma del Acta; Bandera de Cundinamarca
En QAH|La conquista del Nuevo Reino de Granada; Los comuneros de Nueva Granada

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