Coaching Profesional 


Año nuevo, vida nueva

Un año más, lo hemos logrado, o al menos eso es lo que creemos, hemos empezado de CERO.

Cuando comienza el año nuevo sentimos que dejamos atrás todo lo viejo, todo lo que nos pesa, y comemos lentejas porque dan buena suerte para empezar con energía el año que nos espera.

El calendario se acaba y el hecho de arrancar la última hoja nos produce un pánico tremendo, debemos enmendar los errores de los últimos 12 meses para no saltar al vacío una vez más.

Eso sí, antes de la media noche, decidimos despedir el año como se merece, brindando con Gintonic de calidad entre amigos, y haciendo planes para el nuevo año que comenzaran con mas Gintonic (aunque esta vez con Beefeater, que hay que empezar el año siendo austeros) y que convertirán nuestro primer despertar del año en algo como así, pero con 15 Kg más :

 

Pero eso es algo sobre lo que pensaremos más tarde…

Cuando llegamos a casa, y antes de la cena que hará explotar nuestro estómago, nos invaden los nervios y decidimos sentarnos en una silla cargados con artillería pesada: papel y boli; para comenzar a rellenar las hojas de un año que aún no ha comenzado.

Una vez más, sentiremos esa tensión antes de que comiencen las campanadas en la Puerta del Sol, antes de hacer explotar el champán (o la sidra El Gaitero), mientras vemos helarse de frío a Ramonchu y a Anne.
Esa tensión irrefrenable nos hace pensar, reflexionar sobre el año al que acabamos de dar carpetazo. Para que recordemos los triunfos, también los fracasos, promesas que hemos hecho (y que no hemos cumplido), propósitos que se quedaron en el pistoletazo de salida. A los que están con nosotros y… a los que se han marchado.

 

Y es que, a todos nos resulta tentativa la idea de comenzar desde el principio, de hacer como si nada hubiera ocurrido.

Es algo que, al menos por una noche, nos cambia, nos da nuevas esperanzas, nos hace tener ganas de empezar una nueva vida en la que se dejan atrás los problemas, abrimos la puerta para que marchen los viejos hábitos, los recuerdos… pero nunca olvidando que hay algunos a los que merece la pena aferrarse hasta el fin de los días.

Así que SONRÍE, AMA., GRITA y DISFRUTA de estar vivo… que a fin de cuentas, eso es lo que realmente importa.

 

“Espero que te caigas…que te caigas mil veces y te levantes siempre una mas.

Que te partas todos y cada uno de los huesos de tu cuerpo derrapando en este deporte de riesgo que llamamos vida. Y que merezca la pena. Espero que lo hagas y que quede claro que somos piedras que se pulen a golpes bajo la atenta mirada de quienes creen que en una de estas se romperán. Pero no se rompen. Espero que nada consiga partirte en dos.

Espero que recuperes tus pulsaciones y ganes el pulso otra vez. Que aprietes los dientes y le digas al mundo de reojo que sólo sabes caminar hacia delante y que si caminas hacia atrás es solo para recordarte que en peores plazas has toreado. Que aquí hemos venido a jugar. Que juegues. Que las cosas más fuertes son las que nacen en la adversidad.

Espero que saltes. Sí, que saltes desde la decimotercera planta de ese edificio llamado pánico a reconocer que te gusta. Que te den la vuelta a las cartas, que pierdas la partida, que ganes la jugada. Que te pillen el farol. Que te cambien las fichas por amaneceres que algún día contarás. Que merezca la pena.

Espero que te enamores. Y que duela. Que te enamores de esa clase de personas con complejo de lanzadera. De las que te hacen perder el vértigo a cambio de las vistas. Espero que le preguntes a las noches donde está ella y que no te sepan responder. Que no puedas dormir. Que salgas a buscarla. Que la encuentres. Que merezca la pena.

Espero que te pierdas. Que te pierdas en medio de un montón de personas a las que ni por casualidad hubieses imaginado conocer. Espero que dirigirles la palabra sea la única manera que tengas de salir de allí. Espero que salgas. Espero que encuentres a un amigo de verdad. Que lo conserves. Que merezca la pena.

Espero que llores. Que llores hasta salirte de ti mismo y los ejes de la tierra se den la vuelta. Espero que tu mundo se vuelque y que, una vez patas arriba, seas capaz de aprender a vivir boca abajo. Que boca abajo de repente signifique del derechootra vez.

Espero que se te cierren las puertas. Todas y cada una de las que un día estuvieron abiertas en forma de probabilidad. Que tengas que elegir. Que encuentres la manera de abrir las ventanas y comprendas que la luz que entra en nuestras vidas no es sino aquella que nosotros dejamos que entre. Que vivir en la oscuridad nunca ciega, pero tampoco deja ver.

Espero que mires hacia arriba. Creyendo o sin creer. Que mires hacia arriba y des las gracias. Gracias por ti. Gracias por ellos. Gracias por todo. Gracias. Siempre gracias.

Espero que te vuelvas loco. Que encuentres eso que te mantenga despierto, que no te deje dormir hasta que no esté terminado. Que lo termines. Que sea tuyo. Que lo compartas. Que merezca la pena.

Espero que tires la toalla. Que te acorralen contra las cuerdas y por un momento pienses que nada puede ir peor. Espero que ese momento sea eso, un momento. Que seas tú y solo tú quien decida cuanto dura. Que te gires, que des la cara, que sigas peleando. Siempre peleando. Que siempre tengas un motivo por el que pelear. Que merezca la pena.

Espero que sigas yendo a ese bar. Que siempre tengas algo que contar. Que tengas algo por lo que brindar y que no te falte quien te recuerde que los que se han ido ya no están pero que los que se quedan, se quedan por algo. Espero que siempre tengas a alguien que te diga la verdad. Aunque duela.

Espero que te digan adiós. Y que lo digas tú también, queriendo y sin querer.

Espero que te equivoques tantas veces como puedas. Que puedas pedir perdón por ello otras tantas. Que te perdonen. Que siempre vuelvas a casa con una lección aprendida y la paz de quien sabe que el orgullo destruye más que crea y aleja más que acerca. Que te acerques. Que merezca la pena.

Espero que te rompan el corazón. En trozos muy pequeños. Tan pequeños que ni siquiera parezcan trozos. Tan pequeños que se confundan con el polvo. Espero que te agaches. Que los recojas. Que los vuelvas a encajar en lugares que jamás imaginaste que existirían dentro de ti. Espero que te sacudas las telarañas y los tengas donde hay que tenerlos para volver a hacer eso que todos necesitamos hacer tarde o temprano, confiar.

Espero que vivas.

Que sobrevivas.

Y que merezca la pena.”

Un año más estamos frente a una nueva oportunidad, para querer, para perdonar, para intentar hacer las cosas mejor, para dar un poquito más de nosotros mismos. Por un momento dejamos de preocuparnos de “¿Qué hubiera pasado si…? ¿Y si hubiera hecho esto…?” y comenzamos a aceptar con ilusión LO QUE SERÁ, lo que está por llegar.

Y es que “hay gente que jura que no queda belleza en el mundo, ni magia. Entonces ¿cómo se explica que todos nos reunamos una misma noche para recibir con esperanza el año nuevo?
A veces parece que hay muchísimas cosas en el mundo que no podemos controlar: terremotos, inundaciones, reality shows… pero es importante que recordemos las cosas que sí controlamos, como el perdón, las segundas oportunidades, los nuevos comienzos… porque lo único que hace que el mundo deje de ser un lugar solitario para convertirse en un lugar precioso es el amor. El amor en cualquiera de sus formas. El amor nos da esperanza, esperanza en el año nuevo.”

¡¡¡FELIZ AÑO 2016!!

¡¡¡HAZ QUE MEREZCA LA PENA!!!

Vía|Abogada de Barra

Imagen|Barbie; Como conocí a vuestra madre

 

 

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