Jurídico 


Anglicismos como figuras delictivas en el nuevo Código Penal (I): Introducción

Los continuos cambios y avances que se producen en la sociedad tienen -como no podía ser de otra forma- su reflejo en la acción legislativa y en los diferentes códigos de conducta que regulan la realidad social. Sin duda, uno de los acontecimientos que mejor muestra este avance desde hace varias décadas, es el uso de las nuevas tecnologías. En esta serie de entradas, vamos a analizar  nuevas figuras delictivas que se incluyen en la última modificación del Código Penal y que se las conoce a través de términos anglosajones: sexting (art.197.7 CP), stalking (art.172 ter CP) y child grooming (art.183 ter CP)

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Estas formas delictivas eran impensables hace relativamente poco tiempo, puesto que están directa o indirectamente, relacionadas con la utilización de medios electrónicos para la comisión del hecho delictivo, siendo los bienes jurídicos objeto de protección tanto la intimidad, como la libertad y la indemnidad sexual. Se hace patente cómo la criminalidad se ha ido adaptando a los nuevos tiempos mediante el uso de diversos soportes tecnológicos.

Con la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica el Código Penal, parece que se pretende cubrir ese supuesto vacío legislativo originado por la proliferación del uso de las TIC (Tecnologías de la información y la comunicación) y así proteger de  manera más concreta la esfera personal del individuo. 

Actualmente, las TIC nos ofrecen innumerables posibilidades  para compartir y difundir datos, documentos, imágenes o videos, así como comunicarnos con personas ajenas a nuestro entorno sin salir de casa. Si bien, un correcto uso de los medios electrónicos nos puede ser de gran utilidad tanto en el ámbito laboral como personal, un mal uso o un exceso de confianza en un tercero, por mucha cercanía que tengamos con esa persona, puede provocar que seamos completamente vulnerables y que renunciemos, sin pretenderlo, a nuestra parcela más íntima, pudiendo llegar a ser, incluso, víctimas de los delitos mencionados anteriormente. Habría que preguntarse, siempre atendiendo a cada supuesto concreto y a las capacidades cognitivas del sujeto, si debe el Estado proteger un bien jurídico como la intimidad, cuando en ocasiones la propia persona perjudicada no lo hace.

Para profundizar en el tema, analizaremos cada tipo delictivo por separado en futuras entradas. No obstante, invito a la reflexión mediante la siguiente cuestión: ¿sabemos realmente a lo que nos exponemos con el uso de los distintos dispositivos que manejamos diariamente?.

Vía | Código Penal

Vídeo | Jornada sobre la reforma del Código Penal

Imagen | Iuvalladolid

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