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¿Amor o exceso de velocidad?

Blanca

El cuento de hadas termina para darle paso a la realidad

Qué bonito es el amor, ¿verdad? Vivimos en un mundo que parece estar en constante campaña, las películas de Disney nos enseñan desde la infancia la importancia de encontrar a un príncipe azul o una princesa encantada, las comedias románticas nos prometen que el amor siempre triunfa, sea cual sea la circunstancia; para algunos también está la ética y su modelo familiar: el papá, la mamá y los niños. Los medios de comunicación y las normas sociales son un continuo bombardeo, el marido perfecto, la esposa ideal y el hijo en la universidad ¡Hazte con todos!

¿Nadie ha pensado que ese deber impuesto pudiera traer consecuencias? Crecemos con la misión de encontrar al amor de nuestras vidas sin tener en cuenta nada más. Cuando encontramos a alguien nos encanta dejarnos llevar, a nuestro alrededor hay miles de luces de colores y música romántica; al principio solemos imaginar futuros hipotéticamente maravillosos a su lado y en muchos casos se nos olvida que las prisas no son buenas, sobre todo en los asuntos del corazón.

Deberíamos pararnos a pensar y ser consecuentes, está muy bien dar rienda suelta a nuestras emociones, pero no son suficiente motivo como para vestirse de blanco o de pingüino a la primera de cambio, ni mucho menos para hipotecarse ni formar una familia. El amor, el de verdad,  se fomenta con el tiempo, hay que dejarlo arraigar y hacerlo crecer con mucho mimo y atención, regarlo con confianza y tolerancia y dejarle su espacio para poder respirar.

Aun así nadie puede garantizar que sea duradero o incluso eterno, como dicen los cuentos, hay que tener presente que en realidad no es un sentimiento, sino una decisión, y si sueñas con un romance para toda la vida antes debes preguntarte si serás capaz de comprometerte a cuidarlo con dedicación, cada escaleradía, y saber cómo curar las heridas que inevitablemente le causarás (y el amor a ti).

Así que te propongo que cuando conozcas a alguien aprendas a disfrutarlo, que te dejes embaucar, solo un poquito, que te haga reír a carcajadas y soñar con castillos en las nubes. Pero regálale toda tu paciencia, no pienses en mañana más de lo estrictamente necesario porque ya llegará, tan solo preocupaos de construir una buena base.

Ah, y empezad a comer perdices ya, porque ¿quién dijo que para ser feliz hay que esperar? 

Imagen| Lasprovincias, Exito-Motivación

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