Cultura y Sociedad, Historia 


Amadeo I de Saboya: el rey que llegó por mar

Hace 141 años llegaba al puerto de Cartagena un italiano, hijo del rey unificador de Italia Vittorio Emanuele II, para hacerse cargo de una tarea bastante difícil en aquella época: ceñir la corona de España y las posesiones de ultramar que aún no se habían perdido. Este italiano pasó, con más pena que gloria, por la historia de nuestro país con el nombre de Amadeo I de Saboya.

Amadeo I nació en 1845 en Turín y era el típico italiano: alto, moreno, apuesto y de gesto altivo y resuelto. Era tataranieto de Carlos III por vía materna lo que le valió, junto con su condición progresista y su credo católico, el favor del general Juan Prim, quien lo propuso en las que fueron las primeras elecciones que se hicieron en el Parlamento para elegir rey (puesto vacante desde que la Revolución de 1868 pusiera en fuga a Isabel II). Con 191 votos –de 311- se eligió que de nuevo un extranjero ocupara el trono español.

Cuando Amadeo, duque de Aosta hasta el momento, iba rumbo a España a bordo de la fragata Numancia, Prim sufría un atentado, muriendo de las heridas el mismo día que el pisaba suelo español. Cuando llegó el 2 de enero de 1871 a Madrid, lo primero que hizo fue rezar, con más miedo que piedad, ante el cadáver de Prim. Después fue a la Cortes y allí hizo juramento de cumplir y hacer cumplir la vigente Constitución.

España, como hace con casi todos los extranjeros, lo recibió con la punta del pie, sirviendo la presencia del que muchos calificaron de advenedizo para unir a todas las ideologías políticas contra el “enemigo extranjero”.

Para más inri, el pobre monarca novato tuvo que hacer frente, no sólo al rechazo de la sociedad, sino a numerosos frentes que se fueron abriendo a la vez: las presidencias de gobierno se iban sucediendo a una velocidad pasmosa (seis presidentes en poco más de dos años); en las Provincias Vascongadas comenzaron los tumultos que dieron lugar a la III Guerra Carlista para poner en el trono al aspirante Carlos VII; en Cuba la situación era cada vez más insostenible y la independencia, no efectiva hasta 1898, se iba haciendo clara en el horizonte revolucionario de la isla.

El pobre monarca no entendía nada de lo que pasaba, no podía comprender que los españoles ansiaran tanto la paz y un futuro próspero para su nación, pero hicieran tan poco para lograrlo, ya que ninguno cedía en sus pretensiones. En su discurso de renuncia, escrito en la embajada italiana tras ser informado en un restaurante madrileño del cese de sus funciones el 11 de febrero de 1973, podemos leer lo siguiente:

“(…) Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles..”.

Puede que fuera un extraño, un extranjero, pero está claro que captó a la perfección la esencia del pueblo español.

Vía| Efemérides día 30 de diciembre

Más información| Amadeo de Saboya, rey de España, Gigi Speroni. 1989.

En QAH| La Constitución de Cádiz de 1812 o La Pepa, una revolucionaria olvidada

Imagen| Amadeo I,  Amadeo I ante tumba de Prim, caricatura

RELACIONADOS