Salud y Deporte 


¿Es compatible el alto rendimiento con un estado saludable del deportista?

No cabe duda de la importancia que puede llegar a adquirir la práctica regular de actividad física en su contribución en el mantenimiento de un estado saludable de la población, así como en la mejora de la calidad de vida y la prevención de ciertas enfermedades. Sin embargo, la práctica físico-deportiva no siempre tiene por qué ir asociada a un mejora de la salud, especialmente cuando se trata del alto rendimiento deportivo. Las grandes exigencias a las que son sometidos los organismos de los deportistas de élite pueden llegar a poner seriamente en riesgo su estado de salud. Pero, ¿hasta qué punto es posible compatibilizar el máximo rendimiento deportivo con el mantenimiento de un estado saludable del deportista?

El alto rendimiento lleva al organismo del deportista al límite de sus posibilidades.

El deporte de alto rendimiento se ha convertido en un fenómeno socioeconómico de gran impacto en nuestra sociedad. Como consecuencia de ello, a medida que se incrementan los beneficios también aumenta el nivel de exigencia de los deportistas y la búsqueda del máximo rendimiento deportivo. Según Arredondo y Galindo (1994), el principal objetivo de los deportistas de élite consiste en alcanzar el máximo rendimiento individual posible durante la competición. La búsqueda incesante del deportista por conseguir las mejores marcas, el mayor número de títulos posible y/o estar en lo más alto del ranking, podría terminar acarreando graves consecuencias para la salud de los atletas. Durante su carrera deportiva, el cuerpo de un deportista se somete a un continuo estrés físico, fisiológico y psicológico, lo que inevitablemente termina provocando una mayor predisposición para sufrir lesiones y enfermedades debido al enorme desgaste al que se encuentra sometido (García, Cancela, Olveira y Mariño, 2009).

Por todo ello, surge la necesidad de llevar a cabo un seguimiento exhaustivo sobre el estado de salud del deportista de alto nivel. Para García et al. (2009), la cuestión será cómo alcanzar la cima deportiva sin una merma considerable del estado de salud del atleta. Estos autores sugieren 7 indicadores que hacen referencia a dicha relación desde dos perspectivas: durante la vida deportiva activa del deportista y tras su retirada de la alta competición. Por un lado, es fundamental diagnosticar el estado de equilibrio artro-muscular del atleta y llevar a cabo programas de prevención de las lesiones que se den con mayor frecuencia en cada disciplina deportiva con el fin de fortalecer la musculatura implicada y minimizar el riesgo de sufrir lesiones. Asimismo, se debe evaluar y controlar la dieta del deportista en relación a las exigencias de su deporte, y tener en cuenta su composición corporal. Controlar y prevenir el uso de sustancias dopantes también será fundamental para la consecución de un estado saludable del atleta.

Por otro lado, tras el abandono de la competición de alto nivel, es necesario diseñar y/o desarrollar programas de desentrenamiento que contribuyan a evitar la aparición de enfermedades crónicas, así como a mejorar la readaptación a la vida cotidiana del deportista. El abandono de la alta competición supone un cambio radical en la vida del deportista, lo que puede generar un gran desajuste de todos sus sistemas funcionales. En este sentido, numerosos atletas de élite, entrenadores y directivos denuncian el vacío que se origina al finalizar la carrera deportiva de estos atletas, pasando a considerarse como uno de los momentos más delicados y críticos de sus vidas (Ortega, 2006; citado por García et al., 2009). Por tanto, junto al diseño de programas de desentrenamiento, será imprescindible valorar la reinserción en la vida cotidiana de los deportistas retirados.

En resumen, resulta más que evidente el elevado desgaste físico, fisiológico y psicológico que supone el alto rendimiento en el deportista de élite. Sin embargo, la observación y valoración conjunta de todos estos indicadores podrían darnos una idea muy aproximada sobre la relación existente entre el rendimiento de alta competición y el estado de salud del deportista de élite, tanto en su vida deportiva activa como una vez ya retirado de la alta competición. De esta forma se podría valorar una posible compatibilidad. A pesar del elevado deterioro asociado al deporte profesional, será necesario centrar nuestros esfuerzos en la búsqueda de un estado saludable del deportista con el objetivo de mitigar lo máximo posible el impacto de la alta competición sobre el organismo del atleta.

Vía| García, O., Cancela, J. M., Olveira, E., Mariño, R. (2009). ¿Es compatible el máximo rendimiento deportivo con la consecución y mantenimiento de un estado saludable del deportista? Revista Internacional de Ciencias del Deporte, vol. 5, nº 14, págs. 19-31.

Más información| Arredondo, R. A., Galindo, J. M. (1994). Registros corporales producidos por el deporte de alto rendimiento. Educación Física y Deporte, vol. 16, nº 1, págs. 49-58.

Imagen| Rafael Nadal

En QAH| La labor de los psicólogos deportivos Imagen

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