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Alma mía

"La noche estrellada” de Vincent van Gogh.

Cuando era pequeña, muy pequeña, leí que en la vida nadie te diría qué es lo que tienes que hacer o no, pero que iban a ser múltiples los mensajes que sutil y metafóricamente te llegarían para sentirte crecer, para desarrollarte como persona y, en definitiva, para ser feliz. Cuando mis circunstancias me lo permiten, me apasiona sentarme y, en silencio, ajena a todos los elementos externos, descubrir qué hay entre la razón y mi corazón y que hace que, en ocasiones, mi instinto se oponga a mi conciencia. Hace unos días tuve la gran suerte de asistir al Congres Coach Madrid, de la mano de ISAVIA Consultores, y ha sido una de las experiencias más gratificantes y sorprendentes que he podido experimentar.

Por momentos, pude trasladarme a un lugar al que creo que no había llegado nunca. Un lugar en el que aparecieron las buenas sensaciones, esa energía especial que hace que mi vida tome sentido. Un lugar en el que conseguí olvidarme de mi cuerpo y desnudar mi alma a emociones nunca experimentadas. Un lugar de tranquilidad, de sosiego, de libertad, de paz interior. Un lugar que está dentro de mí, que desconocía, pero al que con total seguridad volveré con frecuencia. Un lugar mágico en el que resuena el eco de todos los sentimientos que no puedo describir con palabras. Un lugar, en definitiva, cuyo protagonista invitado es mi corazón.

Si algo he aprendido y he podido comprobar es que somos seres únicos e irrepetibles, con nuestras virtudes y nuestros defectos; con nuestras bondades y perversidades, pero únicos. Seres que cada día sorteamos obstáculos, dificultades y limitaciones que hacen que nuestras fuerzas flaqueen pero que, a su vez, nos conceden la energía suficiente como para experimentar ese cambio que buscamos.

El ser humano no está preparado para vivir, sino para sobrevivir y yo, cada día, me esfuerzo más en abrir mi corazón, en dar gracias por lo que tengo, en perdonar y en pedir perdón, en sonreír…, a pesar de que la vida no se atreva a devolverme todas esas sensaciones y emociones compartidas. ¡No importa! porque, cuando soy yo misma, es cuando disfruto del viaje que me ha tocado realizar y cuando me nutro de cada una de las personas que llega a mí.

Así pues, agradece a la vida que haya puesto a tu lado seres tan distintos, tan especiales, con los que nunca te has de comparar. Sigue tu propio camino, vívelo, porque seguro que en algún punto nos encontraremos.

 

Más información| YLIFEISAVIA Consultores 

Imagen| La noche estrellada

 

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