Historia 


Alistarse en los Tercios

La vida en los Tercios comenzaba tras el anuncio real para crear capitanes: aquellos con méritos suficientes se presentaban ante el Consejo de Guerra con sus papeles de servicios que, tras analizarlos, entrevistaban al aspirante decidiendo recomendarle o no ante el rey, y poder obtener así su patente de nombramiento y una conduta (orden para levantar una compañía en algún lugar determinado en la misma).

bandera

Banderas de los Tercios. Se ve claramente el aspa de la cruz de San Andrés (del cuadro “El último tercio” de Ferrer Dalmau).

En la pagaduría real se aportaba al nuevo capitán un dinero con el que pagar la cuota de enganche de los nuevos reclutas y algo para gastos. Hecho lo cual, diseñaba una bandera, que siempre debía contener la con la cruz de San Andrés en rojo y nombraba a sus hombres de confianza, los que serían los mandos de la nueva unidad: alférez, cabos, sargento, tambor, pífano…

Todos juntos, y profusamente engalanados, partían a los pueblos señalados en la conduta y hacían su entrada en los mismos con toda la pompa y boato posible. Tras establecer su cuartel general en un buen edificio cedido por el corregidor o, en su defecto, por un regidor, los mandos se desperdigaban por las tabernas haciendo labor de proselitismo a la luz de un buen vino: ante la concurrencia, narraban los beneficios de la milicia, los grandes hechos de armas y la vida de aventuras que podían tener.

Los jóvenes, hechizados por la parafernalia, se alistaban en el “banderín de enganche”, donde se les tomaba el nombre y una breve descripción, y se les adelantaba algo de dinero, aunque no mucho por si desapareciera. Por lo general, se entraba como pica seca, es decir, con únicamente los pudientes para comprar algo de ropa de una pica, con la que combatiría sin protección alguna: el resto del equipamiento ya lo iría comprando con el tiempo.

Picas secas

Picas secas: piqueros carentes de protección. Los de la fotografía sólo portan un morrión (tipo de casco).

Formada la nueva compañía, se trasladaba hasta la costa para embarcarse rumbo a Italia. En el camino, los soldados se alojaban en los pueblos por los que pasaban a los que se adelantaba el furriel para obtener las boletas de alojamiento en los ayuntamientos: papeles que indicaban dónde lo haría cada soldado.

Cuando la unidad llegaba a su destino, tal vez Flandes, tras pasar por Italia y seguir el Camino Español hasta allí, bien podía haberse incorporado a algún Tercio donde se establecerían las camaradas (o camaretas), es decir, las agrupaciones de soldados (ocho a diez de ellos) que vivirían juntos, compartirían gastos y entre los que se establecería un fuerte espíritu de pertenencia y hermandad, o sería reformada (disuelta) y sus hombres distribuidos entre otras unidades según la necesidad, en las cuales se incorporarían a camaradas ya establecidas.

A partir de aquí, la mera supervivencia y la inversión del soldado en equipamiento (morrión, peto, arcabuz, etc.) a la par que la ambición y la valía, le harían ir ascendiendo dentro del escalafón de los Tercios.

En colaboración con| Historia Rei Militaris.

Vía| Martínez Ruíz, Enrique: Los soldados del rey. Editorial Actas SL., Madrid 2008.

Para saber más| Claramunt Soto, Alex y San Clemente de Mingo, Tomás: Rocroi y la pérdida del Rosellón. HRM Ediciones, Zaragoza 2014.

Imágenes| Banderas de los Tercios, Picas secas.

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