Salud y Deporte 


Alimentos funcionales: el futuro de la alimentación

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Alguna vez habéis podido escuchar hablar de los alimentos funcionales, pero ¿qué es lo que diferencia a estos alimentos de los que consideramos tradicionales?

Pues bien, son aquellos alimentos que producen un efecto beneficioso en la salud más allá de aportarnos energía, grasas, proteínas o carbohidratos, ya que tienen componentes que ayudan a prevenir, tratar o controlar enfermedades. Los alimentos funcionales más relevantes y sobre los que recae la más sólida evidencia científica son los probióticos, microorganismos vivos representados fundamentalmente por los derivados lácteos fermentados.

 Para producir el efecto beneficioso, estos alimentos deben ser consumidos de forma regular formando parte de una dieta equilibrada. Es importante no confundir alimento funcional con otros conceptos como complemento alimenticio, aditivo, etc.

 

¿Qué tipos de alimentos funcionales podemos encontrar?

  • Un alimento natural
  • Un alimento al que se le haya agregado o eliminado un nutriente o bien se haya modificado su disponibilidad. Hay una gran variedad de componentes biológicamente activos que se añaden a los alimentos; desde minerales, ácidos grasos, antioxidantes, vitaminas…
  • Probióticos, organismos vivos que ingeridos en cantidad adecuada producen un efecto beneficioso en la persona que los consume.
  • Prebióticos, son ingredientes de la alimentación no digeribles pero que afectan al huésped favoreciendo el crecimiento de bacterias beneficiosas.
  • Simbióticos, se denomina así a la asociación de probióticos y prebióticos.

 

Los alimentos funcionales ejercen su actividad en múltiples sistemas, especialmente el gastrointestinal, cardiovascular e inmunológico.

¿Qué beneficios pueden derivar del consumo regular de alimentos funcionales?

Probióticos, prebióticos y simbióticos

Los probióticos, son los alimentos funcionales más populares, y se trata de alimentos fermentados por bifidobacterias y lactobacilos. La flora microbiana intestinal tiene un papel clave en la inmunidad, y el uso de bacterias probióticas contribuye al equilibrio de la flora intestinal y a reforzar el sistema inmunitario, por lo tanto, ayuda a fortalecer nuestras defensas. El yogur y otros derivados lácteos fermentados son los principales representantes de este grupo, al que también pertenecen algunos vegetales y productos cárnicos fermentados.

Los prebióticos, de forma natural están presentes en el trigo, la cebolla, los plátanos, el ajo y los puerros. Como ya he comentado, la diferencia entre probióticos y prebióticos radica en que los primeros son organismos vivos y los segundos no.

Por su parte, los simbióticos potencian su efectividad, ya que los prebióticos estimulan el crecimiento de algunas bacterias probióticas.

 

Alimentos enriquecidos con fibra 

Una dieta rica en fibra es necesaria para el buen funcionamiento del sistema digestivo. Entre los beneficios que aportan un adecuado consumo de fibra, se encuentra la regulación del tránsito intestinal y por tanto la prevención de algunos trastornos como el estreñimiento, y más a largo plazo de cáncer de colon. El consumo de fibra ayuda a regular los niveles de colesterol en sangre y por tanto disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular. Su efecto saciante además ayuda a controlar el peso.

La mejor forma de mantener un consumo regular de fibra es comiendo buena cantidad de frutas y vegetales, si son crudos y con cáscara mucho mejor. También el consumo de legumbres y alimentos integrales supone un buen aporte de fibra.

 

Ácidos grasos omega 3 y ácido oleico

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Los ácidos grasos omega 3, son ácidos grasos poliinsaturados esenciales que deben ser aportados en cantidades adecuadas en la dieta, ya que el organismo no es capaz de sintetizarlos y por tanto deben obtenerse a partir de la alimentación.

Son fundamentales para el desarrollo del cerebro, además de tener un papel protector a nivel cardiovascular, ya que disminuyen los niveles de triglicéridos y de colesterol “malo” o LDL, gracias a su efecto antioxidante. Estos ácidos grasos se encuentran principalmente en aceites de pescado y pescado azul, como sardinas, arenque, boquerones, salmón.. Las nueces y el aguacate también contienen este tipo de ácidos grasos.

El ácido oleico también pertenece al grupo de grasas insaturadas, es el principal representante de los ácidos grasos monoinsaturados, y se encuentra fundamentalmente en el aceite de oliva virgen. Los beneficios de su consumo regular son ampliamente conocidos por su papel en la dieta mediterránea, y podemos presumir de ser los países con menores niveles de hipercolesterolemia a nivel mundial.

 

La alimentación del futuro

Actualmente se conocen los efectos beneficiosos de otros alimentos considerados funcionales tales como los fitosteroles contenidos en algunas margarinas enriquecidas, que regulan los niveles de colesterol en sangre, los fitoestrógenos presentes en legumbres, con efecto positivo en enfermedades como la osteoporosis…

Los alimentos funcionales, utilizados para la prevención y el tratamiento de ciertas enfermedades son a día de hoy una rama de investigación en pleno auge, ya que suponen los primeros pasos en el camino hacia una nutrición óptima y personalizada. Aún así, para que un alimento sea considerado funcional debe ejercer sus beneficios en las cantidades consumidas habitualmente en la dieta.

Hasta el momento, la evidencia científica sobre los alimentos funcionales es escasa, exceptuando el caso de los probióticos, que han demostrado claramente sus efectos positivos.

Por esta razón, los etiquetados en los alimentos deben ser claros y sin dar lugar a confusiones ni ambigüedades en el consumidor. La regulación legal de estos aspectos es también uno de los elementos a desarrollar junto con el avance científico y la garantía de seguridad alimentaria.

Quizás dentro de unos años nos encontremos en el supermercado con alimentos personalizados, pero actualmente somos nosotros los que debemos decidir qué productos se adaptan a nuestras necesidades, así que si tenemos en cuenta que la dieta mediterránea proporciona como base numerosos alimentos funcionales como frutas, verduras, legumbres, hortalizas, pescados y lácteos, no es un mal comienzo, ¿no?

 

Vía | EUFIC, FESNAD

Más información | FESNAD

Imagen | Alimentos funcionales

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