Patrimonio 


Alarcos: La necrópolis del príncipe íbero

Para el resto de las actividades de la vida cotidiana, agosto es un mes flojo. Pocas noticias que se puedan llamar como tal, refritos y reposiciones de “Doctor en Alaska” en la televisión para combatir el calor. Pero en la arqueología, como siempre afirmamos, el estío es el gran momento de las noticias y de los titulares en prensa. Este mes nos vamos a ir a Alarcos, en la provincia de Ciudad Real, pero no vamos a hablar de su archiconocida batalla, sino que nos vamos a retrotraer un poco más en el tiempo. Hasta la época íbera, concretamente.

Alarcos: La necrópolis del príncipe íbero

¿Y cómo es que nos vamos tan atrás en el tiempo? Pues bien: durante las obras para una infraestructura hidráulica en 2013 se encontró una necrópolis. Después de este descubrimiento fortuito, tres veranos consecutivos de campañas arqueológicas: 2014, 2015 y 2016, en las cercanías del oppidum (asentamiento fortificado) de Alarcos. Éste es un asentamiento de 33 hectáreas, se alza sobre un cerro de 100 metros de altura y está rodeado de buenas defensas naturales (río Guadiana), lo que permitió que fuera un establecimiento apto para un hábitat permanente. Después de mucho tiempo de investigación, salen ahora a la luz, en forma de libro, los resultados.

De las 25 tumbas encontradas, una de ellas (a tenor de lo dicho por los especialistas) se cree que podría ser un príncipe íbero. El resto, aristócratas guerreros. Las tumbas tienen una fecha de datación muy cercana a la muerte de Amílcar. Se ha considerado que lucharan junto al rey oretano Orisón en Heliké (actual Elche), ya que es mucha casualidad que esta rica necrópolis tenga fecha pareja con la muerte del guerrero cartaginés, entre el 220 y el 90 a.C.

Falcatas íberas encontradas en una de las tumbas

Dentro de estas tumbas, se han encontrado dos mujeres guerreras, pero sobre todo destacan tres enterramientos suntuosísimos: desde armas (falcatas y lanzas) y bocados para los caballos hasta orfebrería de lujo, tanto oro como plata. Como dato del poderío económico y/o la importancia de uno de ellos, se encontraron 453 tabas, lo que significa el sacrificio de 222 corderos. Los cuerpos de los guerreros fueron incinerados e inhumados en vasijas o urnas.

Para el anteriormente citado príncipe, una tumba a la altura de su rango: grandes bloques de piedra bien labrada y escalonada. Este enterramiento fue saqueado en la antigüedad, desafortunadamente, por lo valioso de su ajuar: que estima que más o menos un 9% de los casi 330 objetos encontrados son de oro. También se ha hallado un cenotafio, sin cuerpo pero con su ajuar funerario correspondiente.

Una duda planteada por el equipo de investigación es lo llamativo (por opulento) de estos enterramientos. ¿Y el pueblo llano, qué se hacía con sus restos? Éste no es el caso de una sociedad 100% militarizada, pero no se sabe a ciencia cierta qué sucedía con los cuerpos del resto de la gente, de los que no pertenecían a la élite. Esto es algo muy deshabitual, porque en un asentamiento como éste podía haber fácilmente un millar de personas y estuvieron ocupándolo alrededor de seis siglos.

Necrópolis donde se han encontrado los restos

Lo bueno de este descubrimiento y, sobre todo, de su exhaustivo estudio posterior, es que va a despejar dudas sobre los ritos funerarios íberos en profundidad, de los que se conocen pinceladas bastante generales. “La necrópolis de Alarcos”, dice David Rodríguez, uno de los investigadores, “supone un notable salto cualitativo en el conocimiento de la realidad funeraria ibérica, al poder presentar contextualizados un conjunto de tumbas y materiales que nos permiten abordar con más garantías una mejor definición del ritual funerario ibérico en general y del oretano en particular”.

 

Vía| El País
Más información| Lanza DigitalLanza Digital, Mi Ciudad Real, Wikipedia
Imágenes| El PaísMi Ciudad Real,
En QAH| Las estructuras urbanas de Alarcos

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