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Al otro lado de la corrupción política

 

Puede que no exista tema más actual y controvertido, que el que vamos a tratar a continuación. ¿Qué esta ocurriendo con el sistema político, la clase que lo forma y la democracia que supuestamente lo sustenta?

No es necesario que traigamos a colación, los incesables sucesos que están ocurriendo de un tiempo a aquí, para ello sólo tenemos que estar al día de todo medio de comunicación y por ello no nos centraremos en ese desagradable aspecto, ya que sabemos de su existencia sobradamente.

La teoría es una utopía preciosa, y con ello me refiero a lo que se entiende por los máximos logros y objetivos que deban alcanzarse. Éstos no son posibles en su totalidad, pero establecen el camino para avanzar en la dirección deseada. Sin embargo, que un porcentaje, considerable o no, haya decidido apartarse de ella, provoca que el resto sea metido en el saco que no le corresponde.

La profesión política puede llegar a ser muy noble, como cualquier otra, en ella se plasma la lucha de valores y principios que representan a un grupo determinado y una forma, quizás la más directa y asequible, de transformar nuestro entorno.

Sin embargo, la palabra “político” produce rechazo, irritación e indignación, reacción lógica a la vista de los acontecimientos, que nos hace pensar que éste es aquel ser con traje de chaqueta que ha arrasado con las arcas públicas en su propio beneficio.

La posición de aquellos que han decidido no proceder de esa manera y que dedican su esfuerzo y trabajo por convicción propia a lo que consideran que es el bien común, a un ideal de sistema que plasme su concepción de una sociedad justa, más acertada o no, pero sin pretensión de hacer daño alguno, es complicada y difícil de defender.

Al otro lado de la corrupción política

Al otro lado de la corrupción política

El sentido del deber y la participación ciudadana es el motor que puede llevar a muchas personas a introducirse en la función pública a través de sus diferentes vertientes.

Es cierto que el riesgo de la profesionalización política es evidente. Alguien que obtiene su medio de vida únicamente del quehacer político, sin conocer puesto de trabajo previo o incluso uno al que pueda volver, puede llegar a ser peligroso.

En los momentos en los que la democracia parece haber perdido toda credibilidad, cuando sus medios de participación no producen los resultados deseados, es necesario gente que esté dispuesta a luchar por ella y ahora es el momento, cuando las situaciones desesperadas favorecen la existencia de radicalismos y el control del poder pasa a manos de quienes lo protagonizan.

No hablamos de partidos, ni de colores, tampoco de las carencias que pudiera tener el sistema democrático, que las tiene, para ello sería necesario un análisis más exhaustivo.

Tan sólo sin olvidar la importancia de la lucha contra la corrupción y la imposición de penas de manera objetiva, se puede atisbar una pequeña luz de esperanza y creer que aún es posible una gestión noble, por raro que parezca.

Vía|El Confidencial

Imagen|Políticos

En QAH|¿Son suficientes las normas actuales para luchar contra la corrupción en España?

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