Historia 


Al acecho del Caribe: Corso-piratería (s.XVI)

Al avanzar los primeros años del siglo XVI Europa se fue percatando de la importancia de América y de todo lo que podía ofrecerles. Con tal percepción vemos como hacia la década de los 20 hay en el Atlántico un movimiento creciente de lobos de mar que hacen del triángulo entre las Azores, Canarias y la Península, el terreno de caza ideal para cumplir el cometido doble de hacerse con los tesoros indianos y enriquecerse a ellos y a sus estados. Francisco I de Francia sería el primero en destacar esta política, determinando que la primera mitad del siglo XVI es de actividad francesa si analizamos las cifras. No se conforman literalmente como corsarios en el sentido legal de la palabra, puesto que las patentes de corso expedidas por Francia en esas primeras décadas son bastante abiertas en cuanto a las condiciones en que se debe atacar a españoles, portugueses u otros enemigos. Hablaríamos por lo tanto de una corso-piratería, puesto que corresponden a particulares actuando en beneficio propio y en su fin último beneficiando a la Corona al debilitar a sus enemigos en beneficio suyo. Atacan tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz y son el grueso de las “armadas” que cada estado debe configurar para defenderse.

Galeón español. Las rutas indianas y las Flotas de Indias fueron objetivos claros de corsarios y piratas.

Galeón español. Las rutas indianas y las Flotas de Indias fueron objetivos claros de la corsopiratería inglesa y francesa.

Estos hombres salen al mar gracias al trabajo de los armadores que invierten en las empresas de ultramar, entendiendo en este sentido que detrás de nombres corsarios como los del ya mencionado Jean Fleury o el de François Le Clerc, se encuentren grandes empresas navieras como la de la familia Ango, que durante décadas puso sus barcos y su base de Dieppe al servicio de la Corona francesa. Estos armadores serán los que reciban las patentes para realizar el corso, interesándose en todo momento por lograr los máximos beneficios de sus empresas, algo que sin duda alguna conseguirán si vemos los resultados dados en la década de los 20-30 por Fleury, responsable de la captura del Tesoro de Moctezuma en el momento en que se dirigía a la Península.

A mediados de siglo, estos corso-piratas dieron el salto definitivo a América, amparados entre otras cosas por la desprotección de las Antillas Menores y aprestados al asalto de las rutas que entraban por La Española. Le Clerc sería el primer corsario documentado en recibir patente de corso para actuar directamente contra las estructuras coloniales americanas, planteándose así la oficialidad de una política naval que ya había llevado a cabo saqueos y ataques a las Antillas, encuadrándose estos ataques en el contexto de las Guerras con Francia de Carlos V. La Habana, Santiago, San Germán, Baracoa, etc., son ejemplos de los ataques que a lo largo de la década de los 20-30 protagonizaron piratas franceses e ingleses.  El Caribe sur pronto sufriría la misma suerte, destacando la campaña de Robert Wall en Tierra Firme hacia 1544, llegando a saquear Cartagena de Indias con un monto de cerca de 40000 pesos.

El Caribe en el siglo XVI

El Caribe en el siglo XVI

El análisis de esos ataques nos mostrarían un patrón en el que se vería como los primeros 20 años del XVI fueron predominantemente franceses, viéndose como en la década de los 30-40 se empiezan a sumar la estirpe inglesa, que en la segunda mitad del siglo XVI prácticamente monopolizará el corso contra España, generando un nuevo tipo de corso con señas de identidad inglesa. Esto sería en parte muestra de la política exterior del momento, cambiando el foco de conflicto de Francia a Inglaterra, la cual a mediados del XVI estabilizará su situación interior, iniciando así políticas exteriores agresivas. Se trataría de una política de expansión económica y de influencias de carácter ultramarino, que chocará con la realidad vigente desde principios de siglo: el monopolio sevillano. Esto provocará que Inglaterra lance a sus corsarios al mar, legitimando las acciones al mismo modo que lo hizo Francia, pero uniendo a la acción violenta un factor más económico, con el objetivo de rendir más los beneficios del saqueo.

Así podríamos ver en las fuentes el relato de un gran número de personajes que practican el contrabando en el Caribe con mercancías obtenidas en el saqueo de rutas navales atlánticas, o que atacan los barcos y las poblaciones que se niegan a entablar relaciones comerciales con ellos. Todo esto lo realizan desde el amparo legal de los permisos reales y patentes de corso, consiguiendo incrementar los beneficios del corso al poder cambiar mercancías propias del monopolio español y llegando incluso a desarrollar unas redes muy importantes de contrabando aceptadas por la propia población local, tal y como ocurre en la franja norte de La Española en el siglo XVI.

El corso unido al contrabando nos arroja nombres tan ilustres como John Hawkins o Francis Drake, los cuales inician su andadura como contrabandistas y piratas, algo que queda lejos de los cargos y noblezas de los que se les dotó con posterioridad gracias al resultado de sus acciones corso-piráticas al servicio de Inglaterra. De Hawkins nos quedan sus campañas en el Caribe, donde combinando el contrabando con la acción violenta salió en la década de los 60 con un gran botín, habiendo hecho acto de presencia en La Española, Curaçao, Santa Marta, Cartagena y Jamaica. De Drake es conocida su singladura en el Pacífico en los 70, momento de eclosión de la política corso-pirática inglesa. Con posterioridad, entre 1585 y 1586, Drake volvió al Caribe en una campaña de ataques que dejó un saldo muy negativo a la Corona española, destacando el asalto y saqueo de Santo Domingo en 1586, sometiendo la ciudad durante un mes, y asaltando también Cartagena de Indias.

Francis Drake, corsario inglés de gran peso en el Caribe español y en las políticas marítimas inglesas

Francis Drake, corsario inglés de gran peso en el Caribe español y en las políticas marítimas inglesas

Cavendish, Frobisher, Richard Hawkins, Cumberland u Oexnam, completan la lista de corsarios y piratas ingleses que siguieron la línea marcada por John Hawkins o Francis Drake, los cuales verán sus últimos combates en el Caribe en 1595, al fracasar en el intento de tomar Panamá y hacerse con la plata de la Flota de Indias. También destacaremos las acciones del corso holandés, que en el último tercio del siglo, se lanzaron a la caza de las riquezas indianas, siguiendo la estela inglesa en cuanto a metodología. No tuvieron gran relevancia en el Caribe por centrar su política naval en Suramérica.

El corso se muestra como una herramienta efectiva para los diferentes estados en la medida en que logran en algunos momentos debilitar o poner en jaque la situación naval y colonial de Portugal y sobre todo España, que pasará buena parte del siglo XVI intentando establecer redes de defensa naval efectivas en el Atlántico. A Francia e Inglaterra se le sumarán con posterioridad nombres holandeses, daneses, etc., configurando un tipo de corso y piratería que en el siglo XVI estaría muy marcado por el desarrollo de las diversas guerras de religión.  Este corso comenzaría a reorganizarse cuando se hacen efectivos los primeros asentamientos no hispano-portugueses en el Nuevo Mundo, pero viendo como a través de la acción directamente armada o por las acciones de contrabando, o uniendo ambas, la navegación americana sigue siendo un peligro constante para los comerciantes y las armadas hispanas.

Vía | BUTEL, Paul. Les Caraïbes au temps des Filibustiers. Paris: Aubier Montagne, 1987

LUCENA SALMORAL, Manuel, Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América: perros, mendigos y otros malditos del mar, Madrid, MAPFRE, 1992

WILLIAMS, Neville. The Sea Dogs, Privateers, Plunder and Piracy in the Elizabethan Age. New York: MacMillan Co., 1975

Imágenes | Galeón español, Caribe siglo XVI, Francis Drake, Naufragio

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