Cultura y Sociedad 


Agorafobia: el miedo al miedo

La Agorafobia es un trastorno de ansiedad que provoca miedo a los lugares abiertos, miedo a no poder recibir ayuda, a la indefensión, en definitiva, miedo al miedo. Proviene del griego agora (plaza) y phobos (miedo).

Durante sus crisis, los agorafóbicos padecen palpitaciones, sensación de ahogo y opresión en el pecho, mareos y sudoración. Éstos y otros síntomas les hacen incluso temer por su vida.

El punto de partida de la agorafobia lo encontramos en algo tan sencillo como que no todos somos iguales, ni sufrimos las mismas experiencias en la vida con lo que nuestro modo de reacción tampoco será el mismo, si bien es cierto que el origen de la agorafobia sigue un mismo patrón.

En nuestro subconsciente tenemos mecanismos de defensa, por ejemplo, de pequeños, metemos algo de metal en un enchufe y nunca más lo hacemos, eso es aprendizaje, pues aprendemos a no volver a repetirlo, esa es una respuesta correcta por parte de nuestro organismo, acción-reacción.

Conforme crecemos, vamos “protegiendo” nuestro cuerpo frente a aquello que nos produce pánico; sin embargo el surgimiento de la agorafobia puede llegar a desarrollar una evitación que impida desarrollar la vida cotidiana.

Pasar de tener una vida normal a quedar absolutamente incapacitada por un miedo fóbico que dirige tu vida hasta el extremo de anular tu existencia: no poder salir de casa si no es acompañada, tener que sentarse en los extremos si quieres poder compartir mesa con tus propios seres queridos, ser incapaz de quedarse sola en casa o de entrar en centros comerciales son algunos de los obstáculos con los que se encuentra un agorafóbico, que por más que intenta buscar una lógica a sus limitaciones, no la encuentra y acaba sumergido en un gran sufrimiento agravado todavia más por la incomprensión de la sociedad ante el desconocimiento de tal enfermedad. Silvia Linares Vilaraeau

Aquí os dejo un ejemplo de un proceso agorafóbico: Una persona, al volver del trabajo por una calle X, es atracado. Esa misma noche recuerda el suceso una y otra vez, casi sin poder dormir; al día siguiente, al pasar por una calle cualquiera siente el temor a volver a ser atacado pero poco a poco con el paso de los días se le va olvidando. Al tiempo, tiene que volver a pasar por la calle X, pero ante el temor a un nuevo atraco, coge la calle Y, donde desgraciadamente es atracado de nuevo. Lo mismo le sucede días después.

Ante este ejemplo, algunas personas necesitarían tres atracos para desarrollar la agorafobia, a otros les bastaría sólo con uno, otros no llegarían a desarrollarla nunca.

Vía| Agorafobia, ACTAD

Más información| Mi lucha contra la agorafobia, Silvia Linares Vilaraeau

En QAH| La Amaxofobia: Pánico en la carretera

Imagen| Agorafobia, Ventana

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