Patrimonio 


‘Adoración de los pastores’, de Antonio del Castillo

Se considera a Antonio del Castillo el padre de la Escuela Cordobesa y encontramos obras suyas repartidas por muchas iglesias de Córdoba, incluida la Catedral de la ciudad, así como por distintos museos del mundo, entre ellos el Prado.

Policromador y diseñador arquitectónico, decorativo y orfebre, aunque más conocido por su faceta de pintor, Antonio del Castillo nació en 1616 en Córdoba, donde pronto recibió sus primeras lecciones de pintura de la mano de su padre, el también pintor Agustín del Castillo. Tras quedar huérfano, pasó a educarse con un pintor del que no tenemos muchas noticias, Ignacio Aedo Calderón. Completó su formación en Sevilla en los talleres de Juan del Castillo, su tío, y Francisco de Zurbarán.

Tras esta etapa de formación sevillana lo encontramos en 1635  en Córdoba, donde se instala definitivamente y se convierte en el artista más importante de la ciudad, realizando tanto obra religiosa de altar como series de mediano tamaño.

Es posible rastrear más información acerca de nuestro autor en la obra “Paseos por Córdoba”, escrita por Ramírez de Arellano en 1873 y considerado el libro de referencia de la historia de Córdoba. En él se menciona a nuestro autor, así como algunos aspectos de su biografía. Dice así:

Es creencia muy admitida que en la calle de los Muñices tuvo su morada y murió en 1667 el pintor cordobés Antonio del Castillo y Saavedra, que había nacido en 1603; discípulo de su padre Agustín, de su tío Juan del Castillo y de Francisco Zurbarán, llegó á adquirir gran fama por su correción, particularmente en dibujo, como se vé en las muchas obras que dejó y en su mayor parte se conservan. Fue maestro del célebre Juan de Alfaro, de quien después tuvo celos, y por último pasó a Sevilla, donde al ver las obras de Murillo, a quien no podía igualar, cayó en una especie de melancolía que lentamente lo llevó al sepulcro. No hemos encontrado la partida de defunción en la parroquia de la Magdalena”.

Al bucear en su estilo, no se aprecia una clara evolución y se mantiene alejado de las novedades barroquizantes que presentan otros pintores contemporáneos. Se muestra más cercano al naturalismo en las figuras de santos y más abierto cuando se trata de composiciones historiadas en las que se aprecia su gusto por incluir arquitecturas y paisajes. El tratadista del Arte Palomino ya lo define como un “excelente paisajista y es cierto que en sus obras se aprecia esa capacidad del maestro cordobés para captar la naturaleza.

La obra sobre la que vamos a hablar en  este artículo es la “Adoración de los pastores”. Una obra realizada en óleo sobre lienzo alrededor de 1650-60, que pertenece al Museo del Prado y que actualmente la podemos encontrar en depósito en el Museo de Málaga. De este tema Castillo realizó otras versiones que hoy se encuentran en colecciones privadas como la colección Masaveu.

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El autor realiza esta obra en estilo tenebrista y muestra un interés especial por la representación de la realidad alejada de la idealización y, fundamentalmente,  por los contrastes lumínicos. La personalidad del artista se pone de manifiesto en aspectos como la solidez del dibujo, que predomina sobre el color y en el uso de la luz, al estilo tenebrista que marca acentuados claroscuros empleados por el artista para destacar aspectos esenciales de la pintura, como el rostro de la Virgen, que sostiene entre pañales al Niño, y el pastor del primer término. Si trazáramos una X que atravesara el cuadro de arriba abajo y de izquierda a derecha observaríamos cómo el artista compone la obra a través de los puntos de luz. Sobre la escena principal, y surgiendo del fondo casi negro, hay unos angelillos que revolotean llevando una cartela con el texto latino “Gloria in excelsis Deo, et in ter(r)a pax hominibus bonae vol(l)vntatis”, que significa “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

Finalmente, sobre el fondo nocturno, en un plano lejano y secundario, y como si se tratara de un cuadro dentro del cuadro,  se representa el anuncio del ángel a los pastores, escena cronológicamente anterior a la Adoración. En la obra destaca también una curiosa galería de tipos humanos retratados de acuerdo con la costumbre de la época, reproduciendo personajes absolutamente populares, casi afeados y viejos, lejos de las idealizaciones que se habían realizado en cuadros de épocas anteriores; aspecto que pintores como Velázquez, Ribera o Murillo ya habían incluido en su pintura.

 

Vía| Museo del Prado, Museo de Málaga, IAPH, RAMÍREZ DE ARELLANO, T; Paseos por Córdoba. Maxtor, 2003.

Más información| ArteHistoria, Foroxerbar.com

Imagen| Adoración de los pastores

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