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Adiós, España…y ahora…¿qué?

Normalmente no veo la televisión, pero, cuando empezaron los programas de españoles que tenían que emigrar para buscarse la vida en otros países por no poder hacerlo en el suyo propio, empecé a verlos a menudo.

Me llamaba la atención lo bonito que era todo, bonito y fácil. Soy algo crédula y siempre pensé que era así realmente, pero descubrí que no cuando vine a Suiza hace tres años. Yo no soy una inmigrante en el sentido estricto de la palabra, Suiza es mi país natal y tengo la nacionalidad, por lo que no he tenido los problemas que han debido afrontar los españoles que viven aquí.

He hablado con personas que han venido a Suiza desde España y sus experiencias distan mucho de la imagen idílica que se muestra en esos programas.

Una chica que lleva aquí un año y medio, acabó la carrera en España y no encontraba trabajo, por lo que decidió venir a buscar empleo como au pair. Eligió Suiza porque era aquí donde le ofrecían las mejores condiciones de trabajo pero, al llegar, se dio de bruces con la realidad, el nivel de vida aquí es muy alto y el dinero que le daban no le alcanzaba para nada.

Encontró trabajo en un pueblecito, en teoría, tenía que cuidar a una niña de tres años pero también le dijeron que debía limpiar la casa y planchar, cosa que no es competencia de las au pair.

Todo iba bien hasta que, en su primer fin de semana en la casa, el matrimonio discutió, la mujer estaba celosa porque el marido le prestaba mucha atención a la chica. Ella, viendo el panorama, decidió aguantar un mes más y luego irse, pero se le adelantaron. Su jefe le dedicó todo tipo de improperios, le quitó el acceso a internet y la tuvo sin comer durante unos días. Después, la dejó en la estación de tren, sola, con tres maletas y le dijo que se buscara la vida para llegar al aeropuerto, por suerte, consiguió que le pagaran el billete de avión y pudo volver a España.

Empezar de cero

 

También hablé con un chico que vino aquí con su padre y un amigo de este, se alojaban en una habitación por la que pagaban el doble de lo que valía en realidad. Estuvo dos meses dejando curriculum hasta que lo llamaron de una empresa de trabajo temporal, su jefe le dio un documento que le permitía buscar empleo durante tres meses, pues él sólo requería sus servicios eventualmente y quiso darle la oportunidad de encontrar un trabajo estable. Pasado un tiempo, le volvió a llamar, esta vez para trabajar de jardinero con otro jefe. Este no le trataba bien pero aguantó un mes entero trabajando en unas condiciones que dejaban mucho que desear. Cuando acabó el mes, no le firmó las horas que había trabajado, pagándole sólo dos semanas y le echó. Él fue varias veces a tratar de hablar con el jefe para cobrar lo que le faltaba pero éste le rehuía y hasta amenazó con llamar a la policía, por lo que desistió.

Tuvo varios trabajos más, todos de corta duración, hasta que encontró uno donde le contrataron de forma permanente, pero tuvo mala suerte y se rompió el brazo al caerse de una escalera que estaba defectuosa y a la que, prácticamente, le obligaron a subir por no querer dejarle otra en buen estado. Ahora está de baja y tiene que hacer rehabilitación.

Lo que me sorprende del caso de este chico en concreto es que los que abusan de los españoles que vienen aquí sean españoles también, sólo porque tuvieron más suerte y ahora poseen negocios propios ya se creen con derecho a estafar y abusar de la gente, sean de su país o no. Es increíble cómo la gente olvida lo duros que fueron sus comienzos en cuanto las cosas les van bien, diría que hasta disfrutan viendo cómo el recién llegado lo pasa mal, pasando por alto que ellos lo pasaron igual de mal o peor y, en lugar de ayudarle, le pisan para hundirle más en el fango.

Conozco también el caso de otra chica, lleva cuatro meses aquí, empezó dejando cartelitos en los supermercados para encontrar trabajo cuidando niños, aunque no fue fácil dado que no habla el idioma. Tuvo “suerte” y encontró trabajo cuidando a un niño español de cuatro años.

Las cosas no tardaron en torcerse, el niño estaba muy malcriado y no sabía aceptar un no, lo que para ella era una tortura porque, si le negaba algo, el crío se tiraba al suelo y empezaba a berrear, lo mismo le daba estar en el tranvía que en la frontera delante de los guardias fronterizos. Por no hablar de que le pagaban tarde, mal y nunca y estaba todo el día paseándose de arriba abajo, pendiente de ir a recoger o a devolver las llaves de casa a la madre del niño, ya que siempre se negó a darle una copia. El tiempo que pasaba yendo de aquí para allá no lo cobraba, por supuesto, y encima tenía que soportar las ridículas quejas y acusaciones de la madre del niño, que se inventaba cosas simplemente para descubrir si ella le decía la verdad.

Esto me ha hecho abrir los ojos pues si bien yo, como ciudadana suiza, no he tenido que pasar por nada de esto, no puedo evitar pensar en que si me hubiera ido a cualquier otro país, me habría pasado lo mismo que a ellos.

Por todo ello, quiero expresar mi más profunda admiración y mi respeto a toda la gente que emigra para buscarse un porvenir y no se rinde pese a las dificultades que debe afrontar, siguen al pie del cañón, y eso merece que nos quitemos el sombrero.

Imagen| Sentimientos

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