Reflexiones 


Adictos a las distracciones

 

“La mayoría de los hombres preferirían provocarse descargas eléctricas a estar a solas con sus pensamientos”.- Timothy Wilson

Adictos a las distracciones

Adictos a las distracciones

A esta sorprendente conclusión ha llegado el catedrático de psicología de la universidad de Virginia en su último estudio, en el que quiso averiguar si somos capaces de concentrarnos en nada más que nuestros propios pensamientos (sin que nos dé un telele). Para ello puso a prueba a varios sujetos y les dejó a solas en una habitación durante no más de quince minutos sin ningún tipo de distracción, salvo la posibilidad de administrarse una descarga eléctrica. Pues aunque parezca una locura, más de la mitad de los hombres y un poco más de la cuarta parte de las mujeres se administraron la descarga.

Esto muestra una realidad tan preocupante y lamentable como que podemos llegar a preferir hacer cualquier cosa por desagradable o dolorosa que sea antes que enfrentarnos a nuestra propia mente.

Sabías que…elementos como el juego, la comida, el alcohol, las compras o el trabajo pueden utilizarse como vías de escape a nuestro propio pensamiento derivando en adicciones.

Parece muy extremo desde el punto de vista planteado por Wilson, pero vamos a pensar un momento en lo que hacemos nosotros cuando estamos solos. Vas en el metro, estás viendo la tele, en una cola, en una sala de espera…¿en cuántas de estas ocasiones no estás haciendo nada salvo pensar o vivir sin más el momento en cuestión? ¿eres capaz de no pensar en tu móvil, reproductor de música, libro como vía de escape?

La realidad es que generalmente buscamos cualquier tipo de excusa o distracción para evitar escuchar lo que nuestro cerebro tiene que decirnos. Preocupaciones, angustia, miedos, inseguridades, insatisfacciones… todo ello nos lleva hacia un punto concreto: nosotros mismos. ¿Es eso a lo que tanto tememos? Aprender a escucharse pasa por ser honesto con uno mismo, y eso, siempre nos hará llegar a conclusiones desagradables y a darnos cuenta de que somos culpables de la mayoría de nuestros malestares.

“No es que me de miedo estar  a solas conmigo mismo, es que me aburre no hacer nada” podríamos argumentar. Entonces tenemos otro problema, se nos ha olvidado reflexionar de un modo natural y saludable.

Técnicas como la meditación buscan precisamente eso, conseguir llegar a un equilibrio emocional en el cual no nos de miedo estar a solas con nuestro “yo”, sino que sea una vía de escape y un placer. En otras palabras, hacer las paces con nosotros mismos, controlar lo que pensamos y no ser controlados por ello.

Quizás empezar por admitir nuestros problemas y nuestro grado de implicación en ellos sea el primer paso, después perdonarnos por ello y buscar una solución admitiendo que somos humanos, falibles e imperfectos y que no hay que culpar sino cambiar.

Me gustaría terminar con la conclusión de Wilson y su equipo, que siguen investigando en las razones de esta actitud, tras el estudio: “Sin un entrenamiento que nos ayude a manejar nuestros pensamientos, preferimos hacer a pensar aunque lo que estemos haciendo sea tan desagradable que con distracciones de por medio pagaríamos para evitarlo”

Y tu, ¿quieres vivir anestesiado?

Vía| The Washington Post

Más información| Science 

Imágenes| Pensador, Portada

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