Cultura y Sociedad 


Ada Lovelace: la princesa de los paralelogramos

En la sociedad pre-victoriana de 1833, Ada Lovelace, una joven de 18 años, asiste al acto de presentación de Charles Babbage de su modelo de máquina analítica: la Analytical Engine (1) . Otro asistente al evento, comentó: “Mientras otros asistentes observaban los trabajos de aquel maravilloso instrumento con cierto asombro, (…) Miss Byron, joven como era, comprendía su funcionamiento, y apreciaba la gran belleza del invento”.

Augusta Ada King, Condesa de Lovelace, nacida Augusta Ada Byron un 10 de diciembre de 1815, es la única hija legítima del poeta romántico George Gordon Byron, Lord Byron, y su esposa la baronesa Anna Isabella Noel Byron, una dama de exquisita educación y gran sentimiento religioso, tan alejados del carácter casi amoral y agnóstico de su excéntrico marido, que el matrimonio no duraría mucho: al mes de nacer Ada, Byron abandona a su mujer (e Inglaterra, definitivamente, cuatro meses después)(2).Ada_Lovelace_Chalon_portrait

Lady Anna Isabella guardó siempre un perpetuo rencor a su marido, y para evitar que su hija heredase de su padre su “locura” y su carácter libertino por vía de la “vena poética”, le procuró una sofisticada educación en la lógica y las matemáticas.

Lo que no sospechaba su madre es que el mismo Lord Byron tampoco deseaba para su hija dedicación por las letras. Dijo en una ocasión: “Me han dicho que es inteligente… ¡espero que no! Pero, sobre todo, espero que no sea poética; el precio que ha de pagarse por tales privilegios, si es que son privilegios, es tal que lo que deseo es que mi hija se libere de ellos”.

Uno de sus profesores fue Augustus de Morgan, matemático pionero en el desarrollo de la lógica simbólica, creador de las Leyes de Morgan que rigen la lógica proposicional y el álgebra booleana, a quien Ada escribió en una ocasión:

I may remark that the curious transformations many formulae can undergo (…) I am often reminded of certain sprites and fairies one reads of, who are at one’s elbows in one shape now, and the next minute in a form most dissimilar…

Las fórmulas le parecen hadas o duendes… Casi inevitablemente, Ada tenía una marcada tendencia a integrar ciencia y poesía. Tal es así, que en cierta ocasión le escribiría a su madre:

“Si no puedes darme poesía, ¿Puedes al menos darme ciencia poética?”.

Su admirable comprensión de las matemáticas pasaba por el ejercicio de la imaginación, y solía describirlo con metáforas. Se dice que el mismo Babbage, que sería después su amigo, y que en ocasiones la llamaba afectuosamente ‘Lady Fairy’, la describió como “poseída por buena parte del diablo Byron”.

También fue discípula, y posteriormente amiga de Mary Fairfax Somerville, la primera mujer miembro de la Royal Astronomical Society, con quien mantuvo años de amistad y relación epistolar.

Además de su inquietud científica, Ada cultivaba, lógicamente, sus relaciones sociales. A la edad de diecisiete años fue presentada en la Corte, llegando a ser muy popular, tanto por su belleza como por su brillante inteligencia. Aunque el “halo” de la excentricidad atribuida a los científicos también la acompaña con frecuencia: su conversación –centrada en las matemáticas- debía de ser terriblemente aburrida para muchas señoras de su entorno, hasta el punto de que una de ellas exclamó que ‘Babbage y no Byron tenía que haber sido su padre!’. Y, lo que aún debía de ser peor en la puritana sociedad victoriana, ¡vestía fatal! O, al menos, eso aseguraba el ama de llaves de una dama a la Ada que visitaba en su casa, afirmando que iba vestida peor que sus criadas. Es más, en cierto cotilleo de la época (unas pocas líneas publicadas en el New York Mirror), se lee: “It is said that Ada Byron, sole daughter of the ‘noble bard’, is the most coarse and vulgar woman in England!”

Indumentarias aparte, fue precisamente en uno de esos eventos sociales, una cena en casa de Mary Somerville en noviembre de 1834, cuando Ada tiene noticias por primera vez de la idea de Charles Babbage, y de su Analytical Engine. Babbage conjeturaba con la posibilidad de que su máquina calculadora pudiera no sólo predecir, sino intervenir sobre esa predicción: What if a calculating engine could not only foresee but could act on that foresight?

Babbage trabajó en su proyecto y lo presentó en un seminario en Turín (Italia), en 1841. Ada –ya casada con el conde de Lovelace, y madre de tres niños- tradujo al inglés el artículo que sobre Babbage y su ingenio había escrito en francés quien luego llegaría a ser Primer Ministro de Italia, el matemático Luigi Menabrea. Y fue el propio Babbage quien sugirió a Lady Lovelace que en la publicación incluyese sus anotaciones personales, lo que dio como resultado un texto tres veces más largo que el original de Menabrea. El trabajo de Ada se publicó en 1843: en él la casi visionaria Lady Lovelace sugiere, entre otras cosas, que la máquina podría tener usos como el de componer música compleja, o diseñar gráficos, y que debería ser utilizada tanto para uso común como científico:

[The Analytical Engine] might act upon other things besides number (…) Supposing, for instance, that the fundamental relations of pitched sounds in the science of harmony and of musical composition were susceptible of such expression and adaptations, the engine might compose elaborate and scientific pieces of music of any degree of complexity or extent.

Es más, llegaba a proponer a Babbage en una de sus cartas un plan para que la Analytical Engine pudiera calcular los números de Bernouilli (3) .

Su trabajo se publicó en las Scientific Memoirs de Richard Taylor, bajo las iniciales A.A.L.

No quedan aquí sus inquietudes científicas, pues Ada Lovelace también se interesó por las investigaciones más punteras de su época, como la frenología, el mesmerismo o el estudio del sistema nervioso: algo la desasosegaba respecto a su “potencial locura” heredada.

De salud no muy robusta desde niña, Ada sufría frecuentes jaquecas, que llegaban a nublarle la visión… pero nunca interrumpió su inquietud científico-artística, ni sus relaciones sociales. De hecho, el deterioro de su salud estaba muy ligado a la depresión que le originaba la escasez de conversación sobre los asuntos científicos que tanto la motivaban. Su marido –aunque interesado en la ingeniería y pariente lejano de John Locke- no era para ello su interlocutor ideal, más bien al contrario, carecía de la fuerte personalidad de ella. Y su amigo Babbage, en quien sí podía confiar sus deliberaciones, andaba también deprimido por la falta de financiación para su proyecto. El espíritu de Ada cae en declive…Tal vez por la búsqueda de cierta motivación, se vio involucrada en pequeños escándalos: una supuesta relación con un caballero que no era su marido, y su afición por las apuestas de caballos. Respecto a lo segundo, llegó a idear junto con un grupo de amigos un modelo matemático que les proporcionara el éxito en sus apuestas. El plan fue un desastre, y perdió importantes sumas de dinero y algunas joyas, lo cual hubo de confesárselo a su marido, quien se aseguró de quemar más de un centenar de cartas de Ada a semejantes amistades.

Afortunadamente, salvo las pocas “ovejas negras” con las que jugaba a las apuestas, su círculo de amistades era afín a su ímpetu intelectual: además de Babbage o Mary Somerville, Lady Lovelace incluía entre sus amigos a Sir David Brewster (investigador de la polarización de la luz), Michael Faraday, Charles Wheatstone (creador del caleidoscopio), y también a Florence Nightingale y a Charles Dickens: Cuando Ada tenía 23 años, pasó una temporada en Brighton con Dickens. Poco después –en febrero de 1849- Dickens la escribió contándole los extraños fenómenos que estaban pasando en su hotel: «I wonder whether you are haunting me –bromea- I hope you won´t do so.»

Tres años más tarde, Dickens visita a Ada en su lecho de muerte. Lee para ella. A excepción de su familia y los médicos, Dickens fue de los pocos amigos que pudieron verla antes de que muriera.

Tras un largo año de dura batalla contra el cáncer, Ada falleció a los 36 años, la misma edad a la que había muerto su padre, Lord Byron, veintiocho años atrás.

Ada nunca llegó a conocer a su padre, quien apodó a Ada con el afectuoso apelativo de “la princesa de los paralelogramos”, y quien, si bien no reclamó nunca la custodia de su hija, sí procuró que su hermana le mantuviera informado del bienestar de la niña. Sólo cuando Ada cumplió veinte años, su madre le enseñó el retrato de su padre. Y fue a sus 26 años cuando Ada conoce que Medora Leigh era hija de Lord Byron y su media hermana Augusta Leigh (4):

“No estoy en absoluto asombrada –escribiría a su madre- En realidad, esto simplemente me confirma lo que apenas había sospechado durante años, pero consideré ciertamente inapropiado insinuarte nunca tales sospechas…”

Ada en ningún caso culpabilizó a su padre por tal relación incestuosa, sino a Augusta Leigh: “I fear ‘she’ is ‘more inherently’ wicked than ‘he’ ever was.”

De hecho, Ada siempre conservó un vivo interés por la figura de su padre, hasta tal punto que solicitó ser enterrada junto a él, en la Iglesia de Santa María Magdalena, en Hucknall, Nottingham. Y así se hizo.

Su amiga, Florence Nightingale, escribió de ella:

Dicen que no podía haber vivido demasiado si no fuera por la tremenda vitalidad de su cerebro, y esa no morirá”.

Doscientos años después, diversos historiadores concuerdan que las pautas y anotaciones de su trabajo hacen de Ada Lovelace – la ‘princesa de los paralelogramos’– la primera programadora de computadoras en el mundo.

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(1) Parte de ella “sobrevive” en el Museo de Historia de la Ciencia de Oxford.

(2) Lord Byron murió cuatro años más tarde, como es sabido, un 19 de abril de 1824, en la Guerra de Independencia de Grecia. Ada tenía ocho años.

(3) Este plan se conoce actualmente como el primer “programa informático”; y existe un lenguaje de software desarrollado por el Departamento de Defensa de los EE. UU. que en 1979 recibió el nombre de Ada en su honor.

(4) Augusta Maria Byron, más tarde Augusta Maria Leigh era hija del padre de Lord Byron, John “Mad Jack” Byron, y su primera mujer, Amelia Osborne, mientras que Lord Byron era hijo de su segunda mujer, Catherine Gordon.

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Vía|
– Padua, Sidney: The Thrilling Adventures of Lovelace and Babbage
– Toole, Betty Alexandra: Ada: the Enchantress of Numbers

Imagen| ‘Ada King, Countess of Lovelace’, retrato de Alfred Edward Chalon, 1840. En Science Museum de Londres.

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