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Acuerdos de compartición de red: ¿anticompetitivos?

Acuerdos de compartición de redUna de las claves para entender el futuro del mercado de las telecomunicaciones, pasa por entender la importancia y el desarrollo de los acuerdos de compartición de red. Tales facilitan la existencia de operadores móviles virtuales ya que estos al no disponer de su propia red, pueden ser acogidos en la red de otro operador y así ofrecer el mismo servicio de voz o de datos, por lo que supone un mayor número de competidores (ej. Lebara, Happy Móvil, Eroski, Pepephone, Carrefour, …). Podemos encontrar motivos económicos como el descenso de ingresos en las grandes compañías de telecomunicaciones, la fuerte competencia en precios, el desarrollo de las nuevas tecnologías que requiere una fuerte inversión,… pero lo que parece evidente es que el mercado europeo de las telecomunicaciones tiende a una consolidación.

Un ejemplo de acuerdo de compartición de red es el cerrado el pasado julio entre Telefónica y Yoigo para compartir redes y emplazamientos de antenas para telefonía móvil, por medio del cual se benefician de las sinergias de compartir hasta 4.500 emplazamientos entre ambos grupos. Asimismo, otro de los ejemplos más actuales es el despliegue conjunto de red que acordaron  a finales del año pasado Vodafone y Orange. Aunque el mismo, pueda verse mermado por la operación de compra de ONO por parte de Vodafone. Tal acuerdo supone la compartición de elementos pasivos (torres, seguridad, alimentación eléctrica,…) con un objetivo inicial de lograr hasta 6.000 emplazamientos en toda España, en la que dividiendo el territorio nacional en dos mitades, Orange usaría la red desplegada por Vodafone en un área y viceversa. Hasta ahora la tendencia había sido el uso de elementos pasivos de la red (sistemas de canalización, bandeja de soportes, emplazamientos,…) pero cada vez más se comparten también elementos activos (como las redes inalámbricas, el acceso radio, repetidores…).

El mercado europeo se ha ido fragmentando a consecuencia de proyectos e inversiones individuales. Gracias a estos acuerdos se facilita que las grandes inversiones que podían duplicarse y que a priori no eran rentables, se puedan compartir, se consigue una mayor innovación, se generan eficiencias en la utilización de recursos, se logran resultados más ambiciosos de amplitud de espectro, se incrementa la rapidez del servicio, se ofrece cobertura a zonas que de modo individual pueden no ser atractivas, supone un menor impacto medioambiental,… entre otros beneficios.

Hasta aquí todo parece beneficioso, pero la duda empieza a plantearse cuando tal compartición supone un intercambio de información estratégica entre competidores, cuando tales acuerdos incluyen claúsulas que implican poner barreras al desarrollo de competidores ambiciosos y que dinamizan el mercado, cuando los movimientos de cada empresa sean evidentes y claros para sus competidores y cuando no hay incentivos para la diferenciación en productos o calidad. Es entonces cuando empezamos a ser conscientes de que los beneficios de la compartición empiezan a ponerse en tela de juicio.

Los acuerdos de compartición cada vez serán más complejos y ambiciosos en la medida en que las autoridades de regulación y competencia así lo permitan. Por ello es importante encontrar el equilibrio. Un equilibrio que no vaya en detrimento de la competencia pero que tampoco de la optimización de recursos, de un peor servicio al usuario final, de empeorar la cobertura, de perjudicar el desarrollo de los mercados y de los propios servicios y de frenar la innovación.

Via | Acuerdo Movistar y Yoigo, Acuerdo Orange y Vodafone

Imagen | Acuerdos de Compartición de Red

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