Jurídico 


Acción contra inmisiones molestas por ruidos del vecindario

 

La producción de ruidos molestos se ha considerado de manera unánime por la doctrina y jurisprudencia como una violación de Derechos Fundamentales -recogidos en nuestra Carta Magna-: el derecho a la integridad física y moral (artículo 15 de la Constitución), el derecho a la intimidad personal y familiar (artículo 18.1 CE); el derecho a la inviolabilidad del domicilio (artículo 18.2 CE); y, por último, como característica propia de la sociedad del bienestar, podemos incluir a la protección del medio ambiente (artículo 45 CE).

Violación derechos fundamentalesEn el ámbito de la propiedad horizontal el artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal (LPH) disciplina el régimen jurídico de las actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas e ilícitas. Cuando nos encontramos en una comunidad de propietarios con un comunero o arrendatario que incumple el régimen de actividades prohibidas, dañosas o que contravengan disposiciones administrativas, la actuación debe ser inmediata y expeditiva para conseguir la cesación de la actividad. Por ello, resulta trascendental obtener con anterioridad un arsenal probatorio (atestados policiales, mediciones de ruidos por perito ingeniero técnico acreditado…) que permita convencer al juez de la realidad de la infracción cometida por el comunero o arrendatario del inmueble.

La mecánica a seguir previa al ejercicio de la acción -interposición de demanda judicial por el procedimiento de juicio ordinario-, es la siguiente:

Primero.- Comunicación del comunero al administrador de fincas o presidente de la comunidad de la actividad prohibida, dañosa o molesta, acompañando el comunero documentos que lo acrediten (pruebas). La solicitud al administrador de fincas no hace falta que se verifique por el propietario del inmueble denunciante, sino que puede hacerlo un arrendatario o aquél que tenga posesión del inmueble.

Segundo.- No hace falta acuerdo de junta de propietarios para el siguiente paso, que consiste en que el presidente de la comunidad efectuará requerimiento al que realice las actividades incluidas en el art. 7.2 LPH para que cese en las mismas. En el requerimiento debe ser personal, haciendo constar la recepción (buro fax con acuse de recibo, requerimiento notarial o, inclusive, por medio del conserje con acuse de recibo).

Tercero.- La persona requerida debe ser la que realice la actividad molesta, sin que sea preciso que se haga al arrendador en los casos de alquiler del inmueble si es el arrendatario el que realiza la actividad nociva. En cualquier caso, sería conveniente que en estos casos se comunique por escrito al propietario (al que se demandará posteriormente junto al arrendatario, aunque el requerimiento de cese se haga al infractor) la realización del requerimiento al inquilino-ocupante infractor. En el requerimiento debe hacerse constar la descripción de la queja, con el apercibimiento que si no cesa en la actividad en el plazo que se le fije, se procederá al ejercicio de las acciones del art. 7.2 LPH.

accion ruido vecinosCuarto.- Transcurrido el plazo sin que haya cesado en la actividad o forma de su ejercicio, debe convocarse a una junta extraordinaria para que en el orden del día se incluya la autorización de la junta para proceder a ejercitar la demanda contra el propietario, y en los casos de arrendamiento, también contra el infractor arrendatario.

Quinto.- La acción judicial se ejercitará acompañando el requerimiento al infractor, junto a la certificación del acuerdo de la junta que aprobó plantear la demanda y los medios de prueba que acrediten la urgencia de la medida. Siendo conveniente instar la medida cautelar de cese de actividad. Dato importante es que no hay que prestar caución para solicitar medidas cautelares.

Para finalizar, el Derecho Civil ofrece también al perjudicado la posibilidad de encontrar amparo en las normas sobre responsabilidad extracontractual, ya sea mediante la aplicación del artículo 1902 del Código civil, ya mediante la invocación del artículo 1908.2 del mismo Texto legal. Permitiendo reclamar, al igual que sucede mediante la acción que se contempla en el art. 7.2 LPH, además del cese de los ruidos o la adopción de las medidas correctoras, la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados. Claro que para esta reclamación no es suficiente con aportar los informes periciales que acrediten las molestas inmisiones sonoras, sino que es necesario la aportación de pruebas de los daños resarcibles (partes de bajas laborales; informes médicos de ansiedad, angustia y alteraciones del estado de ánimo…). En todo caso, siempre se pueden incluir los denominados daños morales, siendo una constante jurisprudencial su estimación con la sola la acreditación de los molestos ruidos padecidos (mediciones sonométricas). Claro que para su apreciación los ruidos molestos deben ser continuados en el tiempo y, además, para nuestro Alto Tribunal los niveles de ruido emitido han de ser insoportables y, desde luego, evitables, para que este elemento pueda ser tomado en consideración y estimada la demanda presentada por el afectado (STS de 10 de abril de 2003 [RJ 2003, 4920]). Por lo tanto, estimamos que el ruido producido por actos únicos, ocasionales o aislados, típico de las relaciones de vecindad, deben encuadrarse al margen del ejercicio de estas acciones.

En síntesis, en todos los supuestos contemplados por la Ley el éxito de la acción de reclamación de daños y perjuicios pasará también por la contundencia y fortaleza de las pruebas aportadas al proceso que demuestren la existencia continuada en el tiempo de ruidos molestos y los daños físicos o psíquicos causados. Puesto que resulta fundamental demostrar de manera fehaciente la relación de causalidad entre el daño causado y el ruido al que se ha estado expuesto. Sin embargo, para el cese inmediato de la acción causante de las inmisiones molestas (ruidos) debe ser suficiente con la aportación de la prueba de las mediciones sonométricas.

 

Más información| Art. 7.2 Ley Propiedad Horizontal, Constitución Española,  Acciones Civiles, Editorial La Ley, Tomo IV, 2013.

Imágenes| Ruido, dolor cabeza

 

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