Historia 


Absolutismo Ilustrado (III): su marco político

En el artículo del mes pasado, nos centramos en la relación que tuvo el absolutismo ilustrado con la Ilustración, una relación cercana y directa aunque, como demostramos, no siempre unida puesto que hubo regiones de Europa donde se desarrolló una fuerte ilustración (como en el caso de Francia) y, sin embargo, no se puso en práctica el Absolutismo Ilustrado.

Hoy hablaremos sobre el marco político de la teoría política protagonista de esta serie. Según explica el historiador Domínguez Ortiz, son sorprendentes los importantes logros que se consiguen en esta época, sobre todo porque se realizan en un período de guerras continuas. La pregunta que nos hacemos entonces es cómo fue posible el progreso del Absolutismo (la economía, las artes, el espíritu de solidaridad…) en un ambiente bélico. La respuesta nos la da el propio Domínguez Ortiz:

–          Porque eran luchas entre príncipes, con motivaciones mercantiles o razones de Estado.

–          Las hostilidades no eran incompatibles con el progreso económico.

–          La férrea disciplina de la tropa: guerra técnica y científica.

–          El temor reverencial a la autoridad.

En esta época se conservaron las estructuras políticas o monárquicas de siglos anteriores. El centro neurálgico continuó siendo la Corte (como residencia real y sede de la administración), aunque se produjeron cambios en algunos modelos administrativos (una cierta modernización), como por ejemplo en España, motivados por el cambio de dinastía tras la Guerra de Sucesión española (1701-1714).

Estos cambios llegaron a ser sustanciales y propulsaron el camino hacia la constitución de un gabinete o consejo de ministros, reunidos periódicamente bajo la dirección del rey. Posteriormente, el propio monarca dejó que los ministros se reunieran independientemente, lo que hoy en día es algo normal, en la época supuso un gran cambio, ya que el rey dejó de ser el centro del poder fáctico. Es decir, se produjo una despersonalización del Estado. A partir de este momento, el Estado pudo funcionar sin la figura del rey, gracias a que este “nuevo” Estado había adquirido un alto grado de autosuficiencia. Por ejemplo, los funcionarios ya no eran los servidores directos del Rey, sino del Estado. A pesar de esto, hay que tener claro que los cambios no fueron inmediatos ni se produjeron en todos los Estados por igual.

El sometimiento de la Iglesia fue otro factor esencial para la consolidación del Estado absoluto y, más concretamente del Estado absoluto ilustrado. En los países protestantes el problema no tuvo lugar, puesto que los vasallos reconocían a los soberanos temporales como jefes de sus iglesias, lo que favoreció un clima de armonía que a su vez contribuyó a la rapidez de las reformas ilustradas.

En cambio, la Iglesia católica dependía del Papa, cuya autoridad en materia de dogma no se discutía, pero sí que se hacía en los conflictos temporales. Constantemente el poder civil, que reclamaba sus derechos en temas religiosos, se enfrentó al poder religioso, que intervenía constantemente en los aspectos civiles (tanto en la política como en la vida cotidiana de las personas del XVIII). Para solucionarlo, se realizaron periódicamente concordatos entre ambos poderes, pero siempre quedaron materias pendientes que favorecieron el aumento de la inestabilidad.

Exile_of_the_Jesuits_from_Russia_(Geoffroy,_1845)

La expulsión de los jesuitas significó el triunfo de las iglesias nacionales frente al papado

Esta situación provocó un miedo constante en el seno de la Iglesia a  los cismas. En el siglo XVIII, la actitud de los católicos se endureció a favor del poder de los reyes dentro de la Iglesia de su país[1]. El culmen de estas tendencias se sitúa en la Austria de José II y en la expulsión de los jesuitas de los distintos estados latinos, que se entiende como el triunfo de los monarcas absolutos frente al papado.

En este contexto de enfrentamiento y de inestabilidad se desarrolló el Absolutismo Ilustrado, una práctica política que, como hemos visto, se desplegó bajo la protección de las ideas ilustradas, pero que no dejó de ser un intento del Estado para aumentar su poder y prevenir posibles revueltas populares, de ahí el famoso lema de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. 

Espero que con esta breve serie, la idea y la imagen que se tiene del Absolutismo Ilustrado sea más acorde con la realidad y se hable de él con más fundamento, pues es una práctica política más complicada de lo que a simple vista puede parecer.


 

[1] Dentro de este pensamiento destacan distintos movimientos como el jansenista, el galicanismo francés, el regalismo español…


En colaboración con QAH| Mundo Histórico

Vía| Floristán, Alfredo (coord.). Historia Moderna Universal. Barcelona: Ariel. 2009; Domínguez Ortiz, Antonio. Las claves del despotismo ilustrado. 1715 – 1789. Barcelona: Planeta. 1990

Imagen|expulsión de los jesuitas

En QAH| Absolutismo Ilustrado (I): ¿qué es?Absolutismo Ilustrado (II): la relación con la Ilustración

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