Patrimonio 


A vueltas con el cubismo: Desmontando el cubismo (II)

las-senoritas-de-avignon

Las Señoritas de Avignon, Pablo Picasso, 1907

En esta segunda entrega sobre el cubismo vamos a intentar desmontar el mito de esta corriente pictórica. Tal vez sea osado, y contradiga parte del artículo anterior, pero no van a ser sólo mis palabras las que lo hagan, sino también las de un excelente profesor e historiador fallecido el año pasado, Ángel González, y las de uno de los padres de la vanguardia, Picasso.

El problema del cubismo es que sus obras son difíciles de entender, y es ese acercamiento a la abstracción el que obliga a la crítica a estudiar el cubismo y dotarle de un corpus teórico que no era necesario al ver una obra naturalista, sobre la que nada se puede especular ni dudar. El cubismo está siempre sujeto a la duda. Resulta difícil, cuando hablamos de la corriente, decir algo totalmente cierto. No parece muy cierto, por ejemplo, la conocida simultaneidad de los puntos de vista o perspectiva múltiple (que representa todas las partes de un objeto en el mismo plano) si nos vamos a un cuadro como el retrato de Picasso por Juan Gris (del que hablé en mi último artículo para QAH).

Al hablar sobre esta vanguardia debemos ser extremadamente cautelosos, ya que es un terreno complicado y sobre el que se sostienen teorías o dogmas, que con mayor o menor acierto tratan de formalizar un arte que surgió sin forma, sin unas reglas que pudieran definirlo. El gran problema, para Angel Gonzalez, es que se habla del cubismo sin leer lo que de sí mismos han escrito los cubistas. El propio Picasso llegó a afirmar esto: “Cuando hacíamos cubismo, no teníamos ninguna intención de hacer cubismo, sino únicamente de expresar lo que teníamos dentro”.

sem-francisco1

Retrato de Picasso, Juan Gris, 1912

Se han escrito ríos de tinta sobre esta vanguardia que rompió por completo los esquemas de la pintura, marcando un punto de inflexión en la historia del arte, pero se ha hecho poco caso a lo que los propios cubistas han dicho. Entre las dispersas afirmaciones de Picasso a cerca del cubismo, también destaca aquella que dice “El cubismo es una suma de destrucciones”. Ángel González ve en esta cita de Picasso una de las verdades más contundentes acerca del tema. Existen una serie de cartas que Legere escribió cuando combatía en la I Guerra Mundial, durante la batalla de Verdún. En ellas Legere relataba a su amigo Poughon y a otros conocidos, las macabras anécdotas de aquella contienda, y entre esas historias de desmembramientos y atrocidades, lanza una afirmación desconcertante en la que mantenía que Verdún era la “academia del cubismo. ¿Por qué decía esto legere casi un lustro después del nacimiento del cubismo?. ¿Qué se podía aprender del cubismo de aquella masacre?

Bien, las crónicas de los campos de batalla hablan de destrucción (evidentemente), de fango, de trincheras… Y según dijo el profesor en la conferencia Verdún, academia del cubismo, “nada probablemente le recordaba tanto a Legere la destrucción de Verdún como la destrucción de un cuadro cubista”. El 23 de Noviembre de 1916, tras la terrible batalla, Legere escribe una nueva carta, en la que afirmaba que en Verdún había imágenes curiosas en las que se regocijaba su alma cubista. “Verdún autoriza todas las fantasías pictóricas”. Anteriormente ya había escrito a su colega Poughon relatándole que “no había nada tan cubista como aquella guerra que divide limpiamente a un pobre hombre en varios trozos y los lanza hacia los cuatro puntos cardinales”. Todo lo anterior nos conduce directamente a la frase de Picasso tan importante para Ángel González “el cubismo es una suma de destrucciones”.

Pero es aún más interesante para desmontar esa forma de ver el cubismo como algo reglado y metodológico lo que respondió Picasso en una entrevista que le hizo el pintor peruano Cossio del Pomar en 1932, en la que este preguntaba cuáles fueron los objetivos que se propuso al hacer cubismo. Picasso respondió: “Pintar y nada más. Pintar buscando una nueva expresión desnuda de todo realismo inútil con un método unido sólo a mi pensamiento, sin esclavizarme ni asociarme con una realidad objetiva. Es mi voluntad la que toma forma fuera de todo esquema extrínseco, sin considerar lo que el público o la crítica digan”.

Por ello, la próxima vez que leáis alguna afirmación sobre el cubismo, dudad, porque el cubismo, igual que el  resto de las artes, es sobre todo para sentirlo. Sin importar lo que otros digan.

Vía| Escritos de Vanguardia, Ed. Akal, Madrid, 1999. Todo lo veo negro.

Imagen| intelectuales08

En QAH| A vueltas con el cubismo: Juan Gris (I)

RELACIONADOS