Actualidad Económica, Economía y Empresa 


¿A qué retos se enfrenta la economia española?

En los últimos años se ha hablado mucho de la economía española, y más concretamente de sus debilidades y principales características. Podemos encontrar infinidad de estudios (técnicos y divulgativos), de opiniones, de propuestas… y aun así no comprender del todo por qué esta crisis económica se ha cebado tan especialmente con nuestro país.

Me gustaría destacar algunos aspectos que, bajo mi punto de vista, considero que han influido significativamente. No sólo en la aparición de la crisis, sino en su acentuada intensidad y permanencia en España. La característica institucional de la nación española, el “problema” del sector exterior y el modelo productivo basado en la construcción son tres de los múltiples campos que se han constituido como determinantes, negativamente, en los últimos años. Es por ello que se hace necesaria una profunda reforma en estos ámbitos si queremos una economía competitiva y un país prospero en las próximas décadas.

En primer lugar, se aborda el problema institucional derivado de la organización territorial del Estado español. La división de nuestro territorio en diecisiete comunidades y dos ciudades autónomas supone un importante problema para la generación de riqueza y competitividad debido a la inviabilidad económica del mismo. En las últimas décadas, España ha evolucionado desde un sistema sectorial (seis sectores de los que derivan el resto de subsectores y actividades) a un sistema territorial de organización de la economía dividido en diecisiete sistemas productivos distintos. Y esto no es un problema menor, puesto que la pérdida de la competencia exclusiva en materia económica por parte del estado supone la fragmentación de las políticas económicas en diecisiete planteamientos muy diferentes unos de otros, con la dificultad subsiguiente en el desarrollo de una estrategia económica común para hacer frente a la crisis por parte de la Administración Central.

Esta diversidad de políticas, métodos o tácticas han lastrado la posibilidad de alcanzar una recuperación no ya más rápida o vigorosa, sino anterior en el tiempo. Y esto no quiere decir que apueste por la eliminación de las comunidades autónomas, todo lo contrario, son fundamentales para lograr un Estado de bienestar de calidad y, sobretodo, más cercano a los ciudadanos. Pero también, la competencia para desarrollar la política económica tiene que ser exclusiva del Estado.

Además, este sistema de organización genera importantes desigualdades en la distribución de la riqueza entre los territorios puesto que, como es comprensible bajo la lógica empresarial, las empresas querrán asentarse en los lugares donde las condiciones, tanto económicas como políticas o culturales, son más ventajosas para el desarrollo de una actividad. De esta forma, el dinamismo económico se concentrará en determinadas áreas (Madrid, País Vasco, Navarra o Cataluña), en detrimento de otras que con el paso del tiempo se irán quedando progresivamente más retrasadas respecto al conjunto de la Nación (Principado de Asturias o Extremadura).

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El endeudamiento de España frente al resto de países del mundo es sólo uno de los múltiples problemas estructurales que padece nuestra economía. Desde el año 1980 hasta Enero de 2013, nuestro país ha sufrido una situación de déficit por cuenta corriente en treinta de los treinta y tres años que transcurren entre 1980 y 2013 (Fuente de los datos: Banco de España). Además, la deuda externa de nuestro país en Diciembre de 2015, ascendía a 1.815.216 millones de euros, lo que supone, aproximadamente, el 169,3% de la producción de nuestro país en un año (Fuente de los datos: Banco de España). A este último dato hay que añadirle un matiz importante: la deuda externa posee una relación directa con el crecimiento económico de España, es decir, cuando nuestra economía genera crecimiento económico, los datos de deuda externa empeoran.

Como es evidente, para salir de esta encrucijada es necesario alcanzar un crecimiento económico basado en el incremento de la competitividad vía productividad. Es decir, crecer haciendo las cosas mejor, de una manera más eficiente, con el objetivo de mejorar nuestra posición respecto al resto del mundo. Una mejor posición financiera de nuestro país incrementaría la confianza y por tanto, las inversiones y las exportaciones tornarían en un mejor comportamiento.
Analizando los datos de la Contabilidad Nacional publicados por el INE para el primer trimestre del presente ejercicio, he podido observar cómo, en términos interanuales, tanto el número de ocupados como el crecimiento del sector de la construcción se encuentra en cifras positivas. Es decir, conforme pasan los trimestres, el sector de la construcción adquiere progresivamente un mayor peso en nuestra economía.
Conociendo el pasado más reciente de este sector, y teniendo presentes estas estadísticas, se plantea como incuestionable la necesidad de diseñar un nuevo modelo productivo en el que los recursos disponibles se destinen a actividades económicas de alto valor añadido, basadas en la economía del conocimiento y en capital humano de alta cualificación, dejando atrás las actividades intensivas en factor trabajo como la construcción.

En definitiva, a pesar de los esperanzadores datos macroeconómicos que arrojan los principales organismos mundiales respecto a la economía española, aún queda un largo camino por recorrer hasta conseguir un sistema sólido frente a los ciclos económicos.

Reforzar el papel del Estado frente a las comunidades autónomas, incrementar la productividad del factor trabajo y la eficiencia tecnológica, mejorar nuestra posición comercial a nivel mundial o incrementar la inversión en I+D para modificar nuestro sistema productivo, son sólo algunas de las tareas o retos a los que se enfrenta nuestra economía y a los que el nuevo gobierno tiene que comenzar a dar solución sin excusa alguna.

* Vía| Antonio A-Villar Artola.

*Imagen|eldiario.es

* En QAH|la luz en la recuperación de la economía española

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