Historia 


Manual para liberar Francia

Justo cuando les devolví los tres cómics de La guerra de Allan, Alicia y Rafa, sus legítimos dueños, para consolar mi pérdida (o preocupados ante la amenaza de que estaba pensado seriamente en quedármelos) me regalaron otros tantos volúmenes bélicos: el trío de facsímiles ‘didácticos’ que la editorial Kalias publicó el pasado año coincidiendo con el 70º aniversario del fin de la Segunda Mundial. Estos divertidos textos de bolsillo -literalmente- son una suerte de guías de viaje y directrices de comportamiento en el extranjero destinadas a los soldados estadounidenses en Gran Bretaña, durante 1942, e ingleses en Francia y Alemania, en 1944.

1 [1MB]

Muy agradecido les dije a mis amigos que al viejo Reich no tenía intención de volver hasta que terminasen de montar el puzle del Pergamon Museum, y el British habría de esperar por lo menos un año a que me repusiera del shock de mi última visita; pero, afortunado yo, tenía un billete sacado para el Somme a finales de verano y, palabra de Boy-Scout, usaría su presente para conducirme con decoro por nuestro país vecino y evitar algún rififi. Alicia, que ya es Doctora, conoce el paño y siempre ha sido mucho más seria que un servidor, cogió mis Instrucciones para los soldados británicos en Francia, 1944 y leyó al azar (?) algunas líneas, como dejándolas caer: “Conviene desechar cualquier idea preconcebida de las mujeres francesas basada en las leyendas de Montmartre y los espectáculos de cabaré y sus desnudos” y prosiguió, amenazante “si se te ocurre pensar que la primera chica bonita francesa que te sonría tiene intención de bailarte el cancán o de llevarte a la cama, corres el riesgo de meterte en serios problemas, y de poner en jaque nuestras relaciones con los franceses”. Mi congénere Rafa, al ver que la cara de niño con zapatos nuevos había mutado a grave consternación, pidió otra ronda de cervezas…

En 1995 una copia original de dicho escrito -así como su borrador, clasificado como “Confidencial” antes de su distribución a la tropa- fueron donados a la magna colección oxoniense de la Bodleian Library. El autor de ambos textos fue Herbert David Ziman, periodista y reportero de guerra del Daily Telegraph. En 1943, siendo miembro de la sección francesa del Political Warfare Executive, redactó este pequeño manual meses antes de la invasión de Normandía, cuando fue repartido a gran escala por el Foreign Office. En sus 56 páginas hay información de toda laya,  expuesta concisamente y recurriendo a muchas comparaciones entre Francia e Inglaterra para facilitar la comprensión de la soldadesca.

¡Advertencia preliminar! “Este libro no tiene nada que ver con operaciones militares. Se ocupa únicamente de la vida civil (…) del modo en que hay que comportarse con la población”.

Mediante epígrafes tipo “¿Qué ha supuesto la ocupación?, las instrucciones van desgranando lo que conviene tener meridianamente claro antes de la batalla: “Una nueva Fuerza Expedicionaria Británica, de la que formas parte, sale hacia Francia. Tu deber es contribuir a expulsar a los alemanes (…) y devolverles a donde pertenecen” (sobre dicha ubicación, no se abunda en detalles). Y eso pese a que los hijos del Tercer Reich se comportaron ‘mejor’ por aquellos lares -deportaciones masivas y un fusilamiento por resistencia activa cada dos horas- que en cualquier otro sitio que ocuparon imponiendo su “nuevo orden”, en este particular, con la connivencia de sus “secuaces” “títeres” del “gobierno quisling en Vichy”. (¡Mon Dieu, Pétain de Verdún!).

Los alemanes han desvalijado Francia” provocando no sólo la desnutrición del pueblo -“muchos han muerto de hambre o de agotamiento”- sino que, para más inri, se enfatiza -como si fuese más grave- “también se han bebido el vino o lo han destilado para convertirlo en carburante” y “los cigarrillos han sido racionados a tres por día; cuando los había”. Por ello, el soldado libertador no debía esperar grandes agasajes a su paso “aunque habrá familias que en nuestro honor saquen del sótano una botella escondida durante mucho tiempo”. Eso motiva.

Ante todo, empatía ¿Cómo te sentirías tú?. Esta guía facilita “algunas «pistas» concretas sobre cómo comportarte con los franceses. Sin embargo, es evidente que la mejor de las guías es el sentido común, junto con la capacidad de saber ponerte en su lugar”. Nada de agotar los exiguos víveres locales ni incentivar el mercado negro. Han de evitarse todas las desconsideraciones y, oui, el chauvinism autóctono, o “dar a entender (…) que el mundo en general, y el lugar al que acaba de llegar en particular, no está a su altura”. Que quede claro: “No somos la única nación que se siente más virtuosa que sus vecinos, o que critica sus valores”.

Tras estos preliminares, la cultura en contexto. El paísGeografía básica: frontera oriental, “¡en Francia hay gente que ha padecido tres invasiones alemanas!” (1870, 1914 y 1940). Sí, la Línea Maginot ha resultado inútil…Y algunas “pinceladas” de historia: ingleses y franceses tienen mucho en común. A sus respectivos aborígenes -galos y britanos- los invadió Roma; lo cual une. Después vinieron francos, anglos, sajones, vikingos… Sobre batalla de Hastings se eximen culpas: “fue una invasión normanda, y no francesa, la que lideró Guillermo el Conquistador contra Inglaterra”. Los soldados podían dormir tranquilos -excepto en Rouen- ya que los franceses “no guardan ningún resentimiento hacia nosotros como consecuencia de las largas guerras con Inglaterra y las recurrentes invasiones desde nuestro lado del canal, exceptuando quizá la muerte de Juana de Arco en la hoguera”. Después, breves y elocuentes resúmenes por siglos, verbigracia, XVIII: “Más guerras en Europa” (¡eso es sintetizar!). Siempre remarcando que antes de 1789 “Francia no sólo era la primera potencia europea, también la principal influencia cultural y civilizadora del continente”. Attention!, su “monarquía se derrumba, no tanto por su tiranía sino por su ineficacia” y, ¡por Dios!, no por “una revolución comunista, desde luego, ni siquiera una revolución de pobres contra ricos”. Waterloo, restauración, repúblicas e imperios hasta la primera guerra franco-prusiana y su derrota sin paliativos “que algunos franceses todavía pueden recordar y que explica el odio y el miedo a los alemanes tan fuertemente enraizados a lo largo y ancho de toda Francia”. Para concluir, una puntualización, antes de la ocupación nazi, conviene no olvidar que el Presidente de la República “reinaba” más o menos como el monarca inglés, aunque con el sutil matiz de que era “elegido” (en cursiva también en el original).

Todo esto forma un carácter que termina por definirse en el siguiente epígrafe ¿Cómo son los franceses?.  Individualistas, lo cual “no les lleva a confluir en una personalidad única, y sería difícil apuntar a un francés «típico»”, pero, groso modo, se los define como orgullosos patriotas regionalistas, “apegados al campo” de sus respectivos départements donde hablan dialectos particulares, mas “no obstante, comprenden el «buen» francés”. “Las palabras clave de la Revolución, «libertad, igualdad y fraternidad», al menos han reducido el esnobismo social al mínimo”, aunque, anoto, un local “se consideraría insultado si un extraño no se dirigiera a él con un «Monsieur»” (ibidem para Madame y Mademoiselle) “y no con un mero «¡Oye!»”. “En apariencia son más educados que la mayoría de nosotros”.

Pero, ya que estamos, en esa “Francia desde 1940”, “¿qué piensan los franceses de nosotros?” Tras el desastre de Dunquerquenos separamos (…) cargados de resentimiento”. Ambos países se reprocharon mutuas dejadas en la estacada e incluso “cabe lamentar que algunas fuerzas británicas y otras francesas hayan luchado las unas contra las otras en diversas partes del mundo”, pero ya “han hecho todo lo que estaba en sus manos para redimir la deshonra de la caída de su país en 1940” y ahora se comparte un objetivo común, “acabar con los nazis”. Han de valorarse todas las meritorias acciones de la resistencia y a los generales De Gaulle y Giraud. “Ninguno ganamos nada sacando a relucir el pasado”, “toda historia tiene dos versiones, pero tú no debes tomar partido por ninguna”. “Pero si eres lo bastante imprudente como para discutir sobre ello con un francés, él te dirá que Gran Bretaña tiene suerte de ser una isla. Y Francia no” (!). Sobre la “Actitud frente a los bombardeos” de la Royal Air Force, “en áreas densamente pobladas ocasionando un número creciente de bajas civiles”, “resulta lógico que esto haya levantado cierto resentimiento”; y con respecto a la gran carestía,  el “Bloqueo aliado” era “absolutamente necesario” (quede claro, ¡los alemanes son los verdaderos culpables de las privaciones!).

Pero como estas instrucciones estaban destinadas a los soldados era esencial darles a conocer cómo sería “Tu vida en el país”. “Las referencias jocosas a la comedia francesa, la vida alegre parisina y las postales de París han hecho que (…) exista una opinión bastante extendida de que (…)  son un pueblo particularmente alegre y frívolo, sin moral ni apenas creencias. Esto es algo especialmente falso (…) y cabe decir que esa imagen de (…) una fabulosa orgía de «vino, mujeres y canciones» nunca ha sido cierta” (Horreur!, el archifamoso Folies Bergère era una pantomima para guiris). En realidad, la “Vida familiar”, comparativamente es “mucho menos desenfadada” y el padre “ejerce su autoridad sobre los hijos, y las hijas en particular, de un modo ya obsoleto”. Las nativas “distan mucho de ser tímidas (…) pero no confundas amistad con voluntad de proporcionarte tus favores”, “se trata de una cuestión de honor el que te comportes (…) como a ti te gustaría que ellos se comportaran  (…). Si no lo haces, estarás injuriando la reputación del soldado británico al dar peor ejemplo que los alemanes”; y a propósito se dice, como carraspeando, “los casos de sífilis (…) podrían situarse en torno a una de cada ocho personas”. ¡Ojo al matojo!

Pero no todo es negativo. Si entre combate y combate quedaba tiempo para hacer turismo, en el caso de que los bombardeos habiesen dejado algo en pie, la guía facilita unos rudimentos básicos e imprescindibles para saber diferenciar entre arte normando y gótico. Y en lo que al ocio menos espiritual respecta, también se invita a la fraternité con el pueblo y las autoridades locales, aunque los franceses “no juegan al críquet ni les atraen demasiado las carreras de perros”, “si tu unidad tiene la oportunidad de organizar una carrera ciclista” (con la venia de los nazis, supongo) o “un partido de fútbol, siempre es buena idea invitar a «Monsieur le Maire»”.

Y hay consejos, muchos: “no te metas en debates sobre religión o política”; “no te excedas con la bebida” (con respecto al vino, “aprende a «tomarlo»”); “intenta no gastar tu dinero de un modo que pueda fomentar la vieja creencia continental de que todos los ingleses son tan ricos como estúpidos”; no bajar la guardia, cuidado con las quitacolumnistas, “no es de descartar que una atractiva espía se vengue” (“las mujeres son más inteligentes en este tipo de trabajos”); y en general, se conmina a ocasionar las “menores molestias posibles (…) actuando tan bien como debería hacerlo un buen Aliado”. ¡Ah!, importante “conduce por la derecha de la carretera” y no “a una velocidad que obligue a sus habitantes a saltar a una lado de la carretera. ¡Quizá no sean capaces de hacerlo!”. No perdamos la perspectiva: “Los franceses son nuestros amigos. Los alemanes son nuestros enemigos”.

Para terminar, las instrucciones facilitan algunos apéndices de gran utilidad a pie de campo: “¿Cómo hacerse entender?” proporciona listados de palabras y frases en inglés y francés (previa advertencia de que ¡los sustantivos fuera de la isla tienen género!). Y yo me pregunto ¿cuántas veces se utilizaría, cortésmente, “ete-vous Allemand?”, ¿en qué variopintos contextos se escuchó “ce bois est-il épais?”. Para mi viaje me aprendo, letra a letra, “Où peut-on boire? (vin, cidre, bière), combien le litre?”, porque, sinceramente, espero no tener que recurrir a las transcripciones fonéticas aproximadas que se dan, tipo “Ee-ah-teel kel-kern key parl ongly?”. Créanme, lo de memorizar previamente tendría su importancia, pobre de aquel que tuviera una columna acorazada enemiga a un kilómetro, no se hubiese estudiado las tablas de equivalencias, y necesitara calcular rapidito las cinco octavas partes de una milla…Por último, señales viarias. La número 6 -un triángulo blanco con una línea negra vertical- es mi favorita, “otros peligros distintos a los indicados”, lo que en plena Segunda Guerra Mundial no es decir mucho… Pero de eso, concretamente, no debo preocuparme, mis antiguos galones como profesor, para mis alumnas, aún me equiparan a un oficial y llevo chófer, amén de que ¡ay!, no soy británico, ni esta Francia es la 1944. Aquella, según las palabras de Winston Churchill que abren mi guía, una vez liberada de los nazis, tenía el deber de “custodiar con las demás naciones el ejercicio de la tolerancia”.

Desconozco si este compendio de instrucciones, “la pertenencia más delicada y humana con la que un soldado acudía a la batalla”, contribuyó mucho a la causa aliada o si a la tropa les sirvieron de mucho sus páginas ante el fuego hostil de una MG 42, pero, qué duda cabe, hoy día representan un entrañable y chulísimo complemento vintage para dummies y se vienen conmigo a la Picardía de Le Pen (quizá aún les saque partido…). Ya tarareo por los pasillos, Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons! Marchons, marchons!

RAF fighter squadron rushing for their planes after receiving the "scramble" signal to engage enemy pilots during the Battle of Britain.

Mañana despega mi avión… Per ardua ad astra! Una vez liado el petate (sin la capa de agua por asemejarse a un burkini), y antes de despedirme a la francesa, sólo resta velar las armas mientras elijo el tocado retro para la próxima aventura,  ¡oh-la-la, una misión difícil!

3.-Tocados para la aventura [1MB]

A Vincent Jolivet, ¡prometo comportarme!

Vía| (ZIMAN, H. D.), Instrucciones para los soldados británicos en Francia, 1944, Madrid, Kalias, 2015.

Más información| ZURRO, J., “Prohibido bailar cancán con una francesa: consejos raros en tiempos de guerra”, El Confidencial, 24 de mayo de 2015 (On line); Presentación de los libros Instrucciones para los soldados.

Imágenes| Pilotos de la Royal Air Force corriendo. El resto, del autor.

En QAH| Especial 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

 

RELACIONADOS