Cultura y Sociedad 


6 lecciones sobre presentaciones que aprendí sentado a la mesa

En una presentación no sólo importa la información, sino cómo se presenta esa información. Contenido sin estilo pasa desapercibido, estilo sin contenido carece de significado. El diseño es un concepto total, que abarca todo el acto de comunicación: el lenguaje verbal y no verbaldel ponente, las transparencias, los apoyos tecnológicos, todo. El diseño es fundamental.

 No debe abrumarse a la audiencia con grandes cantidades de información. Más que la cantidad, debemos buscar la calidad. Más valen tres ideas bien explicadas que lleguen a la audiencia, que 20 ideas contadas deprisa y corriendo que nadie recuerda. La audiencia debe abandonar la sala con apetito por más información, no atiborrada.

Debemos eliminar todo lo superfluo. Aquello que no contribuye a comunicar el mensaje fundamental distrae, confunde y debe ser eliminado. Cuanto más, peor. En todo diseño es deseable maximizar la relación de señal a ruido. Logos, cabeceras, pies de página, clipart, fondos, ¿seguro que todos esos elementos deben estar en tu transparencia?

Un malentendido común con el diseño consiste en pensar que éste viene al final, como la ornamentación con nata y las guindas de las tartas. Sin embargo, el diseño debe venir al principio, incorporarse desde el inicio de un proyecto de presentaciones. El diseño es necesario porque ayuda a organizar la información y a presentarla con mayor claridad. El diseño no es en ningún caso decoración. El buen diseño tiene que ver más con la sustracción que con la adición. Por lo general, pecamos por exceso incluyendo demasiados elementos visuales, lo que resulta en confusión y abarrotamiento.

 Debemos dejar tiempo entre idea e idea para que la audiencia las vaya digiriendo. Su capacidad de procesamiento de información y de asimilación es limitada. No conviene saturarla. Una pausa seguida de una breve recapitulación al final de cada idea ayuda a comprenderla y fijarla y puede servir para preparar el terreno a la siguiente.

Al igual que cuando comemos no conviene seguir engullendo comida hasta estar completamente llenos, en una presentación no deberíamos hablar y hablar hasta agotar el tiempo. Al dar una charla una buena regla consiste en mantenerse dentro de un 80% del tiempo que nos ha sido asignado. De esta manera dejaremos amplio margen para el turno de preguntas al final.

Del mismo modo que comer no es llenar la tripa, presentar no es saturar las mentes de la audiencia con datos. 

 

En colaboración con QAH| El Arte de Presentar

Imagen| El Arte de Presentar

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