Historia 


1945: Operation Unthinkable, hacia la Tercera Guerra Mundial (I)

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, a medida que se aproximaba el final del conflicto en Europa, ingleses y norteamericanos tomaban cada vez más conciencia de que la aniquilación del Tercer Reich y su imperio de mil años no haría sino dar paso al tercer acto de un conflicto europeo que realmente había comenzado en 1914. Cómo tantas otras veces en la Historia, la guerra tan solo servía para sustituir viejas amenazas por otras nuevas, y un nuevo escenario se perfilaba para Europa Occidental. De entre todos los contendientes, había uno que se encontraba en clara posición de ventaja: Se trataba de Joseph Stalin, líder soviético, quien al frente de una descomunal maquinaria de guerra moderna y disciplinada, además de curtida en una guerra espantosa, se preparaba para engullir una agotada Europa de postguerra.

Stalin en 1940

La desconfianza de los aliados hacia la URSS ya venía desde principio de los años treinta, donde un habil Stalin supo sacar todo el provecho posible a la delicada situación europea antes y durante la Segunda Guerra Mundial, no dudando para ello en aliarse con quien hiciera falta o romper acuerdos unilateralmente cuando la ocasión así lo requería. Por supuesto no iba a cambiar de actitud tras la guerra. Se encontraba preparado para asumir el vacío de poder que se iba a producir en centroeuropa, y el resto de los aliados no podrían hacer nada, salvo medirse con su fabuloso ejército.

Esta certeza propició que el resto los aliados en Europa, fundamentalmente el Reino Unido, estudiaran diversas vías alternativas a las puertas de la finalización oficial de la guerra con Alemania. Una de ellas presentaba un escenario de guerra postguerra, valga la redundancia, perfectamente trazado, que hubiese permitido a británicos y estadounidenses tomar la iniciativa, pero que probablemente hubiese sumido a Europa en el escenario de la Tercera Guerra Mundial…¿O la continuación de la primera?

La situación del Reino Unido en las postrimerías del conflicto la retrató magistralmente Winston Churchill en la Conferencia de Yalta, donde comentaría: “Por un lado el gran oso ruso, por otro el gran elefante americano, y entre ellos el pobre burro británico“. Lo cierto es que los británicos se encontraban muy debilitados por años de guerra total, y particularmente el primer ministro estaba ostensiblemente alarmado ante la perspectiva de un continente dominado por los soviéticos. Churchill, de acuerdo a la tesis de Sebastian Haffner, probablemente tenía la convicción de que estaba perdiendo en la mesa de negociaciones lo que había ganado en el campo de batalla durante cinco agotadores años de guerra, cinco años de sudor, sangre y lágrimas, cómo el mismo describió.

Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iósif Stalin en Yalta, febrero de 1945. En esta conferencia se empezó a fraguar el principio del fin del Imperio Bitánico

Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iósif Stalin en Yalta, febrero de 1945. En esta conferencia se empezó a fraguar el fin del Imperio Bitánico

Por tanto, la pérdida de Polonia a manos de los soviéticos, la situación en Austria, camino del mismo destino ante la intransigencia de Stalin, que estaba repitiendo magistralmente la jugada, y la pasividad de los norteamericanos, más proclives a atender sus propios escenarios bélicos, convencieron al premier británico de la necesidad de elaborar un plan de acción. Al fin y al cabo el asunto de Polonia había llevado a Francia y Reino Unido a la guerra con Alemania, un largo y penoso conflicto que finalmente no había servido tan siquiera para que un debilitado Imperio Británico cumpliera sus compromisos diplomáticos en el continente, cediendo constantemente posiciones ante la sorprendente pasividad de un Roosvelet en el final de sus días.

Así, en mayo de 1945, el primer ministro británico encargó al Comité de Jefes del Estado Mayor que preparase un plan para neutralizar a Stalin mediante el uso de la fuerza militar, una herramienta contundente que permitiese “imponer a Rusia la voluntad de los Estados Unidos y del Imperio Británico”.

A pesar del escepticismo de los generales británicos, conscientes de la debilidad de las fuerzas anglo-estadounidenses estacionadas en Europa frente a sus contrapartes soviéticos, elaboraron un minucioso plan de ataque con el acertado nombre de Operation Unthinkable (Operación Impensable)

 

Vía| OPERACIÓN «IMPENSABLE», Jonathan Walker

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Imágenes| WikimediaWikimedia

En QAH| Especial Segunda Guerra Mundial

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