Jurídico 


La discutible vinculación entre lo anunciado y lo interpuesto en el recurso de casación

De todos es conocido el fundamental rol que el Gabinete Técnico del Tribunal Supremo ocupa en todo aquello relacionado con el establecimiento de los criterios, pautas y reglas que delimitan el acceso a la vía casacional, más allá de lo explícitamente contemplado para ese menester en las diferentes normas rituarias. Por lo que respecta en particular al orden contencioso-administrativo, resultaría inabarcable pretender recoger aquí y ahora el acervo interpretativo que a lo largo de los últimos veinte años se ha ido destilando por parte del citado Gabinete de la Sala Tercera. Quizá, como botón de muestra, pudiera invocarse aquí el célebre y trascendental Auto dictado por su Sección Primera, en fecha 10 de febrero de 2011, que resolviendo el recurso de casación nº 2927/2010, fijó de manera exhaustiva, razonada y más tarde densamente consolidada los presupuestos que deben concurrir en el escrito de preparación del recurso de casación para que éste goce de prosperabilidad, subrayando que es carga del recurrente indicar ya en la fase de preparación el concreto o concretos motivos en que se fundará el recurso, con indicación de los concretos preceptos o jurisprudencia que se reputan infringidos o del contenido de las infracciones normativas o jurisprudenciales que se pretendan denunciar y desarrollar en el escrito de interposición del recurso de casación, aunque fuere de forma sucinta. Si así no se exigiera, es decir, si se estimara innecesario anticipar el motivo o motivos al que se acogerá el escrito de interposición, en los términos expresados, el trámite de preparación quedaría privado de su sentido y finalidad característicos, desde el momento que el Tribunal a quo quedaría desprovisto de elementos de juicio para verificar que el recurso de casación cumple el más primario requisito de procedibilidad, cual es que se funda formalmente en uno de esos cuatro motivos, con indicación de las infracciones normativas o jurisprudenciales denunciadas, y no en otro tipo de consideraciones ajenas al sistema de la Ley procesal; por añadidura, la parte recurrida carecería de la información necesaria al respecto para adoptar la posición procesal que estimara pertinente. Nótese además que esta exigencia de expresión de las concretas infracciones normativas o jurisprudenciales en el escrito de preparación existe tanto cuando la resolución impugnada procede de los Tribunales Superiores de Justicia como de la Audiencia Nacional y cualquiera que sea el motivo del artículo 88.1 de la Ley Jurisdiccional que se utilice.

Al hilo de esta importantísima y clarificadora resolución, resulta incontrovertible la obligación del quejoso de indicar en la fase de preparación el concreto o concretos motivos en que se fundará el recurso, así como el deber de anunciar los específicos preceptos o jurisprudencia que se reputan infringidos o el contenido de las infracciones normativas o jurisprudenciales que se pretendan denunciar y desarrollar en el escrito de interposición, ¿pero que ocurre si el recurrente, cumpliendo escrupulosamente esa obligación en fase preparatoria, después, en el ulterior escrito de interposición, no desarrolla alguna o algunas de las infracciones denunciadas en la preparación? ¿debe considerarse el recurso interpuesto defectuosamente? ¿es admisible un recurso cuyo contenido  preparatorio no es luego desarrollado en la interposición? ¿es un presupuesto procesal  insoslayable la cohonestación de las infracciones anunciadas con las que serán desarrolladas en la fase interpositiva?

La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo, en concreto, su Sección Segunda ha tenido la ocasión recientemente de resolver estos interrogantes como consecuencia de la oposición manifestada por el recurrido en un recurso ordinario de casación, quien interesó su inadmisión, entre otros motivos, por no desarrollar el recurrente la queja de incongruencia que, al amparo del artículo 88.1.c) de la Ley 29/1998, había anunciado en el escrito de preparación. Es decir, el recurrente había preparado adecuadamente el recurso, citando los motivos casacionales e indicando las infracciones normativas o jurisprudenciales que pretendía denunciar, pero a la hora de interponer el recurso, en el correspondiente escrito no desarrolló la queja de incongruencia anunciada al amparo del artículo 88.1.c de la Ley Jurisdiccional. Como indicábamos más arriba, en una reciente Sentencia de 1 de diciembre de 2014, la Sala Tercera rechaza la inadmisión interesada por la parte recurrida en su escrito de oposición, al considerar que «la circunstancia de que al tiempo de formalizar el recurso en el escrito de interposición se abandone alguno de los motivos anunciado en el de preparación ninguna incidencia puede tener en su procedibilidad, pues tan sólo significa que el recurrente hace dejación del mismo para concentrar su defensa en otros, también ya anunciados, sobre los que habrá de pronunciarse la sentencia resolutoria del recurs

Por lo tanto, adviértase como, si bien se impone al recurrente en casación indicar en la fase de preparación el concreto o los concretos motivos en que se fundará el recurso,  esta carga u obligación no implica en modo alguno que resulte compelido después a sustentar su impugnación en todos y cada uno de ellos, so pena de hacerla inadmisible. Y es que si se estima que el recurso fue adecuadamente preparado, la Sala únicamente puede inadmitir el mismo por algunas de las causas contempladas en el artículo 93.2 de la Ley 29/1998, entre las que no se encuentra, desde luego, la ausencia en el desarrollo de infracciones oportunamente anunciadas en la preparación. El refranero español no puede ser, este sentido, más cabal: más vale anunciar que desarrollar.

Vía |Raúl C. Cancio Fernández

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