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¿Libertad de testar?

La libertad de testar se desenvuelve en los preceptos de nuestro Código Civil decimonónico

En el quehacer diario de nuestros despachos, no es raro el caso del matrimonio, ya de cierta edad que, ante la pretensión de otorgar testamento, e informados del sistema de legítimas de nuestro Código Civil, se llevan una buena desilusión, al no poder  plasmar en aquel documento, que tanto valoran, sus verdaderas pretensiones. No aciertan a comprender como les está vedada la posibilidad de disponer de lo poco o mucho que han conseguido con esfuerzos y sacrificios a lo largo de su vida, a favor del sobreviviente o a favor de alguno de los hijos o descendientes o, incluso, de un extraño a la familia.

La casuística es muy variada. Matrimonio sin hijos, viviendo algún ascendiente de los cónyuges; matrimonio con varios hijos, sin que ninguno de ellos les preste la más mínima atención; matrimonio con varios hijos, de los cuales sólo uno “les hace caso y atiende”… Denominador común en todos ellos es el rígido sistema de legítimas del Código Civil, recogido en los artículos 806 y siguientes. En el primer caso reseñado, tropezamos con lo que dispone el artículo 809 pues, al concurrir el cónyuge viudo con los ascendientes del premuerto, a éstos les corresponde en concepto de legítima un tercio de la herencia. En los otros dos, tropezamos con lo dispuesto en el artículo 808, al disponer que constituye la legítima de los hijos y descendientes dos terceras partes del haber hereditario, si bien en su párrafo segundo, permite disponer de uno de los dos tercios a favor de hijos o descendientes, es decir, el tercio de mejora.

Justo es reconocer que se han producido algunas modificaciones en nuestro Código Civil, tendentes a moderar la rigidez del sistema de legítimas, tales como los artículos 808, párrafo tercero, 1.056 y 841 y, en cierta manera, el artículo 831. Cuestión distinta es lo que disponen sobre la materia las Legislaciones de algunas Comunidades Autónomas, tributarias de las antiguas Compilaciones Forales, siendo la máxima expresión en lo que se refiere a la libertad de testar  Aragón y Navarra y el caso del Fuero de Ayala.

Son variados los argumentos que se han esgrimido para defender el sistema de legítimas y para defender el de libertad de testar. A favor de las legítimas se invocaron criterios de unidad familiar, igualdad de todos los hijos, participación de todos ellos en la obtención de la riqueza y patrimonio familiar y otros. A favor de la libertad de testar, se invocaron criterios tales como que, si en vida una persona puede disponer de sus propiedades sin limitación, no se entiende como no lo puede hacer para después del fallecimiento, que la libertad de testar supone, por decirlo algún modo, un refuerzo de la autoridad de los padres sobre los hijos, de suerte que éstos procuren no desatender sus obligaciones para con sus progenitores, criterios políticos, al ser la libertad uno de los derechos fundamentales de la persona y otros.

Planteada la cuestión, se impone tomar partido por una u otra opción. Con estas escasas líneas, espero dejar al lector materia para que se decante por una u otra. En lo que al que al autor de las mismas se refiere, creo formar parte de una corriente mayoritaria en nuestra profesión, que ya tuvo ocasión de expresarse en algún seminario, partidaria de la libertad de testar. Por lo menos, libertad de disponer libremente por testamento a favor de algún hijo o descendiente, si bien podría plantearse la libertad absoluta de testar, incluso, a favor de personas extrañas a la familia.

Nuestro Código Civil nació a finales del siglo XIX . En aquellos tiempos la sociedad y, especialmente, la familia, tenían una estructura muy diferente a la de ahora. Había más vínculos familiares, padres e hijos vivían en una misma casa, todos contribuían al acervo familiar. En cambio, en los tiempos actuales, tarde o temprano, los padres se quedan solos o, como mucho, con algún hijo. Con esto no quiero decir que se produzca un desapego afectivo, pero es evidente que el ambiente actual no contribuye para nada al mantenimiento de esa “unidad familiar”. Es por eso que se impone reforzar las facultades dispositivas de los testadores, en orden a poder dar debido cumplimiento a sus verdaderos e íntimos deseos, que no son otros que dar justa y legítima retribución a quienes verdaderamente les han prestado ayuda, atenciones y cuidados, sobre todo, en la última fase de su vida.

Fernando Ovies Escrito por el oct 18 2011. Archivado bajo Derecho Privado, Jurídico, QAH Profesionales.





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Fernando Ovies Pérez

Fernando Ovies

- Notario de Avilés, Asturias.

- Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto.

 

 

 

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